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Esperando en el Señor

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Pasaje Bíblico: Hechos 1:4-8

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El pastor Miguel Núñez continuando hoy con la serie Hasta los Confines de la Tierra, predicó sobre los versículos del 4 al 8 del capítulo 1 del libro de Los Hechos titulando el mensaje Esperando en el Señor.

La semana pasada el mensaje  se  refirió  a los 40 días que pasó Jesús junto con sus discípulos antes de su ascensión y durante los cuales les impartió instrucciones de lo que debían hacer.

El versículo 3  narra el contenido de las conversaciones de Jesús.  Les habló del Reino de Dios, del mismo Reino que  habló  cuando nos enseñó a orar. Este Reino y Su trono esta en el corazón de cada creyente.  El reino de los cielos es una realidad entre nosotros. En los cielos se cumple a cabalidad, pero no es así en la tierra. Aquí en la tierra se abre paso poco a poco, porque Dios no reina en el corazón de cada individuo, porque no todos han entregado su corazón al Señor. Concluyendo ese mensaje, el pastor expresó que para pasar del reino de las tinieblas al reino de la luz debemos confesar fe en Cristo, reconocer que Cristo murió por el perdón de mis pecados, la resurrección es la garantía de sus promesas y la vida de Cristo que nos muestra que vivió toda su vida cumpliendo la ley.

Hoy el pastor Núñez continúa con su serie  revisando los versículos del 4 al 8 mencionados anteriormente, los cuales demuestran la resurrección de Cristo y tratan sobre el mandato de Jesús a sus discípulos de que no salieran de Jerusalén, ya que habría un derramamiento del Espíritu Santo en pocos días. Ellos,  intrigados,  le preguntaban si el reino de Israel sería restaurado, a lo que Jesús les respondió que no les correspondía conocer el tiempo ni la época que el Padre ha fijado en su autoridad, pero que recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ellos, y entonces le serán testigos en Jerusalén, Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra, por lo que los discípulos no tuvieron otra opción que no fuera esperar en el Señor. Durante estos días Cristo les enseñó que este reino de que hablaba era del cielo, no terrenal como ellos esperaban.

Esto sería un bautismo por el Espíritu Santo, que les daría poder para hacer milagros e iba a iluminar y a santificar sus almas. Esto confirma la promesa divina y nos anima para depender de ella, porque la oímos de Cristo y en Él todas las promesas de Dios son sí y amén. Por esta razón este mensaje fue  titulado: Esperando En El Señor.

Los discípulos tenían mucho que entender y aprender, y estos 40 días fueron esenciales para esos fines. Una de las enseñanzas clave en la fe cristiana, es que si quieres caminar con Dios,  y está en el versículo 4, debes aprender a esperar en el Señor. 

En este caso específico se trata de esperar el bautismo del Espíritu Santo. Ellos debían ser cubiertos por el poder de Dios, ya que vendrían muchas persecuciones y vejaciones.  El tiempo de Dios es diferente al nuestro, y para nosotros entender Sus cosas, nos pone a esperar. Tenemos los ejemplos de la promesa del hijo a Abraham, que pasaron unos 25 años, igual con Noé que le pidió que construyera el Arca y fue mucho después que comenzó a llover. Y así está llena de ejemplos la historia. Por lo que los discípulos, y nosotros, debemos aprender a esperar en el Señor.

La segunda enseñanza es que Dios siempre cumple sus promesas. Juan el Bautista lo dijo en una ocasión mientras bautizaba en el Jordán, al decir que él bautizaba con agua, pero que después de él llegaría uno que bautizaría con el Espíritu Santo. Igualmente en el Antiguo Testamento se profetiza ( Isaías ) el derramamiento del Espíritu Santo. El rol del Espíritu en la vida de los discípulos fue vital, les ayudó a entender las cosas del reino de Dios y les dio poder para hacer muchos milagros. El Espíritu Santo, a quien Cristo le llamó el otro Consolador, les enseñó desde adentro, porque mora en cada uno de nosotros. El Espíritu toma de Dios y se lo hará saber a cada creyente. El ministerio del Espíritu es glorificar a Dios y al Hijo, por lo que jugó un papel fundamental en el crecimiento de la iglesia.

La tercera enseñanza es que el reino de Dios no es terrenal. Debemos pensar más en términos celestiales, en términos de la eternidad,  y menos terrenalmente. Para los discípulos y para nosotros no nos corresponde conocer los tiempos en que  Dios restaurará Su reino

La evangelización del mundo requiere el poder y el equipamiento necesarios. Por eso Cristo los manda a ser Su testigo en Jerusalén, Judea y Samaria, y los confines de la tierra. Igualmente nosotros debemos ser testigos de Cristo. Entonces el pastor pregunta: ¿Has sido tú testigo de Cristo con tu vida después que has sido redimido?

Porque el ser testigo de Cristo para llevar Su Evangelio es la gran comisión ordenada por Cristo.  Tanto en Mateo 28, como en Hechos 1:8 se refiere al mismo mandato, y para ir a predicar Su Evangelio debe ser con el poder del Espíritu de Dios. Es el plan de Dios que tiene una gran continuidad, un hilo conductor. Las naciones deben ser alcanzadas, y esto se hace predicando Su palabra siendo testigos de Cristo.

A manera de aplicación, y para concluir el mensaje,  el  pastor hace referencia que este llamado, esta ordenanza, es para todos aquellos que han sido redimidos. Si es cierto que el llamado a ir a las naciones no es para todo el mundo, pero si es cierto que todos podemos ser testigos frente a amigos, familias, compañeros de trabajo, etc. Necesitamos mostrar más amor por Cristo, por Aquel que tomó el sacrificio personalmente en la cruz. Así como los cristianos de principios de la iglesia llenaron todos los lugares del imperio romano, así debemos nosotros llenar todos los lugares de nuestros tiempos y áreas de influencia.

Padre celestial, gracias por Tu reino que es controlado por Ti y no por nosotros. Fortalece nuestra fe. Ayúdanos a llevar Tu Evangelio donde quiera que vayamos. Equípanos y envíanos donde Tú quieras. Bendiciones.