La Reforma y las libertades sociales

La iglesia del Señor a partir del Pentecostés y por un periodo de casi 300 años fue triunfante y creciente a pesar de ser perseguida, pobre y prohibida. Una iglesia con mucho poder del cielo y poco poder político, que supo ver siempre que por encima del trono imperial romano estaba el trono celestial eterno. Sin embargo, a partir del Edicto de Milán de Constantino en el 313 la iglesia deja de ser perseguida y décadas más tarde por un decreto del emperador Teodosio en el año 380 se convierte en la religión oficial del Imperio Romano. Desde que comenzó a disfrutar las bondades de la legalidad, la iglesia comenzó un proceso de decadencia espiritual rompiendo con el estudio y la autoridad de las Escrituras y por ende con los principios de adoración exclusiva a Dios, la proclamación de la salvación por gracia, el amor al prójimo y la sencillez como estilo de vida. La llamada iglesia cristiana se envolvió en una serie de intrigas, luchas por el poder político, injusticia social, corrupción, desprestigio, falta de autoridad (que compensó con represión) y se alejó cada vez más de la cruz, entrando en una depresión espiritual que siguió durante la toda Edad Media.

Europa agonizaba por las guerras, las enfermedades y la falta de esperanza. El sur de Europa en su búsqueda de una solución dejó de confiar en la iglesia y comenzó a mirar al hombre dando comienzo al Humanismo como esperanza de los pueblos. El norte de Europa también se cansó de la opresión pero en vez de mirar al hombre miró a Dios y después de una serie de eventos comenzó el 31 de octubre de 1517 lo que hoy llamamos la Reforma Protestante con las 95 tesis clavadas por Martín Lutero en las puertas de la iglesia del palacio de Wittenberg en Alemania. El mundo que la Reforma tiene que enfrentar es un mundo oprimido espiritual y socialmente. Un mundo de servidumbre, de feudalismo y por consiguiente sin libertad para disentir o mucho menos protestar por aquello que en cualquier orden estuviera mal. Por eso, cuando hablamos de libertad y estado de derecho debemos reconocer que muchas de estas conquistas que disfrutamos hoy tienen su origen en ese movimiento llamado la Reforma y que alteró el curso de la historia trayendo nuevos vientos de esperanzas para la humanidad.

Es a partir de la Reforma que el hombre comienza a rescatar la doctrina de la dignidad al reconocer que es creado a imagen y semejanza de Dios. Es el tiempo cuando comienza a propagarse la libertad de conciencia como un principio fundamental en la vida del individuo. Lutero escribió que esperaba el día “en que recobraríamos la libertad gozosa al comprender que todos somos iguales en todo derecho, y nos sacudiríamos del yugo de la tiranía, y sabríamos que aquel que es cristiano, tiene a Cristo; y el que tiene a Cristo tiene todas las cosas que son de Cristo, y puede hacer todas las cosas[1].”

Es por la Reforma que se rescata la doctrina del sacerdocio del creyente dando inicio a una cultura laica, lamentablemente olvidada en la práctica en algunos casos en la iglesia de hoy; y es también por la Reforma que se estimula la libertad de pensamiento, conciencia y de religión. Toda esta cosmovisión reformada se instalaría en la mentalidad de todos aquellos que acudían en masas buscando al Cristo que les había sido vedado por siglos y con estas conversiones una nueva era de libertad y esperanza se expandiría por todo el norte de Europa a partir de los principios que Calvino creó para el Consejo de Ginebra.

La Reforma Protestante del siglo XVI puso la Biblia al alcance de la gente y con esta masificación de la verdad redescubrieron las normas éticas de dignidad, libertad y justicia que se encuentran en sus páginas, no solo para ser leídas, sino también para ser aplicadas como resultado de un corazón transformado por Jesucristo. La Reforma a través de la influencia calvinista alemana influyó sobre las magistraturas, la representación, la constitución, el federalismo, los derechos fundamentales, el mercado, la educación, el derecho a la resistencia y los bienes[2] y es también a partir de la Reforma que se comienza a debatir en Inglaterra en contra del absolutismo y a favor de la separación de poderes, el derecho natural y la justicia.

Derechos humanos, abolición de la esclavitud, libertad económica por medio del trabajo, dignidad humana y la educación por medio del estudio de las Escrituras hacen de la Reforma un referente que nos inspira a preservarlo y continuarlo para ser instrumentos del Señor tal y como lo fueron los que la iniciaron. La Reforma que comenzó en Alemania ya pasó pero los desafíos que la iniciaron aún continúan.

 

[1] Luther’s Primary Works , ed. Henry Wace and C. A. Bucheim (London: Hodder and Stoughton, 1896), 399.

[2] Encotramos a Johannes Althusius (1557-1638) como figura más influyente

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