Los efectos de la Reforma Protestante sobre la economía

El 31 de octubre de 1517, Lutero se pronuncia públicamente, clavando en las puertas de la iglesia del palacio de Wittenberg en Alemania una carta que contenía 95 tesis teológicas en la que se oponía a la práctica de la Iglesia Católica Romana de la venta del perdón de pecados (indulgencias). Ni Lutero mismo se imaginaba las implicaciones de su pronunciamiento y de lo que su oposición a las indulgencias había iniciado.

En este sentido, la Reforma, aunque fue un movimiento inicialmente religioso, sus efectos se sintieron en prácticamente todas las áreas del quehacer humano, tales como filosofía, artes, política y economía. Y es precisamente los efectos económicos de la Reforma Protestante el interés particular de este artículo.

Max Weber, erudito alemán, fue quizás el primero en reportar en su famoso ensayo “La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo”, en 1904, que la Reforma tuvo un enorme impacto en el desarrollo económico de los pueblos. La idea fundamental del ensayo de Weber era que las ideas protestantes acerca del trabajo y de la acumulación del capital influenciaron las sociedades europeas cambiando sus valores y orientándolas hacia actividades legítimamente lucrativas.

A pesar de que el ensayo de Weber ha sido ampliamente criticado por diversos motivos, su mayor contribución es precisamente haber hecho el señalamiento de que la Reforma Protestante contribuyó con el desarrollo económico de los pueblos a los que llegó. Fue a partir de dicho ensayo que muchos otros estudios se han hecho indagando los efectos económicos de este movimiento y se han podido documentar de manera más precisa. En lo que sigue de este artículo se tratará de resumir los hallazgos más importantes entre la Reforma y sus efectos sobre la economía y que han sido documentados por múltiples estudios posteriores al ensayo de Weber.

Uno de los efectos reportados es sobre los niveles de alfabetización de las “zonas protestantes” de Europa. Tanto Lutero como Calvino insistían en que todos los cristianos debían leer la Biblia por ellos mismos. En este sentido, los protestantes promovieron la educación universal. Becker y Woessmann en un estudio en el 2009, usando datos de 452 condados de Prusia en 1871, reportan que las áreas protestantes mostraron mayores niveles de alfabetización. Y no sólo eso, sino que los mismos autores, en un estudio del 2008, también encontraron que las  “áreas protestantes” tenían más mujeres alfabetizadas. Esto era resultado del énfasis de Lutero en que “cada pueblo tenga también una escuela de mujeres”. Ambos hallazgos son vitales para entender el avance económico de los protestantes en Europa. ¡A más educación, más progreso!

Otro de los efectos del Protestantismo fue sobre el concepto del trabajo, lo que se conoció como “la ética protestante del trabajo”. Tanto Lutero como Calvino entendían el trabajo no sólo como algo que agrada a Dios sino como un llamado (vocatio) de Dios mismo. Las implicaciones de esta idea fueron monumentales. Por un lado, implica que no existe labor o trabajo de inferior dignidad. No importa el tipo de trabajo sino que se realice para la gloria de Dios. Pero además, el trabajo es un “llamado” (vocatio) e implica que Dios usa a cada persona para Sus propósitos de mantener Su creación y servir a la humanidad. No sólo el clero (sacerdotes, monjes, pastores, etc.) sirve a Dios ¡sino toda persona que trabaja!

De ahí que se ha reportado (Spenkunch 2011) que las “áreas protestantes” de Alemania trabajan más horas. Schaltegger y Torgler (2010) también han reportado en los resultados de una encuesta que aquellos que se identifican como protestantes tienden a poner el “trabajo primero, aunque eso implique menos tiempo libre”. En pocas palabras, por lo visto la expansión del protestantismo produjo en el trabajador una “sensación” de propósito en su labor que llevó a las áreas protestantes a ser más productivas.

Por último, la Reforma hizo avanzar significativamente el derecho a la propiedad privada y en consecuencia el progreso económico de los pueblos. Contrario de lo que muchos piensan, la Biblia “no es comunista” en su visión de la economía. Los mandamientos de “no hurtarás” y “no codiciarás…” (Ex. 20:15; 17) claramente establecen la propiedad privada como parte del ordenamiento social que Dios estableció por medio de la Ley dada a Moisés. El Nuevo Testamento reconoce de la misma forma el derecho a la propiedad privada. Los reformadores, aplicando la idea que “solo la Biblia es la autoridad en materia de fe y práctica del cristiano” (Sola Scriptura), respaldaron la protección de la propiedad privada en las áreas protestantes, lo que dio impulso económico no sólo a dichas regiones sino a todo el mundo.

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