Inicio Artículos Más allá de las circunstancias

Más allá de las circunstancias

1030
0
Compartir

«Así será mi palabra que sale de mi boca,
no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo,
y logrado el propósito para el cual la envié.»
(Isaías 55:11)

Una de las cosas que más me divierte es armar rompecabezas de más de 1,500 piezas. Me encanta el reto de poder armar la hermosa imagen de la caja de cartón al prestar atención a los detalles pieza por pieza. Hace unos meses mientras buscaba un nuevo rompecabezas para armar, encontré uno de un lugar en Italia que parecía de ensueño: flores de diferentes tonalidades de rosa, calles de ladrillo y piedra en tonos otoñales, el mar y su maravillosa vista de azules… ¡Una verdadera belleza! Pero mientras más contemplaba la imagen, más pensaba en lo difícil que iba a ser para mí lograr armarlo con tantas piezas que cambian solo un poquito su color.

Así nos pasa con la vida. Tenemos “un rompecabezas” por armar, pero Dios solo nos da las piezas necesarias para “armar” cada día, siendo el mayor problema para nosotras que ¡no conocemos la imagen completa! Esto nos frustra, nos atemoriza y paraliza. Todas lo hemos vivido recientemente debido a la pandemia. Familiares enfermos, situaciones económicas, pérdida de empleo, situaciones de salud personales… ¡Son demasiados detalles que no podemos controlar! Pero ¿será posible ver estas circunstancias con una perspectiva diferente? ¿Será que podemos encontrar una manera de seguir adelante aunque no conozcamos toda la historia? Personalmente puedo decirte fielmente que sí, pero… ¡no puedes hacerlo sola! Necesitas un cambio en tu mente y tu corazón.

Cuando Dios me ha dicho «haz esto» y le respondo con un rotundo «no», estoy pecando con la desobediencia, aunque mi motivación haya sido temor y no rebelión. A diferencia de un maravilloso ejemplo que encontramos en la Biblia, nosotras tenemos la tendencia a luchar con el temor, lo que nos lleva a una parálisis que, en la mayoría de los casos se vuelve eterna. Pero Dios no se equivocó al dejarnos en Su Palabra el ejemplo de la reina Ester.

Ester fue una joven judía que estaba viviendo en Persia cuando su vida da un cambio radical al ser escogida como la nueva reina (Ester 2).  Y no se queda ahí, en medio de este cambio, su tío  Mardoqueo la pone al tanto sobre el plan macabro de Amán  para aniquilar a su pueblo, el pueblo de Dios, y la manda a interceder ante el rey Asuero (Ester 3-4:1-11). Prácticamente la confronta y la obliga a hacerlo  dada la gravedad de la situación(Ester 4: 12-14).  ¡Y qué hermoso ejemplo nos da esta mujer!  Pone manos a la obra y luego de oír el mensaje  su tío Mardoqueo, en obediencia  elabora un plan (Ester 4:15-17). Ayuna y ora y busca a otros para hacer lo mismo. Lo más hermoso… en fe, ¡ella actúa! Hace un movimiento audaz y pide ver al rey Asuero, el mismo que al ser engañado por el conspirador Amán, le había concedido total libertad para que continuara con su  propósito  en contra de su pueblo.  Ella halla gracia ante  su esposo,  con valentía le revela  el ccomplot orquestado por Amán; el enemigo es ajusticiado y el pueblo es liberado de la muerte (Ester 5-7).

Viéndonos en el espejo de Ester, ¡somos totalmente opuestas! Tenemos situaciones menos complicadas que las de Ester, y sin embargo creamos mil excusas, nos sentimos incapaces, innecesarias y hasta pensamos en muchas otras personas que pueden hacerse cargo. Incluso, nos detenemos esperando una señal que nos revele y confirme que ese es en verdad el plan de Dios. Otra gran diferencia, es que nos escudamos en esas excusas y ni siquiera pedimos un sabio consejo. Todo porque ponemos la mirada en las dos piezas que tenemos y nos olvidamos de que Dios creó y diseñó la imagen completa.

Me encanta esta frase de Piper: “Dios siempre está haciendo 10,000 cosas en tu vida, y puedes estar al tanto de tres de ellas”.

Me gusta esta frase porque nos lleva a recordar quién verdaderamente está en control de todo lo que ocurre y por eso lo que necesitamos es ver la vida con los lentes de Dios y evaluar todo lo que sucede aquí en la Tierra a la luz de la eternidad.

La manera en que vemos la vida de este lado del sol es complicada, difícil e imposible, pero eso se da porque solo estamos viendo una o dos piezas del rompecabezas. Lo que nos lleva a concluir que tenemos toda la información que necesitamos y que entendemos la mente de Dios y hasta llegamos a pensar que se olvidó de nosotras… ¡Todo esto basado en nuestra pequeña perspectiva! ¿Parece absurdo, no? Lo glorioso es que la mente de Dios es tan infinita,  que no podremos nunca entenderla.

¿Cómo puedo ver más allá de mis circunstancias?

Lograr ver las cosas “por encima del sol” es literalmente tener la perspectiva que Dios tiene de la vida. En Su misericordia y amor, El Señor nos dejó una vista de cómo esa vida luce y solo podemos verla a través de los lentes de la Palabra, y con ellos puestos es que podemos ver las circunstancias que ocurren día a día a la luz de la Biblia. Para lograrlo necesitas  vivir Romanos 12:2: “Y no se adapten a este mundo[a], sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto”.

Renovar nuestra mente: esta es la única manera en la que podemos mantener los lentes que necesitamos para ver por encima del Sol. Lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra de cómo es esa vida está en las Escrituras y debemos anclarnos en ella día a día,  para que esos lentes hagan su efecto permanente.

No adaptarnos a este mundo: La principal razón por la que se nos hace tan difícil tener esta perspectiva eterna de la vida, es porque se nos olvida ponernos esos lentes y comenzamos a ver a través del lente del mundo que trastorna todo. Ahí es que comenzamos a ver las imperfecciones, a crear expectativas irreales y a tener deseos insatisfechos que generan ingratitud y desánimo. ¡Necesitamos más de la Palabra!

Rendir cuentas/pedir y seguir consejo: Algo que me encanta de la historia de Ester, es que oyó el consejo  de  alguien maduro y leal, y lo siguió. Le rindió cuentas a su tío y estas acciones la llevaron a salvar a su pueblo de la destruccción. Creo que es una práctica que debemos cultivar diariamente porque nuestros lentes se pueden empañar o ensuciar, pero tener siempre a alguien con sus lentes limpios, nos ayudará a continuar caminando con la vida que nos espera en gloria en la mente.

Que nuestra perspectiva sea vista por encima del sol, que estemos siempre ancladas en La Palabra que cumple Su propósito en nosotras. Solo así podremos vivir una vida abundante en Cristo, aún en medio de las dificultades.