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Perseverar en el matrimonio sin perder el gozo

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“Por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne.
Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe”
Mateo 19:6

Para muchos de nosotros, nuestro estado civil ante la ley es por la mayor parte de nuestras vidas, el de casados. Con quién casarnos, después de recibir el regalo de la salvación, es de las decisiones mas trascendentales de la vida.  La pregunta es ¿cómo queremos que sean caracterizados estos años de matrimonio?

El matrimonio es un acto publico, es una institución creada por Dios con una posición social y un rol a cumplir. Tan temprano como en el primer libro de la biblia, leemos acerca de la creación del matrimonio (Génesis 2:18-25).

El matrimonio es la representación terrenal del amor fiel del pacto entre Cristo y su pueblo. El matrimonio es idea de Dios, proviene de El, por medio de El quien une al hombre y a la mujer en una sola carne, para promover Su nuevo pacto con Su pueblo (Hebreos 8:6).

El romance, el sexo y la procreación, dentro del marco del matrimonio, son todos parte de este regalo de Dios para el hombre.   Dios concibió el matrimonio para que este se base en un amor sacrificial, centrado primeramente en testificar del pacto de Dios y en darle prioridad al prójimo.

Sin embargo, la mala concepción que prevalece en nuestros días acerca del matrimonio

es porque vivimos en un mundo caído, en donde el pecado abunda, los conflictos y las divisiones rigen entre la mayoría de las relaciones (Mateo 10:36). 

La cultura moderna de nuestras sociedades idolatra nuestro ego; mi autonomía y libertad.  Lo mas valioso hoy día soy yo mismo, el propósito de la vida es alcanzar el placer y la felicidad.

Si profesamos ser cristianos, entonces, una vez casados, nuestro gran destino final es procurar un matrimonio que despliegue la gloria del amor, la gracia y fidelidad de Dios (Efesios 1:6; 5:25; 5:31-32).  Satanás sabe que cada vez que se rompe un pacto matrimonial, se distorsiona la concepción del mundo acerca del pacto original de Cristo con Su iglesia.

Para Dios el matrimonio es un pacto de tanto peso que cuando Jesús le describió a los discípulos la perspectiva de Dios acerca del matrimonio, estos respondieron: “Los discípulos le dijeron: Si así es la relación del hombre con su mujer, no conviene casarse” (Mateo 19:10).

Tomando entonces como referencia la concepción original y bíblica del matrimonio, la relación de Cristo con Su esposa la iglesia, queda claro que el objetivo del matrimonio no se trata de permanecer felizmente enamorados.  Se trata de honrar el sacrificio de Cristo en la cruz, al yo guardar mi pacto matrimonial.

Cada vez que decido ceder, sacrificarme, amar desinteresadamente y hacer todo sacrificio para preservar con gozo mi parte del pacto matrimonial, estoy apuntando a algo mucho mayor que mi propia vida.  Se trata de reflejar la verdad de que Jesús ama a Su iglesia incondicionalmente y que siempre le será fiel (Mateo 28:20; Hebreos 13:5).

Luego de 20 años de matrimonio puedo afirmar que sí es difícil permanecer casados, y sobre todo dentro de un matrimonio en donde ambos conyugues se sientan gozosos.  Si hoy mi esposo y yo podemos tener un buen matrimonio es porque nos hemos aferrado a Cristo y ¡¡El nos ha asistido para perseverar!!

Ambos nos reconocemos incapaces de cumplir con el alto estándar, por eso en nuestras vidas a nivel personal y como pareja, tenemos como valor NO negociable el que cada día pongamos por acción los mandatos de Dios.  Si meditamos en Su palabra, oramos y tenemos la ayuda del EL y de los hermanos maduros en la fe, es posible tener en este mundo caído un matrimonio pleno.

 
Dios recibe la gloria cuando dos personas pecadoras e imperfectas forjan una vida compartida, cediendo y aceptándose la una a la otra, perdonándose cada día como el Señor nos perdono antes (Colosenses 3:12-13).  He aquí algunas pautas practicas que nos pueden ayudar a perseverar en cultivar y fortalecer un buen matrimonio:

  • Un matrimonio solido empieza por tener una base divina, en donde ambos conyugues tengan una relación personal con Jesús como Su Señor y Salvador.  Es que al aceptar el sacrificio de Jesús en la cruz por mi, en muchos días difíciles esta convicción me servirá de estimulo para dar la milla extra, y amar, perdonar y servir a mi conyugue aun hasta cuando duela.  (Efesios 5:21; Juan 15:13; Lucas 9:24; Marcos 10:45)
  • Un matrimonio con perspectiva de continua permanencia es aquel que confía en que, aunque haya días difíciles y grandes pruebas por superar, Dios les sustenta y nada que les acontezca escapa a Su control, ni a Su propósito en la vida de Sus hijos. (Isaías 41:10, 31; Salmos 73:26; 1 Crónicas 16:11; 2 Tesalonicenses 3:31)
  • Un matrimonio bíblico es aquel que ha entendido que su matrimonio es un pacto que apunta a la relación de Cristo con Su iglesia, y no de que los conyugues encuentren su felicidad en su relación matrimonial.  Es un matrimonio que tiene la firme convicción de que su mejor manera de adorar a Dios y honrar el sacrificio de Cristo, es a través de una buena relación matrimonial. (Romanos 1:20; Salmos 44:31; 1 Corintios 1:18; Génesis 9:13; Deuteronomio 7:9; Salmos 103:17-18; Mateo 19:6)

No permitamos que los días malos que estamos viviendo, ni el alto llamado nos abrumen.  Dios esta de nuestro lado para ayudarnos a tener un buen matrimonio en este mundo.  Dios pelea con nosotros la buena batalla, El quiere que desde ya en esta tierra comencemos a disfrutar de la vida plena por la que Cristo murió en la cruz.

“Todo lo podemos en Cristo, quien nos fortalece”
Filipenses 4:13

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Cristiana por más de 25 años. Casada con Gregory Salcedo por 19 años, y con quien ha procreado 3 hijos de 14 y 10 años. Psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo. Diplomado en Consejería y Maestría en Terapia Familiar. Es egresada del Instituto Integridad & Sabiduría. Miembro fundador y diaconisa en Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde sirve en el Cuerpo de Consejeros, equipo de liderazgo Ministerio EZER y dirigiendo junto a su esposo grupos de parejas y ofreciendo consejería pre-matrimonial.