La gracia de Dios no se detiene en el momento de la conversión. Cuando Dios salva a un pecador, se compromete también a santificarlo y preservarlo hasta el final. Esta es la eficacia de su gracia: lo que Dios comienza, lo perfecciona. La santificación —ese proceso que ocurre entre la justificación y la glorificación— no es opcional ni depende únicamente del esfuerzo humano. Es obra de Dios en nosotros, aunque requiere nuestra participación activa. Como lo expresa Filipenses 2:12-13, debemos ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien obra en nosotros tanto el querer como el hacer.
El pastor Héctor Salcedo aclara que el propósito de Dios para cada uno de sus hijos no es hacernos ricos, sanos o exitosos según criterios mundanos, sino hacernos santos —conformarnos a la imagen de Cristo. Esto transforma nuestra perspectiva ante las dificultades: lo más importante no es lo que nos pasa, sino lo que ocurre en nosotros a través de esas circunstancias. La pobreza, la enfermedad o el fracaso pueden ser instrumentos de santificación si Dios así lo dispone. Nuestra tarea es obedecer la Palabra; la de Dios es cambiar nuestro corazón. Cuando resistimos ese proceso, su disciplina amorosa nos alcanza, porque él nunca experimenta frustración en el accionar de su gracia. El que comenzó la buena obra, la perfeccionará.
Según la clase, ¿cuáles son los tres aspectos en los que la gracia de Dios es eficaz en la vida del creyente, y qué distingue a la santificación progresiva de la santificación posicional?
¿Qué significa la afirmación de que "Dios santifica mientras el hombre obedece"? ¿Cómo se relacionan la responsabilidad divina y la humana en el proceso de santificación?
Piensa en alguna dificultad reciente que hayas enfrentado. ¿Qué "afloró" en tu corazón durante esa situación —ansiedad, ira, falta de fe, queja— y cómo respondiste a lo que salió a la superficie?
La clase plantea que el bien que Dios busca para nosotros es nuestra santidad, no necesariamente prosperidad o salud. ¿En qué área de tu vida has estado pidiendo que Dios cambie tus circunstancias cuando quizás él está más interesado en cambiar algo en ti?
¿Cómo podemos distinguir entre simplemente "cumplir con actividades religiosas" y realmente participar en el proceso de santificación que Dios está obrando en nosotros? ¿Qué evidencias concretas deberían verse en alguien que está cooperando activamente con la gracia santificadora de Dios?