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Un verdadero líder de fe

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“Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada”
(Santiago 1:2-4)

En nuestros días, la gente considera como héroes a líderes, famosos, personas poderosas, ricas o con alguna capacidad o talento sobresaliente.

Sin embargo, en la Biblia, este título de héroe es otorgado a aquellos que dedicaron su vida para servir a Dios. En Hebreos 11, encontramos una especie de salón de la fama de grandes creyentes de todos los tiempos. Lo que les distingue no es una capacidad o talento, sino el hecho de haber puesto su fe y confianza en el Señor más allá de toda circunstancia. Solo por eso fueron capaces de hacer grandes hazañas.

Algunos conquistaron reinos, ganaron batallas, hicieron justicia, cerraron bocas de leones y derribaron gigantes; Muchos fueron puestos a prueba, torturados, apedreados, experimentando insultos, azotes, cadenas y prisiones; otros incluso murieron por causa de su Fe en Cristo.

Tomando como ejemplo la vida de algunos de estos héroes, podemos puntualizar algunas características de un líder de Fe.

  1. Aparentemente no era la persona más indicada
    Si hacemos un recuento de la historia Bíblica, nos damos cuenta que, normalmente, Dios no escogía a la persona más idónea, humanamente hablando. Por ejemplo, escogió a Moisés, un tartamudo, para hablar y liderar a Su pueblo; a David, tan solo un muchacho, para derrotar un gigante; en el caso de Pablo, el perseguidor de la Iglesia, llamado a ser el Apóstol de los gentiles.
    La «incapacidad» o lo inadecuado de cada uno de ellos, resaltaría el poder del Dios que los llamó y usó, para llevar a cabo sus propósitos.
    “…Sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es…” (1 Corintios 1:27-28).
  2. Evidente debilidades y pecados
    Dios tampoco disfraza a sus héroes, todo lo contrario, quiere mostrar de forma evidente las debilidades y pecados de sus siervos.
    Por ejemplo, podemos recordar al Patriarca Noé, embriagado y desnudo (Génesis 9:21), o a David el gran Rey de Israel adulterando y asesinando. Todos los héroes de la Fe tenían debilidades significativas y, sin embargo, Dios cumplió sus propósitos a través de ellos. Podemos entender entonces que Dios no escoge a sus héroes por mérito o desempeño, Dios ha escogido y sigue escogiendo a sus siervos basado en Su Gracia y Soberanía.
    Pablo lo tenía muy claro cuando escribió:
    “…aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia porque lo hice por ignorancia en mi incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante, con la fe y el amor que se hallan en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.” (1 Timoteo 1:13-15).
  3. Carácter forjado en las pruebas
    Detrás de cada héroe de Dios hay una vida forjada en las dificultades, sea en el desierto, en la soledad o huyendo de sus enemigos. Noé pasó 120 años escuchando las burlas de los hombres mientras construía el arca, Moisés pasó 40 años en el exilio antes de regresar a liberar su pueblo. David pasó años huyendo de Saúl que lo quería matar por celos. Dios forja el carácter en los hombres que llama para ser usados por Él.
    Pablo fue sin dudas un verdadero líder de fe, quien estuvo dispuesto a sufrir y ser humillado para que el nombre de Dios fuera exaltado. Pablo aprendió a procurar oír la voz apacible y delicada del Señor aun en los momentos más oscuros de su vida.
    “Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada.” (Santiago 1:2-4)
    Someternos a las pruebas es una de las formas más eficientes en que Dios nos enseña a mantenernos enfocadas, para tener la certeza en lo que se espera, y la convicción en lo que no se ve. Es a través de tiempos así que cultivamos una mejor vida interior de fe en Sus métodos y propósitos para que nos mantengamos confiadas y firmes en medio de la prueba.
  4. Puestos los ojos en Jesús, consumador de nuestra Fe.
    “…puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.”  (Hebreos 12:2)
    Cada uno de estos héroes fue consciente de quién era el Verdadero Héroe, ¡Cristo!  Cada uno pudo reconocer su debilidad, su incapacidad y lo inadecuado de su persona para cumplir el llamado de Dios. Lo podemos ver en Moisés, expresando su limitación para conducir al pueblo, y su petición de la presencia del Señor para seguir con la tarea. Lo vemos en Pedro, reconociendo sus limitaciones al ser restaurado por Jesús después de negarlo tres veces. Cada uno de ellos aprendió lo que Jesús afirmó: “Separados de mí, nada pueden hacer” (Juan 15:5b).
    Estos hombres no eran diferentes a nosotras, sino que estaban sujetos a las mismas tentaciones y dificultades que tenemos hoy en día. La Fe y la Paciencia fueron ingredientes esenciales que les permitió hacer grandes hazañas para la gloria del Señor. Ellos pudieron demostrar gran determinación de vivir fielmente aun cuando ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. ¡Cuánto más nosotras que sí conocemos el final de la historia!  No perdamos de vista la meta, nuestra recompensa; que podamos vivir con gozo, aun en las dificultades, en la prueba, en la soledad, enfermedad y escasez.

Dios aún sigue trabajando, forjando líderes con las personas menos adecuadas, con grandes debilidades y pecados, que siguen enfrentando dificultades y con una larga lista de derrotas, pero con la Fe puesta en el Dios Todopoderoso, para el cual no hay imposibles y cuyo poder se magnifica en las debilidades.