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¿Qué nos enseña la maternidad sobre la feminidad? 

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Una de las escenas que las madres más disfrutamos, es ver a nuestros hijos jugar. Es hermoso como pueden imaginar ser superhéroes, vencer dinosaurios, observar a nuestras niñas simular que son doctoras o preparan café, jugar es la manera en la que nuestros hijos aprenden su rol en el mundo y procesan sus vivencias. ¿Es la preferencia por juguetes típicamente femeninos o masculinos resultado solo de un aprendizaje social? Se han realizado estudios de carácter científico que evidencian una preferencia innata, donde los varones suelen escoger jugar a “arreglar, construir, ser vaqueros” mientras, de manera maravillosa, e incluso ante juguetes neutros como bloques, muchas veces las niñas juegan a ser “mamás”. Ser mujer y ser madre, desde la niñez, se observan como identidades y roles conectados. 

¿Qué nos enseña la maternidad sobre la feminidad? 

  • Nos muestra como la feminidad va directamente ligada a la valentía. En la madre de Moisés tenemos un hermoso ejemplo. “Y la mujer concibió y dio a luz un hijo. Viendo que era hermoso, lo escondió por tres meses. Pero no pudiendo ocultarlo por más tiempo, tomó una cestilla de juncos y la cubrió con asfalto y brea. Entonces puso al niño en ella, y la colocó entre los juncos a la orilla del Nilo.” Éxodo 2:2-3 Frente a la amenaza de la ley implacable de Faraón, esta fue una madre que no solo desafío a la autoridad máxima en ese momento, sino que demostró extraordinaria valentía y confianza en Dios al colocar a su hijo, en una canasta, en un río caudaloso, en un escenario con pocas alternativas, pero mucha fe. 

Aunque no tenemos hoy una amenaza directa sobre nuestros hijos al dar a luz, con la llegada de un bebé surgen temores. Nos hacemos preguntas como: ¿será saludable? ¿se desarrollará con normalidad? ¿tendremos los recursos para su sostén? ¿cómo será su futuro? La maternidad nos afirma en la confianza en el Dios creador y todopoderoso que puede proteger a nuestros hijos, nos confirma que ser mujer implica ser valiente

  • Ser mamás (biológicas, por adopción, por mentoría de hermanas en la fe) nos muestra una arista maravillosa de ser mujer, que implica el disfrute y la inversión en el cuidado a otros, la atención a sus necesidades, el sostén de amor que levanta al caído y funciona como una red de protección. Nos muestra el lado cálido de la feminidad, la fragilidad que no es debilidad sino dependencia de Dios para poder ser usadas de manera santa como bastón donde otros se apoyan y lugar de refugio donde otros en necesidad encuentran consuelo. Somos expertas en ofrecer un té cuando el alma angustiada lo necesita, una palabra de ánimo cuando nuestros hijos necesitan aliento, un oído atento para escuchar en silencio. “Más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos.”  1 Tesalonicenses 2:7 
  • El reto de criar nos enseña que la feminidad viene también directamente ligada a la capacidad de gestión. Al educar a nuestros hijos debemos desarrollar la habilidad para organizar el tiempo, liderar a otros, priorizar tareas. “Considera la marcha de su casa y no come el pan de balde. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada, y su marido también la alaba.” Proverbios 31:27-28 
  • Ser mamá nos muestra que ser mujer requiere ser humilde y enseñable, dispuesta a reconocer nuestras debilidades y buscar consejo. Ante los retos que nuestros hijos enfrentan, no siempre tendremos las respuestas, por lo que buscar consejo oportuno nos mantiene en una posición de mansedumbre agradable a Dios. “Que el adorno de ustedes no sea el externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea lo que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.” 1 Pedro 3:3-4 

Frente a la realidad de lo que el mundo hoy nos plantea como la definición de mujer, lo que significa tener éxito, belleza y sueños cumplidos, ser madre nos enseña que la búsqueda de la santidad supera el anhelo por la felicidad, la valentía y confianza en Dios supera el temor al fracaso, el servicio supera el egoísmo, la humildad puede vencer la idolatría al yo que el mundo desea vender como el camino hacia la realización personal. En un contexto donde cada vez más la feminidad es mal entendida, ridiculizada y menospreciada, ser madre nos recuerda que el amor está por encima del éxito y ser mujer, dependiente del Dios creador del universo, es maravilloso.