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Viendo el trabajo como Dios lo ve

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“Pero Él les respondió: Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo”. Juan 5:17

En la República Dominicana, hace muchos años, se compuso un merengue que se hizo muy popular y cuyas letras son una muestra de la cosmovisión que tienen la mayoría de las personas sobre el trabajo y su valor. Aquí les comparto parte de las líricas: “A mí me llaman el negrito del batey, porque el trabajo para mí es un enemigo, el trabajo se lo dejo todo al buey, porque el trabajo lo hizo Dios como castigo”. ¿Debe ser considerado el trabajo como un enemigo? ¿Creó Dios el trabajo como un castigo? ¡Cuán lejos de la realidad del propósito para el cual Dios instituyó el trabajo!

En Génesis 1:27-28, las Escrituras nos dicen: “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen deDios lo creo; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”. Los verbos que encontramos en esos versículos definitivamente implican trabajo: ser fecundos, multiplicarse, llenar la tierra y sojuzgarla, ejercer dominio sobre todo lo creado. Todo esto fue dicho a Adán y a Eva, mucho antes del evento que es narrado en Génesis 3; mucho antes de la Caída.

El propósito del trabajo era crear una cultura piadosa, recta, justa y con ella llenar la tierra. Dios entregó a la humanidad todo lo creado con el fin de que gobernáramos sobre ello y lo multiplicáramos.  Después de la desobediencia de Adán y Eva en el Huerto y la entrada del pecado al mundo, ciertamente el trabajo se convirtió en algo fatigoso, sin embargo, Dios continúa viendo el trabajo como un medio para compartir y testificar el mensaje del Evangelio y proveer para nuestras personas y familias además de avanzar la cultura en cada nación.

Las Escrituras nos enseñan que fuimos creados por Él, para hacer buenas obras, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” ( Efesios 2:10 ). Estas obras no se limitan a las relacionadas con la iglesia. ¡Tu eres la iglesia! Cualquiera que sea tu profesión u oficio, adonde quiera que el Señor te haya establecido para trabajar, ahí eres sal y luz. 

Nuestro Dios es un Dios de trabajo ¡y aún hoy continúa trabajando para sostener todo lo creado! “Él es elresplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra desu poder” ( Hebreos 1:3 ).  Nuestro Señor Jesucristo, cuestionado por los judíos, les respondió: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” ( Juan 5:17 ).

Vengo de una familia adonde el trabajar siempre fue muy valorado y se me enseñó y modeló desde pequeña. Desde que me gradué de bachiller he trabajado en diversas posiciones en el área educativa. Sin embargo, puedo compartir que el tiempo de mi vida en el cual ejercí el trabajo más arduo, fructífero, agotador y que más satisfacción me ha traído fue cuando decidí renunciar a mi puesto de directora de primaria en un colegio de la ciudad para dedicarme a criar a mis hijos y cuidar de mi hogar. ¡No he encontrado otro trabajo más completo que ese! La Biblia nos exhorta e instruye a trabajar utilizando los talentos y dones dados por Dios y nos advierte sobre las consecuencias al no hacerlo. Que podamos ser cada una de nosotras, mujeres que adonde el Señor nos haya colocado podamos traer gloria y honra a Su Nombre a través de nuestros trabajos.

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Esposa de José Alfonso Poy y madre de dos hijos. Sicóloga escolar de profesión con diplomado en Educación cristiana del Seminario Teológico Presbiteriano, Mérida, México. Miembro de la IBI desde el 2010 y parte del ministerio de misiones Antioquía y del Ministerio de mujeres Ezer. Directora del Programa AMO para América Latina y el Caribe. Apasionada por la enseñanza bíblica y convencida del poder de la educación para bien o para mal, según donde estén sus raíces.