Inicio Artículos La espera en el Señor y la oración

La espera en el Señor y la oración

902
0
Compartir

La providencia de Dios en ocasiones se presenta con sentido del humor. La providencia de Dios es su orquestación y colaboración de los eventos en este mundo y en nuestras vidas, para su propósito y buena voluntad. Escribir acerca de este tema en medio de circunstancias muy difíciles, acompañadas de gran incertidumbre representa en mi vida una de esas ocasiones. La mayoría de las veces los creyentes, sobre estimamos qué tanto hemos aprendido una lección espiritual para nuestra vida y santificación. Pensamos “si esperé 41 años para casarme y estaba gozosa como soltera, debo tener un doctorado en el tema de la espera”. Y entonces viene una situación difícil que revela si realmente hemos aprendido, si realmente nos hemos rendido y si verdaderamente reconocemos el valor de la espera. 

En dichas situaciones, se hace evidente una verdad que conocemos pero que con nuestras reacciones internas o externas constantemente negamos: Dios está en control. Cuando las cosas no salen como esperábamos, cuando somos tratados injustamente, cuando experimentamos una pérdida tras otra, un no tras otro, una mala noticia tras otra, nuestras reacciones nos delatan. En mi caso es tristeza disfrazada de ira o ira disfrazada de tristeza. Y mientras mas oro mas recibo la misma respuesta: espera. Continúa orando y espera. Mientras escribo estas líneas, mi internet esta muy lento. Y en medio de esto, y en algo tan pequeño como esto tengo que esperar que el computador responda conforme a su programación y capacidad y no conforme a mi expectativa. Y ese es uno de los problemas que la espera revela: nuestras expectativas. Esperábamos no tener que esperar tanto.  Moisés tuvo que esperar a Dios para la entrega de las segundas tablas (Éxodo 24:12), Noemí instruyó a Rut esperar hasta ver cómo se resolvería su situación (Rut 3:18), Job declara su desesperación ante la incertidumbre y la espera de que su situación cambiase (Job 7:2-3); el salmista medita y manda a su alma a esperar en el Señor (Salmos 27:14, 33:20). Pero ¿Cómo espero? No hay duda de que la vida transcurre entre una espera tras otra. Pero la espera no es pasividad, ni negligencia. 

El que espera un trabajo y no está constantemente entregando “currículos”, aplicando a posiciones laborales, preguntando a amigos por referencias, no está realmente esperando en el Señor. La espera en el Señor implica una acción intencional y consistente: a la acción. Y la acción más importante es la oración. 

El cristiano no espera por la suerte, o que cambien los vientos y las temporadas. El cristiano se dedica a la oración para que Dios cambie nuestro corazón en esas mismas circunstancias, en ese tiempo de espera. El cristiano busca aprender lecciones que tal vez lo llevaron a esa situación y humildemente le dice a Dios enséñame tus caminos, enséñame a caminar como tu, enséñame a ser humilde, enséñame que tengo todo lo que necesito. Sin importar si hemos colaborado con nuestras circunstancias o no, la Biblia no nos llama a la estática. La Biblia nos llama a la acción y la acción más importante es la oración. Y en esa espera aprender. 

El Salmo 37 nos abre una ventana a la oración de uno que espera en el Señor. En el versículo 7 leemos: “Confía callado en el Señor y espera en Él con paciencia; No te irrites a causa del que prospera en su camino, Por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.” Y luego en el 34: “Espera en el Señor y guarda Su camino, Y Él te exaltará para que poseas la tierra. Cuando los impíos sean exterminados, tú lo verás.” Pon tu delicia en el Señor y él te dará las peticiones de tu corazón (37:4) debe ser meditado y orado en acuerdo con: “No tienen, porque no piden. Piden y no reciben, porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres.” (Santiago 4:2-4). El deleite en El Señor implica deleite en sus mandamientos y en su propósito, no en nuestra voluntad. Un corazón que se deleita en el Señor es un corazón que anhela y clama “hágase tu voluntad y no la mía”. Una vez ese corazón vive centrado en el cumplimiento de los propósitos y voluntad de Dios, entonces ese corazón recibirá sus peticiones porque estas, vienen centradas en la voluntad de Dios. Si quieres esperar bien, ora. Si quieres orar bien, ora y espera que se cumpla la voluntad de Dios y no la tuya. En adición ora que su voluntad se cumpla, siempre en el tiempo de Dios y a la manera de Dios. 

Algunos otros principios que podemos extraer del Salmo 37:

  • Espera orando sin compararte. Acepta la porción que Dios te asigna. Reconoce que viene de Su mano (Salmos 37:1-2)
  • Espera orando con agradecimiento Todo lo recibido de Dios es inmerecido y por tanto cada gracia que recibimos a diario, debe ser motivo de gozo y agradecimiento. Esperemos sin sentido de derecho, de reclamo, porque Dios no nos debe nada, sin embargo, de su buena voluntad nos ha dado el mayor regalo en vida eterna a través de su Hijo y ser parte de su familia (Salmos 37:16-18)
  • Espera orando con perspectiva eterna. No mires la prosperidad de este lado de la eternidad como muestra del favor de Dios o no. Recuerda que nunca veremos la consumación del reino de este lado de la eternidad, donde el impío recibirá separación eterna, y los que somos de Dios recibiremos el mayor galardón ¡habitar con Cristo, nuestro tesoro, para siempre! (Salmos 37:13, 34-38)
  • Espera orando con paciencia. ¿Has notado que cuando llevas prisa todo parece ir en contra tuya? Muchas veces nuestra perspectiva de que el mundo está en nuestra contra es fruto de nuestra impaciencia y egocentrismo. El mundo no va a nuestro ritmo. Dios tampoco. Esperar desesperado nos hunde en la frustración, irritabilidad y puede llevarnos a la amargura y resentimiento contra Dios y otros que no cumplen con nuestra voluntad de que las cosas sean diferentes. La oración nos recuerda que Dios es quien decide en última instancia la respuesta que habremos de recibir a nuestra oración y aún más, el tiempo de esa respuesta. Cuando nos enojamos o frustramos, aunque sea de manera inconsciente lo hacemos contra Dios (Salmos 37:7,10).
  • Espera orando con humildad, sin airarte e irritarte (37:7-11). Dios ama al contrito de espíritu, pero al altivo lo mira de lejos (Salmos 4:6; 51:17; 138:6)
  • Espera orando que el Señor ordene tus pasos, y que ordene tu vida (Salmos 37:23). Tendemos a esperar sin examinarnos, sin utilizar la espera y la quietud como oportunidad de que Dios corrija nuestro corazón y nuestras acciones. La espera no es perder el tiempo. Es enfocarlo en ser antes que hacer.
  • Espera orando, confesando tus pecados y faltas, examinando tu vida y no viéndote como una víctima de la espera, en la cual Dios mismo te ha colocado ¡Quítate del centro! (Salmos 37:24, 27)
  • Espera orando declaraciones de confianza y agradecimiento por la bondad de Dios y lo que has recibido de Él (Salmos 37:19, 25-26, 28)

Amadas, oremos, busquemos el rostro de Dios mientras esperamos en El, que no salgamos igual de la prueba que como entramos, sino que la imagen de su hijo amado a través de la obra examinadora y a la vez consoladora del Espíritu Santo, podamos salir de cada tiempo de espera, más parecidas a nuestro hermoso Rey Jesús.