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Transformados por Dios – Pastor Miguel Núñez

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Pasaje Bíblico: 2 Corintios 3:7-18

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Hace dos semanas el pastor Miguel Núñez predicó sobre 2 Corintios 3:6-11, habiendo leído hasta el versículo 18, pero por asuntos de tiempo no pudo concluir, solo predicó hasta el 11, como estaba previsto. Hoy el sermón abarca los versículos del 12 al 18, con énfasis en los versículos finales 17 y 18,  y el titulo del mensaje es: Transformados Por Dios.

Igual que hace dos semanas, recordamos que el principal interés del apóstol Pablo en este capítulo 3 de esta segunda carta a la iglesia de Corinto fue la defensa de su ministerio, que estaba siendo seriamente atacado por falsos maestros que habían llegado a Corinto y se habían introducido a la iglesia.

Pablo utilizo dos grandes argumentos en su defensa. Primero, que el ministerio del nuevo  pacto es más glorioso porque refleja la gloria de Cristo, y por naturaleza, la gloria le pertenece a él. Es una gloria permanente, que Cristo comparte con todos los que se vuelven hacia Él, quien tiene el poder para transformarlos. Este argumento se trató hace dos semanas. Y segundo, que se explica hoy, que el ministro del nuevo pacto no es la letra sino el Espíritu, y por medio de él los creyentes se unen a Cristo. El resultado de su ministerio no es muerte sino justificación. Libera al penitente de la Ley como instrumento de condenación y muerte.

En la comparación o contrastación que hace Pablo del antiguo pacto con el nuevo, dice que los creyentes del Antiguo Testamento tuvieron solo vistazos nebulosos y pasajeros del glorioso Salvador, como fue el caso de Job que menciona que su redentor vive, y los incrédulos no vieron más allá de la institución externa, aunque los grandes preceptos del evangelio: creer, amar y obedecer, se expresan claramente. Los que vivieron bajo la Ley tenían un velo sobre sus corazones, al igual como Moisés se colocaba un velo sobre su rostro cada vez que bajaba de la montaña donde había hablado con Dios, porque la gloria de Dios se reflejaba e iluminaba su rostro, era resplandeciente.

Este velo es quitado por las doctrinas de la biblia acerca de Cristo.  Cuando una persona se convierte a Dios, entonces es quitado el velo de la ignorancia. La condición de los que disfrutan y creen el evangelio es feliz, porque el corazón es puesto en libertad para correr en los caminos de los mandamientos de Dios. Ellos tienen luz, y con la cara descubierta contemplan la gloria del Señor, quien a través del Espíritu nos lleva de gloria en gloria.

El pacto de la gracia, el que vivimos en nuestra época y mediado por Jesucristo,  es mejor que el pacto de la ley mediado por Moisés. El pacto de la ley exigía el cumplimiento de la ley, que para los hombres es imposible, mientras que el nuevo pacto representa la gracia y la gloria de Dios.

Todavía  en esta época todos tenemos un velo en nuestro corazón, el cual es quitado inmediatamente nos convertimos a Cristo, inmediatamente llegamos a los pies de Cristo. Este velo no permite que tengamos un pleno entendimiento y conocimiento de la revelación de Dios dada a través de Su Palabra, nos mantiene el corazón endurecido y entenebrecido y por esa razón vivimos en esclavitud del pecado. Tan pronto aceptamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, ese velo es quitado y somos transformados para vivir en libertad.

Después de venir a Cristo tenemos la posibilidad de ser perdonados, redimidos, con un verdadero arrepentimiento, y en la medida que Dios nos santifica vamos liberándonos de la esclavitud del pecado. Por eso la meta del cristiano debe ser entregar completamente su vida a Dios para tener una vida plena y abundante, llena de Su Espíritu, porque donde está el Espíritu del Señor hay libertad.

Todos estamos en un proceso de santificación sin velo, porque ya no vivimos bajo el pacto de la ley escrita en tablas de piedras, vivimos bajo el pacto de la gracia, con la ley escrita en nuestros corazones. Vivimos frente al espejo que representa la Palabra de Dios, y es por eso que queremos imitar a la persona de Jesús.

En Cristo vemos la gloria de la gracia de Dios que es capaz de perdonar cualquier pecado, vemos la gloria del amor de Dios, vemos la gloria de la misericordia de Dios. En resumen, la gloria de Dios es la esencia del ser de Dios. La gloria de Dios es la irradiación del carácter de Dios, y todas esas virtudes son parte integral de la persona de Cristo, de la tercera persona de la trinidad, y es lo que nos transforma de gloria en gloria. La transformación de nuestro carácter, la santificación, requiere de exposición a la Palabra y de puesta en práctica, de ejecución por parte nuestra, ser hacedor de la Palabra, y somos bendecido, bienaventurado. Aunque sea en medio de tribulaciones, ya que a través de las tribulaciones se fomenta el fruto del Espíritu ( amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza ), contra los cuales  no hay ley,  y el fruto del Espíritu es parte de la santificación.

Después de ver y conocer el proceso de santificación y transformación de nuestro carácter, podemos dar gracias a Dios por escribir Su ley en nuestro corazón, poder decir bendita sea Tu ley.

Que Dios nos ayude en este proceso de transformación, que podamos ser mejores ciudadanos, mejores cristianos. Bendiciones.