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Tú necesitas crecer en conocimiento y entendimiento

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Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón Tú necesitas crecer en conocimiento y entendimiento basado en Hechos 18:18-28. Este sermón es el número 50 de la serie Hasta los confines de la tierra. En esta parte de la narración, el énfasis de Lucas está en algunos eventos relacionados a la vida discipular que tiene mucho que decirnos a nosotros hoy en día.

Poniendo el pasaje en contexto, comenzamos al final del segundo viaje misionero de Pablo (Hechos 18:18-28) y el inicio del tercer viaje misionero (Hechos 18:23-28). Pablo sale de Corinto para regresar a la iglesia de Antioquía, desde donde salió en cada uno de sus tres viajes misioneros. Tenía 4 años evangelizando en el mundo romano, lo cual habla de la pasión de este hombre por los perdidos: cuatro años viajando por territorios desconocidos, siendo perseguido, burlado y maltratado, y aún así, Pablo no pone fin a su carrera como misionero.

La semana pasada, vimos que Pablo pasó 18 meses en Corinto y ahora el texto de hoy nos dice que se despidió de los hermanos y sale del puerto de Cencrea, llevándose como compañeros de viaje a Priscila y a Aquila. Tan pronto llegó Pablo llegó a Éfeso, entró en la sinagoga y una vez más debatía con los judíos, tratando de explicar que Cristo era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento y que el Mesías profetizado no era otro que Jesús mismo (Hechos 18:19).  

En Éfeso, Pablo evidentemente encontró una buena acogida porque, según Hechos 18:20, le rogaron que se quedara más tiempo, pero no consintió. Pablo prefirió no quedarse muchos días en Éfeso y siguió su viaje de regreso a la iglesia de Antioquía. Entonces, al terminar el segundo viaje misionero, Pablo estaba listo para iniciar su tercer viaje (Hechos 18:23) con la intención de “fortalecer a todos los discípulos” a los cuales ya le había predicado. Esta acción nos deja ver el corazón pastoral de Pablo que plantó iglesias en Galacia y Frigia anteriormente y, sin embargo, seguía preocupado por la condición espiritual de los discípulos. Pablo entendía que, si bien es cierto que la salvación es el evento más importante en nuestras vidas, no es menos cierto que fuimos salvados para santificación—para hacernos conforme a la imagen de Cristo.

Todos somos discípulos y todos estamos involucrados en una batalla y en una carrera. Al final de sus días Pablo habló de que él había peleado la buena batalla y de que había terminado la carrera. Fruto de pelear y de correr, nosotros nos debilitamos en el camino y necesitamos ser fortalecidos. La vida nos distrae, las decepciones nos debilitan y muchas otras veces resultamos heridos en la batalla, lo cual aumenta nuestra debilidad. Si a eso le agregamos que muchos discípulos no consumen la palabra de Dios, entonces el hijo de Dios sufre de malnutrición espiritual lo cual lo debilita (1 Corintios 11:28-29).

Cuando Pablo salió de Corinto hacia Antioquía en su segundo viaje misionero, él paso por Éfeso. Ahí, él dejó a Priscila y Aquila y luego continuó su viaje. Esto es relevante porque mientras Pablo fortalecía a las iglesias en las regiones de Galacia y Frigia, en Éfeso ocurrió algo interesante (Hechos 18:24-26): se nos introduce a Apolos, un judío  elocuente, intelectual y apasionado. Apolos predicaba “con exactitud las cosas referentes a Jesús, aunque sólo conocía el bautismo de Juan.” Aquí volvemos a ver a Aquila y Priscila: ellos le escucharon y les llamó la atención lo dotado que este hombre había sido por Dios. Cuando Apolo hablaba su conocimiento y dominio de las Escrituras lo hacía oír como un hombre que hablaba con autoridad en la Palabra. A pesar de todo esto, Apolos también tenía que crecer en conocimiento y en entendimiento: “Pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios.” (Hechos 18:26) Apolos hablaba con denuedo, que podía convencer a las personas, pero tenía un conocimiento incompleto que podía terminar llevándolos por un camino equivocado.

Nota que Aquila y Priscila no corrigen a Apolos en público; sino que tuvieron la sensibilidad de hacerlo en privado. Eso habla de la madurez y sensibilidad de esa pareja. El problema de Apolos no era herejía o un conocimiento errado de las Escrituras; lo que Apolos conocía, lo conocía bien, pero le faltaba conocimiento porque solo conocía el bautismo de Juan. Juan llamaba a la gente a bautizarse luego de arrepentirse, pero solo representaba eso. Nuestro bautismo representa una identificación con la muerte y resurrección de Jesucristo después de haber recibido el Espíritu y haber nacido de nuevo.   

Evidentemente, Apolos recibió la corrección con humildad. Cuando tú lees las credenciales de Apolos, es fácil concluir que Aquila y Priscila estaban por debajo de su preparación y, sin embargo, es esta pareja que corrige a Apolos. Es fácil decir que eres enseñable; pero no es tan fácil cuando el otro quiere corregirte—ahí entra en acción nuestro ego y mecanismo de defensa. Apolos, aceptó la corrección (Hechos 18:27-28).

Apolos quiso visitar la región de Acaya, que comprendía toda Grecia. Atenas y Corinto pertenecían a esta provincia de Acaya. Cuando Apolos quiso pasar a esa región, los hermanos en Éfeso escribieron cartas de recomendación para él. Eso demuestra que Apolos siguió con una buena reputación lo cual lo llevó a ser uno de los nuevos maestros de la iglesia. Su nuevo entendimiento de la Palabra resultó en beneficio de la gracia porque así no enseñaba incompletamente. 

La realidad es ésta: si tenemos un conocimiento errado acerca de la persona de Jesús, con toda probabilidad, el resto de lo que conozca también estará errado o incompleto. El Antiguo Testamento apuntaba a la persona de Cristo y, como hemos dicho otras veces, el Nuevo Testamento gira alrededor de su misma persona. El es la piedra angular y la piedra de tropiezo. Cristo es la plomada que mide cuan correcto está tu entendimiento de las escrituras.