Miguel Núñez • 9 enero, 2014
La santificación no es un evento sino un proceso visible, medible y progresivo que otros pueden observar en nosotros. Pablo instruye a Timoteo a entregarse de lleno a los asuntos de la fe precisamente para que todos puedan ver su progreso — no para convertirlo en un ídolo, sino para que ese avance estimule a otros a crecer también. Kevin DeYoung lo expresa con claridad: cuando se trata de santificación, es más importante hacia dónde vas que dónde estás. La dirección importa más que la posición. Esto ofrece consuelo a quienes tropiezan como Pedro, porque Dios no buscaba hacerlo sufrir sino que tomara la dirección correcta. El progreso es lento — debe medirse en meses o años, no cada veinticuatro horas — y tiene altas y bajas, como alguien que sube una escalera mientras lanza un yo-yo.
El arrepentimiento, entonces, debe convertirse en una forma de vida tan rutinaria como respirar. Pablo, veinticinco años después de su conversión, confesaba en Romanos 7 que hacía lo que no quería hacer y dejaba de hacer lo que deseaba. Esta dualidad no es hipocresía sino la realidad de vivir con una naturaleza regenerada en un cuerpo que aún no lo está. El pastor Núñez advierte que quienes más buscan la santidad pueden volverse susceptibles al orgullo y al juicio hacia otros, e incluso es posible buscar la santidad con humildad, alcanzarla y luego enorgullecerse de haberla alcanzado. La solución es siempre la misma: volver a Dios con corazón contrito, entendiendo que cuando nos volvemos a Él, Él se vuelve a nosotros. El proceso consiste en millones de pequeñas cosas — evitar pequeñas maldades, pequeñas auto-negaciones — que van formando la imagen de Cristo en nosotros.
Según la clase, ¿por qué Pablo le dice a Timoteo que su progreso espiritual debe ser evidente a todos, y cuál es el propósito de esa visibilidad?
¿Qué diferencia establece la enseñanza entre el arrepentimiento que viene de Dios y el arrepentimiento que viene del mundo, y cómo se manifiesta cada uno?
El pastor menciona que el progreso espiritual no debe medirse cada veinticuatro horas sino en meses o años. Cuando piensas en el último año de tu vida, ¿puedes identificar un área específica donde Dios te ha hecho crecer, y otra donde reconoces que aún necesitas trabajar?
La clase advierte que es posible buscar la santidad con humildad y luego volverse orgulloso por haberla alcanzado. ¿Has notado en tu propia vida momentos en que tu crecimiento espiritual te ha llevado a medir o juzgar a otros por no estar donde tú estás?
Thomas Cranmer oraba reconociendo que "el peso de nuestras fechorías es intolerable" — una sensibilidad que hoy podría parecer excesiva o enfermiza. ¿Crees que nuestra generación ha perdido la capacidad de ver el pecado con esa claridad debido a la adaptación cultural, o esa intensidad representaba un extremo innecesario?