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María, la elección de Dios para ser la madre de su hijo

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Angélica Rivera

 “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia” (Lucas 1:38)


Para ser sincera, no sé si me hubiera gustado ser escogida por Dios para ser la madre de Su hijo, en mi humanidad, sería una interrupción de mis planes, una carga pesada de llevar, una herida profunda que traspasaría mi corazón, no fue un llamado fácil, pero me pregunto, ¿acaso la vida se trata de mí? ¿o se trata de Dios? Así que, visto desde una perspectiva divina, por encima del sol, es un privilegio ser escogida por Dios, entre tantas mujeres, de diferentes edades, posiciones sociales, capacidades, para tan importante y única labor, María tuvo el privilegio de ver de primera mano este hermoso milagro y sostener en sus manos al Dios verdadero, encarnado en un bebé y arrullarlo en sus brazos, ella fue un instrumento útil para llevar a cabo Sus propósitos.

Y me pregunto, ¿por qué María? ¿Cuáles cualidades vio Dios en ella para escogerla?

Veamos por lo menos tres cualidades del llamado de María:

  1. Halló gracia delante de Dios, El favor y la presencia de Dios estaban con ella.
  2. María reconocía que era la sierva del Señor.
  3. Un corazón completamente rendido a Su voluntad.


1. Halló gracia delante de Dios

Lo primero que podemos notar es que es la gracia de Dios, nadie es lo suficientemente bueno, ni digno para ser usado por Dios, y es que el personaje principal de cada historia de la Biblia no se trata de ningún ser humano, todo se trata de Dios, es Su historia.

Y esto trae humildad a mi corazón porque reconozco que, si hoy puedo servirle en alguna área, es porque Dios en Su gracia, quiso usarme, no porque yo sea mejor que alguien, ni más inteligente o digna.

El Ángel le explicó que había hallado gracia delante de Dios, entonces no hay lugar para el orgullo, porque sabemos que todo se lo debemos a Él.


2. María reconocía que era la sierva de Dios.

Ciertamente María tenía un corazón humilde delante de Dios, en vez de preguntar las razones de este llamado y pensar en el costo, ella respondió reconociendo que Dios es quien gobierna y que vivimos para hacer Su voluntad, y no la nuestra, así que deberíamos estar dispuestos a decir Señor, he aquí tu sierva, que se haga tu voluntad, en cada momento de nuestras vidas.

María no temió a los hombres y es que no se puede ser sierva de Dios, si tememos a los hombres,

Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. (Ga 1:10)

María, pudo pensar que José, o las personas alrededor la podrían juzgar de inmoral, ¿quién le creería que estaba embarazada del Espíritu Santo, te imaginas eso? Dirían que era una mentirosa, o que estaba loca, ni aún José que era un hombre justo le creía, si no hasta que un ángel se le apareció y le habló.

Así que un corazón de sierva busca como única meta agradar a Su señor.


3. Un corazón completamente rendido a Su voluntad

Cada una de nosotras tenemos diferentes llamados, diferentes pruebas, oportunidades y no sabemos que traerá el día de mañana, pero debemos vivir con un corazón que diga, Si Señor, a lo que sea que El orqueste para nosotras, quizás tengamos que pedir como pidió nuestro Señor que pase de nosotros esta copa, pero debemos estar dispuestas a que no se haga nuestra voluntad, sino la de Dios.

No hay nada que nos haya acontecido o vaya a pasar que Dios no lo haya permitido, así que, en vez de quejarnos, por nuestra situación, digámosle a Dios, hágase conmigo conforme a tus planes.

¿Te atreverías a decirle eso? Él es un buen Padre, podemos confiar en Su amor y cuidado y descansar en El.

¡Que Dios nos haga siervas, que vivan para Su gloria!

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Angélica Rivera de Peña es miembro de la Iglesia Bautista Internacional, República Dominicana, es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y tiene un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary, a través del programa Seminary Wives Institute, está casada con el pastor Joel Peña, encargado del ministerio de Vida Joven de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde Angélica sirve junto a él. Es parte del equipo del ministerio de mujeres Ezer. Tienen dos hijos, Samuel y Abigail.