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La influencia de las madres piadosas 

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¨La mano que mece la cuna es la mano que domina al mundo¨ es una frase muy conocida del famoso poema escrito por Ross Wallace en 1865, titulado «La mano que mece la cuna». En este poema, el autor destaca la importancia del papel de la madre en el desarrollo del carácter de sus hijos. Aunque esta cita se ha utilizado de forma simbólica en áreas como la política y social, dándole por ejemplo al Estado el papel de madre, su significado original esta aplicado a la maternidad y niñez. 

Dios estableció la maternidad como una forma de compartir Su poder, Su influencia y la forma de transmitir Su mensaje a través del tiempo. Tal como vemos que lo hace la naturaleza según el Salmo 19: 1-3: 

1 “Los cielos proclaman la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de Sus manos. 2 Un día transmite el mensaje al otro día, Y una noche a la otra noche revela sabiduría. 3 No hay mensaje, no hay palabras; No se oye su voz”. 

Aunque en la naturaleza no hay palabras audibles, en la maternidad las palabras son fundamentales. Si bien es cierto que bíblicamente es sobre el padre que recae la responsabilidad de liderar el hogar, la madre puede y tiene una influencia poderosa sobre sus hijos. A ella se le ha concedido llegar al corazón de ellos de una forma más directa y emocional. Por esto vemos que madres solteras o con esposos poco comprometidos con los hijos, esposos ausentes de forma espiritual y/o emocionalmente hablando, han tenido gran influencia piadosa en sus hijos. Podríamos citar algunas de ellas: 

Mónica: Fue la madre del famoso teólogo, Agustín de Hipona. Su esposo era un inconverso violento. Sin embargo, ella era una cristiana fiel, quien se mantuvo orando por su hijo, enseñándole y predicándole por años.  

Elizabeth: Fue la madre de John Newton, el autor del himno «Sublime Gracia». Ella solo pudo ejercer su maternidad por poco tiempo. Murió cuando su hijo tenía tan solo 7 años, dejándolo bajo la tutela de un padre secular. Pero durante ese corto período, lo enseñó a memorizar las Escrituras e himnos, y lo instruyó en la fe. Esas lecciones tempranas quedaron grabadas como semillas que Dios uso muchos años más tarde para salvarlo.  

Eliza: Fue la madre de Charles Spurgeon. Aunque ella sí estuvo casada con un hombre cristiano, pastor de una iglesia y líder en su hogar; su hijo quien también sería pastor y predicador, constantemente se refería a la influencia espiritual que ejerció su madre sobre él.  

Podríamos seguir citando otras madres de gran influencia sobre líderes en la historia de la iglesia como Susana Wesley y otras. Pero quisiera que fuéramos directo a las Escrituras donde encontramos una madre y una abuela que ejercieron un legado piadoso en uno de los lideres jóvenes de la iglesia primitiva. Me refiero a Loida y Eunice, abuela y madre de Timoteo, el discípulo de Pablo. En la segunda carta del apóstol dirigida a este joven pastor, quien él quería como a su propio hijo, él elogia la fe sincera de estas mujeres y el rol que tuvieron en la instrucción de Timoteo. Es de resaltar que no menciona su padre. Quien quizás ni siquiera era creyente. En Hechos 16, Pablo menciona que Timoteo era hijo de madre judía y padre griego. No sabemos si Eunice se casó en yugo desigual pero lo que sí sabemos es que al parecer el padre de Timoteo no era un líder espiritual para su hijo ni para su hogar. Sin embargo, Eunice, ayudada por su madre Loida, crio a Timoteo en la fe y lo hizo muy bien.  

Vemos que en 2 Timoteo 1:5 Pablo describe la fe de estas mujeres como ¨sinceras¨. Ellas no solo instruían a Timoteo en la fe cristiana, sino que ellas vivían esta fe. Los niños son como esponjas. Ellos están siempre absorbiendo y tomando notas mentales de lo que ven y escuchan. Estoy segura de que Timoteo las veía orar con fe, las veía obedecer a Dios aun cuando no fuera conveniente. Las veía sacrificarse por su Señor y todo esto le dio seguridad de que lo que ellas enseñaban era real para ellas. Por eso Pablo le dice en el 3:14, ¨persiste en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quien lo has aprendido¨. En otras palabras: “Lo aprendiste de mujeres confiables, sinceras, comprometidas con sus creencias, fieles. Estas mujeres no te mintieron, te dieron ejemplo y testimonio con sus vidas.”  

Por otro lado, el ejemplo y el testimonio por impactante e importante que sea no es el medio que Dios ha establecido para salvación. El medio que el Señor ha establecido es Su Palabra. El ejemplo solo no basta, necesitamos enseñar el evangelio, necesitamos instruirlos en la Palabra de Dios. La Palabra es el medio que Dios ha establecido para hacer ministerio, todo tipo de ministerio, incluyendo el ministerio de instruir los hijos en la fe. Es la Palabra que como dice 2 Timoteo 3:15 nos puede hacer sabios para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.  

No podemos dar lo que no tenemos. Para poder instruir nuestros hijos en la Palabra, necesitamos estar llenas de la Palabra. Necesitamos amarla, estudiarla, vivirla y compartirla con ellos. Necesitamos enseñar a nuestros hijos la Palabra de Dios, inculcarles amor por ella, pasión por ella. Pero si ese amor y pasión no está en nosotras primero, difícilmente podremos pasarlos a ellos. En un mundo de mentiras, nuestro mayor legado para nuestros hijos es la verdad eterna de Dios.  

Amadas hermanas, que el Señor nos conceda amor por Su Palabra, que nos conceda vivirla y caminar con Él para que podamos pasar ese amor y obediencia sincera a nuestros hijos. Que al final se pueda decir de nuestras manos al mecer la cuna y nuestros labios al educar a nuestros niños impactaron nuestra sociedad. Que Dios nos ayude.