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Todo es posible para Dios

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“Pero Jesús mirándolos, les dijo:
Para los hombres eso es imposible,
pero para Dios todo es posible”
(Mateo 19:26)

Muchas veces escuchamos a alguien decir, o nosotras mismas decimos “que para Dios no hay nada imposible,” y hasta parece un cliché. Pero ¿Cuántas de nosotras creemos esta verdad? En diferentes ocasiones yo me he preguntado por qué muchas personas dicen que para Dios no hay nada imposible, pero luego dudan de que nuestro amado Señor Jesucristo, Dios mismo, haya venido al mundo como hombre, que se hiciera carne, si para Dios no hay nada imposible. Tienes que creer que esto también fue posible; si no es así, tienes una contradicción en lo que crees. Partiendo de lo anterior, nosotras como creyentes en Jesús, podríamos decir que no es nuestro caso, ¡gracias a Dios!, pero, si somos sinceras, muchas veces, a pesar de que sabemos que para Dios todas las cosas son posibles, dudamos, tememos, actuamos con precipitación, buscamos controlar las situaciones, desobedecemos y pecamos de incredulidad.

Si buscamos en nuestras biblias, podemos vernos identificadas con hombres de Dios, cuyo temor los llevó a dudar, como es el caso de Moisés.  El Señor lo eligió para liberar a Su pueblo de la esclavitud y del maltrato de Egipto, pero él dudó de que podía hacer semejante encomienda; no solamente tenía temor de ir a Egipto, sino también de ir donde los hijos de Israel: “Entonces dijo Moisés a Dios: He aquí, si voy a los hijos de Israel, y les digo: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros”, tal vez me digan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les responderé? Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: “YO SOY me ha enviado a vosotros”(Éxodo 3:13-14). En los versículos anteriores del capítulo tres, ya el Señor le había dado la misión a Moisés: “Y ahora, he aquí, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí, y además he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. Ahora pues, ven y te enviaré a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto. Pero Moisés dijo a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón, para que saques a mi pueblo, y sacar a los hijos de Israel de Egipto?” (v.9-10). En estos versículos leemos claramente que Moisés está temeroso, no sólo del rey, también de sus compatriotas israelitas, ¿Pero por qué Moisés tiene este temor?

Siguiendo el hilo de la pregunta anterior, Moisés estaba atemorizado y con causa, no era poca cosa presentarse delante de un rey, y encima uno arrogante y orgulloso, y darle prácticamente una orden; su temor se basaba en que él se estaba viendo a sí mismo, estaba viendo su pequeñez, sus incapacidades, o sus fracasos. Él quitó el enfoque de la grandeza del Señor y de Su poder.  ¿Y no es eso lo que nos pasa con frecuencia a nosotras? Nos vemos pequeñas, incapaces, débiles, ante un problema que parece muy grande, ante una situación o una misión que parece imposible de lograr. Me encanta leer lo bueno y lo paciente que fue el Señor con Moisés, y la sinceridad de Moisés; él, en varias ocasiones, le mostró al Señor que no se sentía capaz, y El Seor, con amor y paciencia, le dejaba saber que no se trataba de su persona ni de sus capacidades, sino que se trataba de Él mismo, del SEÑOR; se trataba del GRAN YO SOY.  Leer esto es de mucho consuelo para mí; espero que lo sea para ustedes también.  Con la mente en lo que el Señor le quiso dejar saber a Moisés, te pregunto: ¿Cuándo fue la última vez que pudiste ver de primera mano que no se trata de ti, sino que se trata de Él? Piensa en algún problema que hayas tenido y en cuyo desenlace Dios haya intervenido de una manera que te haya quedado claro que Dios intervino, porque de lo contrario hubiesen sido otros los resultados. Haz una pausa por favor, y da gracias al Señor, si no recuerdas alguno, o si no te ha pasado nunca, pídele a Dios que lo traiga a tu memoria, o que se glorifique en medio del problema que estás teniendo actualmente.

Continuando con Moisés, vemos que, a pesar de sus excusas, Dios le dio promesas: Iba ser escuchado por los ancianos de Israel, le acompañarían al palacio del rey de Egipto; finalmente éste los dejaría ir, después de herir su nación con sus prodigios, y que además le daría gracia al pueblo ante los ojos de los egipcios y saldría con las manos llenas con muchos objetos de valor (Éxodo 3:18-22).

Aun así, seguimos viendo que a Moisés le faltó entendimiento y persistió en su temor al responderle al Señor con su segunda pregunta: “Moisés respondió, y dijo: ¿Y si no me creen, ni escuchan mi voz? Porque quizá digan: “No se te ha aparecido el SEÑOR” (Éxodo 4:1).  y más que verlo como ¡Wao! increíble que Moisés dudara y tuviera miedo de hablar, si el mismo Señor fue quien le dijo que lo hiciera, debemos verlo como que esa es nuestra naturaleza caída, que teme, duda, desconfía, que evita verse como tonto por el orgullo. Tenemos que vernos a nosotras reflejadas en Moisés, viéndonos así y siendo sinceras con el Señor como lo fue Moisés. El Señor no nos va a recriminar, ni nos va a echar fuera; Él, con amor y paciencia, nos reenfocará y nos dejará saber que no se trata de nosotras ni de nuestras capacidades, sino que se trata de Él y Su gloria.  Si no me crees, créele a la Palabra y lee conmigo los siguientes pasajes, que nos muestran de quien se trata: “Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

“Sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios” (1 Corintios 1:27-29).

Debemos creer y permanecer confiando en el SEÑOR; orar para que nos dé la fe para descansar en la esperanza de que lo que es imposible para los hombres, para Él todo es posible (Mateo 19:26). Como cristianas creemos que el Señor puede hacer cualquier cosa que se proponga, grande pero a veces dudamos de que quiera hacerlo en nosotras.  Hermanas, el Señor quiere continuar la buena obra transformadora que ya empezó en nosotras y a través de nosotras; y Su Palabra dice que nuestro Señor la terminará perfeccionada hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).Él quiere usarnos y mostrar Su gran gloria y Su perfecta obra a través de nuestras vidas imperfectas; tal vez, al igual que Moisés, nos veamos incapaces, recuerda: No se trata de tu capacidad ni de la mía, se trata de Su suficiencia y Su poder; deja que Él te use como quiera y cuando quiera. ¡Todo es posible para Dios!