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Gratitud en la adversidad

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Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
Santiago 1:2-4

Unos días atrás mi nieto me preguntó si yo podía decir cuál había sido el año más difícil de toda mi vida, y sonreí. La mayoría de las personas en esta época responderían inmediatamente que el 2020 por causa de la pandemia Covid19, incluyendo a un niño de solo 9 años. Puedo identificarme con esto, pero por mi edad pudiera citar muchos otros años difíciles, aun así, elegiría este mismo año 2020, aunque no por la misma razón, sino por un regalo envuelto en colores de aflicción y adversidad que llegó a nuestra familia en ese mismo año.

Al igual que cualquier tormenta, esta fue inesperada, veloz y errática, pero sin duda estaba siendo permitida y dirigida por nuestro Soberano Dios ya que tenía propósito para todos los que recibíamos el regalo.

Uno de nuestros hijos, gozando de buena salud, preparándose para servir a Dios y habiendo tomado decisiones para servir en Su reino, enfermó y algo que parecía sencillo se convirtió en una situación muy difícil de manejar. De repente la quietud de nuestras vidas se volvió caos y confusión viendo a un joven saludable y piadoso que atesoraba los sueños de Dios, listo para volar al lugar donde Dios quisiera llevarle, perder su vitalidad delante de nuestros ojos, sin respuestas ni diagnóstico que pudiera hacer eficaz cualquier tratamiento médico. Se apilaban las malas noticias, la confusión y sobre todo la impaciencia que crecía al no ver los resultados esperados al ir probando un tratamiento tras otro.

Muchas posibles actitudes surgen en medio del fuego de las pruebas en la vida del ser humano y los cristianos no estamos exentos de ellas: desaliento, queja, y autocompasión por mencionar algunas. Y en estos versículos encontramos a Santiago exhortándonos a tener una actitud de gozo y no de derrota en medio de las pruebas porque hay propósito para nuestras vidas que serán logrados a través de ellas. Las pruebas no vienen para destruir sino para construir, edificar y facilitar el desarrollo del carácter cristiano. Son nuestras aliadas para lograr el propósito de Dios, la semejanza a Cristo.

Cuando pienso en las pruebas con propósito que llegan a nuestras vidas pienso en la plantación del fruto del mango. Es interesante que luego de la cosecha del mango viene la poda. Se corta toda rama que sobresalga demasiado, eliminando las ramas que no han dado fruto manteniendo así el tamaño adecuado del árbol. Se quita el sobrante de la rama que sostenía el fruto para que en la próxima temporada no rasguñe el nuevo. Esa poda permitirá renuevos de los que saldrán las flores que a su vez permitirán cuajar la fruta. Además, para que las flores se produzcan se priva al árbol del agua produciendo una sequía intencional para que miles de flores se materialicen. Entonces llega el tiempo de los fuertes vientos llevándose todas las flores que solo tienen apariencia y no son fuertes para parir el fruto que habrá de cuajar. ¿Te das cuenta? Todo ese proceso para lograr el objetivo: frutos saludables, perfectos y que no sean desechados en el control de calidad. Es necesario producir dolor (poda), sed (sequía), y limpieza (fuertes vientos). Y este proceso se da de manera continua. De igual manera pasa con nosotras. 

Todos los hijos de Dios nos encontraremos en algún momento en medio de pruebas, donde será probada nuestra fe, sometida a los fuegos de las enfermedades, el dolor, las pérdidas, y las persecuciones. Leemos en 1 Pedro 1:7 en la versión NTV, y este versículo se explica por sí solo, con relación a la prueba de nuestra fe, “estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.” ¡Esto me mueve a gratitud! Santiago nos asegura que esto produce paciencia y el resultado de la paciencia es madurez.

Me gustaría decirte que nunca durante este tiempo sentimos temor y ansiedad, pero no fue así. Pero sí que en medio de este difícil e incierto tiempo que vivíamos, tenía sobrados motivos para agradecer a Dios. Quiero compartir contigo algunos.

  1. Su presencia, casi palpable en medio de nosotros, nos confortaba, nos consolaba, nos fortalecía y nos llenaba de esperanza y nos permitía experimentar gozo en medio de la prueba. Nos reenfocaba. Nuestro Buen Dios no nos dejará atravesar los valles de la aflicción solos, Él estará allí. El Salmo 16:11 dice “me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre”.
  2. El Todopoderoso Dios, el refinador estaba probando el metal precioso para ver si era genuino. Porque nos ama tanto que se ocupa de transformarnos. Sus ojos están sobre sus hijas. Como dice el Salmo 11:4, el Señor está en su santo templo. El Señor aún gobierna desde el cielo. Observa de cerca a cada uno y examina a cada persona sobre la tierra. No se ha ido a sentar en su trono y se ha olvidado de nosotras, por el contrario, tal como dice Hebreos 4:15, “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.”
  3. Mi boca se llenaba de alabanzas y mis pensamientos de Su Palabra encontrando camino a mi corazón quebrantado y no permitía que desfalleciera.  Es tan importante desarrollar una relación personal y diaria con nuestro amado Señor y Salvador, conocerle por lo que Él es, sus atributos y su carácter. Cuán importante es que la Palabra llene nuestras mentes y corazón porque en el día malo será medicina y sustento. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” (Colosenses 3:16)
  1. Porque ha dispuesto una familia espiritual para sostenernos, alentarnos y amarnos. Un hermoso relato encontramos en Éxodo 17:11-13:Mientras Moisés sostenía en alto la vara en su mano, los israelitas vencían; pero, cuando él bajaba la mano, dominaban los amalecitas. Pronto se le cansaron tanto los brazos que ya no podía sostenerlos en alto. Así que Aarón y Hur le pusieron una piedra a Moisés para que se sentara. Luego se pararon a cada lado de Moisés y le sostuvieron las manos en alto. Así sus manos se mantuvieron firmes hasta la puesta del sol. Como resultado, Josué aplastó al ejército de Amalec en la batalla. ¡Oh, benditas hermanas que levantaban sus manos cuando no podía alzar las mías!

Cuando conocemos a Aquel que ama nuestra alma la gratitud en medio de la adversidad y de la prueba brota de nuestras vidas, no por la seguridad de que esto pasará sino porque entendemos que estamos en las manos del Alfarero y que Él hará aquello por lo que es enviada la adversidad a nuestras vidas (Isaías 55:11).

Crecemos en fe y esperanza. Las evidencias del fruto del Espíritu Santo se agudizan, Su fortaleza se acrecienta en la debilidad y Su carácter se vislumbra en nuestras vidas.

Pero amadas no podemos esperar que llegue la prueba, debemos estar listas para recibirlas.

¡Que Dios nos ayude a poder ver en medio de las pruebas el Bien mayor!

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Hija de Dios por Su gracia y misericordia inmerecida por casi 25 años. Casada con Justo Mirabal Díaz. Mamá de 3 y abuela de 5. Egresada del Instituto Integridad & Sabiduría. Miembro de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde sirve en el Cuerpo de consejeros, en el equipo del Ministerio Discipulado Matrimonial y en el Ministerio de Mujeres Ezer