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Confiar en Dios en medio de las tormentas de la vida

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Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.
En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo
(Juan 16:33)

Desde que el hombre pecó en Génesis 3, sobrevino la consecuencia de ese pecado. Dios castigó la desobediencia de Adán y Eva, y el resto de la historia ya la conocemos. El dolor y la aflicción en este mundo caído es tan real como lo es el aire que respiramos para poder vivir. 

La palabra de Dios nos muestra cómo sus hijos, su pueblo escogido, fueron afligidos de múltiples maneras. Sus vidas iban de tiempos de gozo a tiempos de tormentas, y era este último el método usado por Dios para glorificar Su Nombre en medio de ellos. Dios mostraba Su amor y cuidado sobre ellos permitiendo esas tormentas para que sus ojos fueran puestos en Él y no en el mundo vano y temporal que los envolvía fácilmente.

Nosotros, como hijos suyos, amados y escogidos por Él, antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4) no estamos exentos de, en algún momento de nuestras vidas, atravesar por en medio de una tormenta que ponga nuestras vidas, emociones y todo nuestro ser en una situación tan difícil, capaz de hacernos dudar hasta del amor y cuidado de Dios para con nosotros.

Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, fue siempre puntual, sincero, hablando la verdad en todo momento, y en los Evangelios encontramos este versículo de Juan 16:33: “Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad yo he vencido al mundo” 

Jesús sabía donde nos dejaría, Él conocía y conoce a profundidad el corazón del hombre. El sufrió a manos de hombres malvados y perversos, y en el contexto de ese versículo (Juan 16:33) en el inicio del capítulo 16 en el versículo dos les dice a sus discípulos que serían expulsados de las Sinagogas y que cualquiera que los matara pensaría que rinden servicio a Dios. Hasta ahora el panorama luce desolador, pero vemos una luz de esperanza cuando Jesús dice: “…pero confiad, yo he vencido al mundo”

La palabra confiar según la RAE quiere decir: (1) Encargar o poner al cuidado de alguien algún negocio u otra cosa. También significa: (2) Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de esa persona se tiene. Y, por último: (3) Esperar con firmeza y seguridad. 

Cuando examinamos esos significados de la palabra confiar vemos como resaltan algunos términos: Poner al cuidado de alguien, depositar en alguien con fe, conociendo bien a ese alguien y esperar firmes y seguros. Cuando Jesús nos dice en Juan 16:33, “pero confiad, yo he vencido al mundo” y nos entrega una de las herramientas más importantes para estar quietos y en paz en medio de una tormenta. Estas palabras son tan poderosas y reales que podemos descansar firmes y seguros, porque fueron dichas por aquel que venció al mundo.

Pero entonces, ¿Por qué muchas veces cuando estamos en medio de esas tormentas nos sentimos desfallecer, nos ahogamos y desesperamos hasta el punto de dudar de nuestro Salvador? Creo que es por falta de conocimiento de nuestro amado Señor y Salvador Jesús. Decimos que lo conocemos, pero en la práctica este conocimiento es solo intelectual y es que hemos abrazado con más pasión el conocer al mundo y su deleite temporal que conocerle a Él mediante Su Palabra y cultivar una relación cada vez mas intima con Él, en una dependencia constante y un caminar continuo a su lado, probando cada día la dulzura de sus enseñanzas y tomando de su carácter sereno y apacible que tanto necesitamos para enfrentar los embates de las tempestades que llegan sin previo aviso. Lo conocemos de oídas (Job 42:5) pero nuestros ojos no lo ven porque están tan enfocados en el aquí y en el ahora que es casi imposible cultivar una devoción hacia Él. 

Además de que no le conocemos íntimamente, tendemos a olvidar las tantas veces que hemos atravesado por esas tormentas y hemos sido sacadas de ellas, fortalecidas en nuestra fe. Entonces debemos ejercitar nuestras memorias para traer a ella el trato especial que Dios tuvo con nosotros en medio de esta aflicción. En el libro de Josué capítulo 4, cuando el pueblo de Israel atravesó el río Jordán, Dios le dijo a Josué que tomara 12 piedras (una por cada tribu) de en medio del río y las colocara en tierra firme después de haber cruzado y que cuando sus hijos preguntaran el significado de estas piedras les dijeran: “Que las aguas del Jordán fueron divididas delante del arca del pacto de Jehová; cuando ella pasó el Jordán, las aguas del Jordán se dividieron; y estas piedras servirán de monumento conmemorativo a los hijos de Israel para siempre” (Josué 4:17) y en el versículo 24 dice “Para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano de Jehová es poderosa; para que temáis a Jehová vuestro Dios todos los días’’.

En mi propia vida he tenido que recordar todas las veces que atravesando valles de aflicción fui sacada a tierra firme, y he puesto en un lugar muy especial de mi corazón esas piedras conmemorativas, para recordar la bondad de Dios y su mano poderosa sacándome de esas tormentas. Cada día me digo a mi misma: confía en Él, y como el salmista en el Salmo 11:1, “En Jehová he confiado, ¿cómo le dices a mi alma que escape al monte cual ave?” y el Salmo 56:11, “En Dios he confiado, no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?” 

Ninguna tormenta, por agitada y ruidosa que parezca es más grande y poderosa que Dios, y debemos ponerla en Sus manos; sabiendo y conociendo quien es El, ejercitando nuestra fe y confianza en su cuidado tierno y amoroso, recordando que: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque Él está conmigo; su vara y su cayado me infunden aliento” (Salmo 23:4) y que “los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre” 

“En el mundo tendremos aflicción, pero confiemos,
Cristo ha vencido al mundo”
(Juan 16:33)