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Lecciones de vida aprendidas en el año 2020

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Verdaderamente el 2020 fue un año muy especial, Dios en Su soberanía y sabiduría perfecta permitió una pandemia que nos obligó a reducir la marcha y meditar en lo que realmente importa, pero lo cierto es que ya muchas cosas parecen estar volviendo a la normalidad o estamos entrando a una fase de acostumbrarnos a vivir con esto, y pudiéramos muy fácilmente olvidar lo aprendido.

En este sentido considero valioso meditar en algunas de las lecciones de vida que Dios me permitió aprender en este pasado año donde tuvimos que vivir con la pandemia del Coronavirus.  Espero que Dios te permita hacer este ejercicio de reflexionar constantemente en las cosas que pasan en tu vida, porque la realidad es que somos tan propensos a olvidar, como por ejemplo como una madre olvida muy rápido los malestares del embarazo y el parto, al tener en sus brazos a su bebé, así al pasar por los tiempos difíciles podemos olvidar bien rápido y los años pasan, pero nuestras vidas no crecen y esto debido a que no nos tomamos el tiempo de meditar en Dios, discerniendo los tiempos y evaluando nuestras vidas.

Veamos juntas estas 5 lecciones:

1) La correcta motivación para servir y obedecer a Dios viene al contemplarle y apreciar el tremendo amor de Dios y su obra a mi favor. La obediencia a Dios es algo que debe salir natural de un corazón que está apasionado por Dios, y es allí donde sus mandamientos no serán gravosos. Ningún sacrificio será grande, porque la pasión que sentimos por Dios nos consume de tal manera que ya no le obedeceremos porque es lo que me dicen que debo hacer o para que no me vaya mal, sino porque le amo, y me deleita hacer su voluntad. Así que, algo que estoy practicando en medio de mis días, es hacer altos para contemplar a Dios y saborear su amor, y esto me lleva a querer estar con Él y a obedecerle. El contemplarle me lleva a una obediencia deleitosa.

2) No puedo poner mi corazón y amor en este mundo, porque es pasajero, debo tener mis ojos puestos en la eternidad y buscar su reino. La vida es frágil e incierta, nuestros días son como un vapor o neblina.

“¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma.”
(Santiago 4:14)

Cuantos planes teníamos de viajes, celebraciones, conferencias, actividades, y Dios decidió que se suspendiera todo, cuantas veces pensamos que estamos al control, cuando no depende de nosotros ni un solo segundo de nuestro día.

Por lo cual, siendo esta vida tan incierta y pasajera, no vale la pena poner todas nuestras fuerzas en el aquí y ahora, he pedido que mis ojos sean sellados en la eternidad.

“No es tonto el que entrega lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder.”
Jim Elliot

3) Dios es quien soberanamente permite todo lo que ocurre en nuestras vidas y alrededor, nadie se enferma sin que Dios lo permita, esto no significa que no tengamos que cuidarnos, pero podemos vivir en paz, sabiendo que Dios gobierna y no ningún virus.

Y es que, al final, Dios es quien determina quien enferma y quien no, quien muere y quien no, Dios es quien tiene la última palabra y no ningún virus.

4) Es mucho más fácil ser amable con las personas afuera de mi casa, que con los que me toca convivir a diario.

Siempre la gente me dice que soy súper amable y dulce, pero este tiempo prolongado en casa con mi familia, me hizo ver que la verdadera amabilidad se demuestra con aquellos con los cuales nos toca compartir a diario en las cuatro paredes de nuestro hogar. En muchas ocasiones, no se me hace tan fácil ser amable con los de mi casa, como lo soy para con los de afuera. Por lo cual, me propuse ser intencional en ser amable y dulce con los que viven en casa.

5) Hay tiempo para hacer lo que verdaderamente nos interesa.

Al estar en cuarentena y muchas actividades ser canceladas, tuvimos más tiempo libre que lo habitual. Tiempo suficiente para hacer las cosas que atesoramos, y es que siempre hay tiempo para hacer lo que nos gusta. El evaluar en que usamos nuestro tiempo libre revela donde en verdad está nuestro tesoro. Que pueda Dios ser tan valioso y digno para estar dispuestos a ver todo lo demás como basura, en vista del incomparable tesoro de tener a Cristo (Filipenses 3:8).

Y tú, ¿qué aprendizaje sacaste del 2020? Que Dios nos haya regalado la oportunidad de salir diferentes. El salir iguales de un tiempo como este sería una gran tragedia.

Este artículo es material producido y creado por el equipo del ministerio de mujeres de la Iglesia Bautista Internacional, Ministerio Ezer.

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Angélica Rivera de Peña es diaconisa en la Iglesia Bautista Internacional, República Dominicana, es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y tiene un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary, a través del programa Seminary Wives Institute, está casada con el pastor Joel Peña, encargado del ministerio de Vida Joven de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde Angélica sirve junto a él. Tienen dos hijos, Samuel y Abigail.