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Permanecer en Cristo es nuestra fuente de poder

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El descubrimiento del fenómeno físico de la electricidad fue la base para la vida moderna tal como la conocemos. Muchos consideran el invento de la bombilla eléctrica en el siglo XIX como una de las invenciones más útiles y mas usada por la humanidad. Jamás se imaginaron esas personas que la electricidad no solo serviría para alumbrarnos en la noche si no que sería un elemento indispensable para todos los siguientes inventos de artefactos tales como refrigeradores, radio, tv, computadoras, celulares, etc.; los cuales hoy día son tan fundamentales en la vida cotidiana que nos resulta difícil imaginarnos la vida sin electricidad.

En cierto modo sucede lo mismo en el ámbito espiritual con relación a nuestra unión con Cristo. La unión con Cristo” se refiere a lo que sucede en el momento de nuestra conversión: cuando reconocimos que solo por el sacrificio de Cristo somos salvos, nos arrepentimos de nuestros pecados y los confesamos; recibimos por fe su perdón y nos sometimos al señorío de Cristo; en ese momento recibimos el sello del Espíritu Santo en nuestro corazón por medio del cual fuimos “unidos a Cristo”. En muchas partes de la Biblia esto es mencionado también como “estar en Cristo”.  Esta es la base de la vida cristiana y el elemento indispensable para acceder a todos los recursos que necesitaremos después en nuestro caminar como cristianas, para obtener el poder que necesitaremos para enfrentar todo lo que vendrá y poder vencerlo hasta finalmente llegar a casa con el Señor.

Como cristianas ya estamos unidas a Cristo”, estamos en Él“ quien es nuestra fuente de poder. Ya contamos con la “electricidad en la casa de nuestro corazón”. Pero, así como no basta con contar con electricidad en el hogar, sino que requiere que conectemos los artefactos a ella para que funcionen; así mismo se requiere que nosotras “conectemos” nuestra mente, emociones y voluntad a Él. A este proceso de “conectar” es que llamamos permanecer en Cristo”.  Entonces, así como podemos deducir que en un hogar se esta utilizando la electricidad porque hay varios aparatos eléctricos funcionando y luces encendidas, también podemos deducir que una cristiana está permaneciendo en Cristo porque vemos frutos que se están cosechando en su vida. Hay una luz brillando a través de ella.  A esto se refirió nuestro Señor Jesucristo en Juan 15:4-5cuando dijo“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecen en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto porque separados de mi nada podéis hacer”.

Entonces viene la pregunta: ¿cómo se permanece en Cristo? Para nuestra tranquilidad el Señor mismo nos dio la respuesta. Siguiendo en el mismo capitulo de nuestra cita anterior, unos versículos más adelante, (vs10) él dice: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi padre y permanezco en suamor”. Es como algo así:  nos disponemos a obedecerlo y el nos da la fuerza para hacerlo. Según nos vamos sometiendo, el nos va fortaleciendo. Entonces hasta aquí tenemos:

Para dar fruto debemos permanecer en Cristo y obedecer                 

¿Vamos bien hasta ahora? ¡excelente! pues seguimos. Continuando con la ilustración de la electricidad, para conectar un aparato necesitamos hacer uso de nuestras manos. Tomamos el cable del aparato y lo introducimos en un conector. Pues en la vida cristiana para permanecer en Cristo u obedecer” que es el “conectar” necesitamos “las manos” que vendría siendo el andar en el Espíritu”. El obedecer a su vez es un resultado de andar en el Espíritu.  En Gálatas 5:16 dice “Andad por el Espíritu, y nocumpliréis el deseo de la carne”. Cuando andamos por el Espíritu nos sometemos a la Palabra de Dios, crucificando nuestra carne al no satisfacer nuestros deseos pecaminosos. Y se hace obligatoria otra pregunta: ¿cómo ando por el Espíritu? La misma palabra nos da la respuesta; en Romanos 8:6 tenemos “porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo”. Andar en o por el Espíritu empieza por poner nuestra mente en Jesús, por meditar en Su Palabra, alimentarnos de la Palabra y las cosas de Dios. En Romanos 8 en varias ocasiones el Señor contrasta el andar por el espíritu con el andar por la carne hasta que en el versículo define cada uno: “…porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu”.

En Efesios 5:18 nos dice sino sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor.”

Entonces mis queridas hermanas, ya desarrollamos la ecuación completa:

Para dar fruto   >  Permanecer en Cristo  >   Obedecer   >  Andar en el Espíritu   >   Mente puesta en Cristo.

Ahora yo te pregunto mi hermana: ¿Qué ocupa tu mente? ¿Cuál es la meditación de tu corazón día tras día? ¿Estas alimentando tu carne o tu espíritu? Este es el punto de partida. ¿Quieres permanecer en Cristo y ser llena de Su poder para perseverar? Si es así, sigue los pasos que nos muestra la Palabra:

  1. Llena tu mente con la Palabra de Dios. Medita en ella continuamente. (Salmo 1)
  2. Llena tu corazón con salmos y canciones espirituales, alaba al Señor constantemente. (Efesios 5:8)
  3. Vive conectada al Señor en oración, alabanza, pidiendo ayuda para obedecer, etc. (1 Tesalonicenses 5:17)
  4. Decide en tu corazón obedecer al Señor siempre y cada vez Él te dará las fuerzas y salida. (Juan 15:10 | 1 Corintios 10:13)

De esta manera darás fruto de perseverancia por estar conectada a Su poder.  Entonces ¿qué dices mi hermana? No perdamos tiempo y hagamos nuestra parte, extendamos nuestras manos y conectémonos a nuestra fuente de poder, nuestro precioso y poderoso Señor Jesucristo, a Él sea la gloria por siempre. Amen.

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Amada, perdonada, elegida y adoptada por Dios. Apasionada por Su Palabra y deseosa de compartir con otras Sus virtudes.