El creyente ha sido trasladado de las tinieblas a la luz, pero ¿vive realmente como alguien que pertenece a esa nueva realidad? Efesios 5 presenta un contraste radical entre dos estilos de vida: el del incrédulo, caracterizado por inmoralidad, impureza, avaricia y groserías, y el del hijo de Dios, llamado a imitar al Padre, andar en amor como Cristo amó, y producir fruto de bondad, justicia y verdad. Pablo no simplemente prohíbe ciertas conductas; va más profundo al señalar que detrás de cada pecado hay un ídolo, y que quien vive habitualmente en tales prácticas demuestra que no tiene herencia en el reino de Dios.
La clave para vivir esta nueva vida no es un esfuerzo moral heroico, sino la llenura del Espíritu Santo. Así como el alcohol controla a quien se embriaga, el Espíritu debe controlar al creyente. De esa llenura fluyen naturalmente los salmos en lugar de las groserías, la gratitud en lugar de la avaricia, y la sumisión mutua en lugar de la rivalidad. El pastor Núñez enfatiza que incluso las instrucciones sobre el matrimonio —la esposa sometiéndose como al Señor, el esposo amando como Cristo amó a la iglesia— son imposibles sin esta realidad espiritual previa. La vida cristiana, insiste, no es tan complicada como la hacemos; el problema es que resistimos al Espíritu que ya habita en nosotros.
Según la clase, ¿qué diferencia hay entre decir que "antes andabas en tinieblas" y lo que Pablo realmente afirma: "antes erais tinieblas"? ¿Por qué importa esa distinción?
¿Cuál es el antídoto que Pablo ofrece para combatir pecados como la inmoralidad y la avaricia, y cómo explica la clase que funciona prácticamente?
Cuando tomas decisiones importantes —sobre trabajo, relaciones, uso del tiempo— ¿con qué frecuencia la pregunta que te haces es "¿qué tiene de malo?" en lugar de "¿qué agrada al Señor?"? ¿Qué revela eso sobre dónde está realmente tu corazón?
La clase menciona que la llenura del Espíritu produce fruto visible: amor, gozo, paz, mansedumbre, dominio propio. Si alguien observara tu vida esta semana —tus palabras, tus reacciones, tu trato con otros— ¿qué evidencia encontraría de ese fruto?
El pastor Núñez afirma que la vida cristiana es simple pero no fácil, y que nosotros la complicamos. ¿En qué áreas crees que los creyentes tienden a complicar lo que Dios ha hecho sencillo, y por qué lo hacemos?