Integridad y Sabiduria

Jesús como salvador

Joan Veloz 19 febrero, 2018

El ser humano tiene una deuda que no puede pagar. Génesis 3 narra el momento en que Adán y Eva desobedecieron a Dios, y ese acto de rebelión trajo muerte espiritual y física sobre toda la humanidad. El problema no es simplemente que heredamos la culpa de Adán; el problema es que nosotros mismos pecamos cada día. La Escritura describe nuestra condición sin Cristo con palabras que no dejan espacio para el optimismo humano: estamos muertos en delitos y pecados, somos enemigos de Dios, esclavos del pecado, destituidos de su gloria. No estamos heridos ni simplemente alejados — estamos en la morgue. Y desde la morgue nadie puede buscar a Dios por sí mismo.

Por eso Dios tuvo que encarnarse. Porque Él es justo y no puede tomar por inocente al culpable, alguien debía pagar la deuda — pero ese alguien tenía que ser perfecto, sin pecado propio que saldar. Solo Jesús, Dios hecho hombre, podía cumplir la ley perfecta de Dios y cargar voluntariamente con la ira que merecíamos. Cuando Cristo dijo "consumado es" desde la cruz, el documento de deuda que estaba contra nosotros quedó cancelado y clavado en ese madero. La clase concluye con una pregunta incómoda pero necesaria: si hemos sido salvados de la condenación eterna, ¿nuestras vidas reflejan agradecimiento genuino y carga real por aquellos que aún no conocen a este Salvador?

  1. Según la enseñanza, ¿por qué la condición del ser humano sin Cristo se describe como "muerte" y no simplemente como separación o enfermedad espiritual? ¿Qué implicaciones tiene esta distinción?

  2. La clase menciona que Dios "no puede tomar por inocente al culpable". ¿Por qué esta característica de Dios hacía imposible que el ser humano fuera perdonado sin que alguien pagara la deuda del pecado?

  3. Cuando consideras que estabas espiritualmente muerto y que no podías buscar a Dios por ti mismo, ¿cómo cambia eso la forma en que evalúas tu conversión — como algo que tú lograste o como algo que Dios hizo por ti?

  4. La enseñanza plantea dos verdades que debemos recordar cada día: que somos pecadores y que Dios es soberano. ¿En qué situaciones concretas de tu semana típica tiendes a olvidar alguna de estas dos verdades, y qué efecto tiene ese olvido en tus decisiones?

  5. Si el conocer a Jesús como Salvador produce tanto agradecimiento como carga por los perdidos, ¿qué evidencias concretas de ambas cosas debería mostrar una comunidad de fe saludable, y qué obstáculos enfrentamos para que esas evidencias sean visibles?