Héctor Salcedo • 28 marzo, 2017
La vida de José concluye con una escena que revela el verdadero estado de un corazón formado por Dios a través de décadas de aflicción y fidelidad. Un hombre que llegó al final de sus días familiarmente bendecido, físicamente próspero y materialmente rico — todo lo que el mundo considera éxito — pronuncia palabras que muestran dónde estaba realmente puesta su mirada: "Dios ciertamente os cuidará... llevaréis mis huesos de aquí." José, siendo egipcio en todo el sentido práctico de la palabra, no murió como egipcio. Su corazón estaba en las promesas de Dios, no en las bondades de Egipto.
El pastor Héctor Salcedo explica que esta fe — la misma que Hebreos 11 elogia — tiene componentes específicos: es una certeza de lo que no se ve, no depende de lo que Dios me dé para seguir confiando, entiende que lo terrenal es pasajero, y anhela una patria mejor, celestial. El músculo de la fe, señala el pastor, se desarrolla con el peso de la aflicción. Por eso José pudo hablar de su muerte con naturalidad y confiar el futuro de su familia a Dios sin ansiedad. La pregunta que queda para nosotros es directa: si tenemos más evidencia de la gracia de Dios que todos los hombres de Hebreos 11, ¿por qué seguimos con más anhelo por el mundo que por el cielo?
Según la clase, ¿cuáles son los componentes de la fe que Hebreos 11 presenta como "elogiable" y que José demostró al final de su vida?
¿Por qué el pastor afirma que José, a pesar de haber vivido la mayor parte de su vida en Egipto y haber sido bendecido allí, "no murió como egipcio"?
El pastor menciona que cuando nuestro enfoque es terrenal, estamos más pendientes de nuestra profesión que de nuestro crecimiento espiritual, más del reconocimiento personal que de la gloria de Dios. ¿En qué área específica de tu vida reconoces que tu mirada está más puesta "aquí abajo" que en las cosas de arriba?
José habló de su propia muerte con naturalidad y sin temor. ¿Cómo describirías honestamente tu propia relación con el tema de la muerte, y qué dice eso sobre dónde está puesta tu esperanza?
Si la fe no depende de lo que recibimos de Dios — porque muchos héroes de la fe murieron sin recibir las promesas — ¿cómo debería cambiar esto la manera en que evaluamos si Dios está siendo "bueno" con nosotros en temporadas difíciles?