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¡Sigue mamá, sigue! Persevera en la crianza de tus hijos

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Hacía ya semanas que estaba tratando de encontrar un tiempo de quietud para sentarme a escribir tranquila y en paz; o para ser más honesta, mi deseo era disfrutar de un tiempo a solas, sin los niños dando vueltas a mi alrededor. Al ver que se acercaba la fecha de entrega de este artículo, me dije a mi misma: ¡Masi, con la ayuda del Señor, debes hacerlo ya!

Mi gran lucha era que el tiempo que tenía para estar a solas y escribir, era cuando mis hijos, Mia (5 años) y Zac (1 año) estuvieran dormidos. Pero para cuando esto sucedía, ya al final del día, yo estaba agotada física, mental y emocionalmente, con todas las demandas, clases a Mia por el tema de la cuarentena producida por el coronavirus y quehaceres que había tenido que realizar durante las horas anteriores; y además con la sensación de que había dado todo de mí y algo más.

Por la gracia de Dios, Su Espíritu habita en mi corazón y Él me ayudó a entender que Él sería glorificado mientras, yo, su sierva, me sentara en la sala de mi casa a escribir. Me rendí en Sus manos y le dije: “Compartiré con mis hermanas lo que me has enseñado” aunque deba hacer unas olimpíadas de concentración con mis dos alegres bendiciones llamándome, saltando y jugando junto a mí.

Fuertes y constantes

“Por lo tanto, mis amados hermanos, permanezcan fuertes y constantes. Trabajen siempre para el Señor con entusiasmo,  porque ustedes saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil.”
1 Corintios 15:58 NTV

Queridas mamás, compañeras de mil batallas, este verso nos lo regala nuestro Buen, Buen Padre para animarnos y re-enfocarnos. En este versículo el apóstol Pablo, en el contexto de la resurrección de Jesús y, por tanto, de los creyentes, anima al pueblo de Dios a la perseverancia en el trabajo para el Señor. Como la maternidad es sin duda parte de nuestro trabajo para Cristo, podemos creer que es posible estar fuertes (o firmes) y constantes, y, además, trabajar con entusiasmo cuidando de nuestros pequeños porque: saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil. Traer a nuestra mente esta verdad nos devuelve la esperanza en el Todopoderoso que obra a través de nosotras para levantar una generación piadosa para Sí.

¿Por qué perseverar en la crianza de nuestros hijos?

Permítanme compartir con ustedes algunas razones por las cuales debemos proseguir con fidelidad en la crianza:

1) Por el impacto de la paternidad de Dios.

Recordar la inmerecida misericordia del Padre hacia nosotras, debe movernos a la paciencia con nuestros hijos. En Cristo, el Padre nos ha elegido, justificado y adoptado y ha sido fiel y paciente con nosotras.

Efesios 1:4-5 nos enseña: “Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad”.

2) Por obediencia al Señor que amo.

El mandato bíblico a las mujeres a que amen a sus hijos es sumamente claro y, como la obediencia es la manera más práctica de mostrar nuestro amor a Dios, perseveremos en la crianza de nuestros hijos.

Tito 2:4: “Para que puedan instruir a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos,”

Juan 14:15: “Si ustedes Me aman, guardarán Mis mandamientos”.

3) Porque no los tendremos por mucho tiempo.

Aunque a veces nuestras rutinas con los niños parecieran interminables, no lo son. Dios nos ha prestado a nuestros hijos por poco tiempo, quizás unos 20 años o menos. Son como flechas lanzadas, que se van ¡Aprovechémoslos y disfrutémoslos!

Salmo 127:4: “Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud”

Efesios 5: 15-16: “Por tanto, tengan cuidado cómo andan; no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”

4) Porque nos encontramos en una lucha espiritual.

Las batallas en nuestros hogares son espirituales y son reales. Luchamos en favor de las almas de nuestros niños y adolescentes que aún no se han convertido a Cristo o con muchachos cristianos que están en formación y, por tanto, son inmaduros, y necesitan más que nunca de nuestra dirección.

Efesios 6:12: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes.”

5) Porque se requiere trabajar primero, para luego deleitarnos en los frutos.

Todas anhelamos ver hijos rendidos al señorío de Jesús que brillen como estrellas en este mundo perverso, pero para ello debemos esforzarnos primero. Sí, ser fuertes y valientes y trabajar con amor y dedicación para después, si el Señor así lo quiere, poder disfrutar de esos frutos. Y en caso contrario, estando satisfechas con haber agradado a nuestro Rey habiendo hecho todo lo que debimos.

Josué 1:9: “¿No te lo he ordenado Yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”.

Amadas madres, este es nuestro tiempo de siembra, invirtamos todo en ello. Mantengámonos mirando al Invisible y sirvamos a nuestros hijos para Su gloria. Obedezcamos a Dios, olvidémonos de los modelos del mundo para la vida, el matrimonio y la maternidad. Perseveremos en oración, abundemos en las Escrituras y dependamos de Cristo segundo a segundo, mientras velamos por esos regalos que Él nos ha otorgado.