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Elías, un hombre necesitado del Señor, como tú y como yo

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“Ten misericordia de mí, oh, Dios, porque me devoraría el hombre; Me oprime combatiéndome cada día. En el día que temo, yo en Ti confío” (Salmo 56: 1,3).

Amo la sinceridad y transparencia con que el Señor inspiró a quienes escribieron Su Palabra, Su Palabra es la Verdad. Nosotros, los humanos, en nuestro pecado, tendemos a usar filtros, decoramos la realidad para que parezca más bonita, ¡Dios no!; desde Sus ojos santos, lo bonito, lo hermoso, es la verdad, y Él no usa filtros, y sus hombres y mujeres en Su Palabra, están descritos tal cual, ni se les añade ni se les quita, se presentan con sus virtudes y fortalezas, pero también con sus debilidades, miedos e inseguridades. 

Hoy quiero que veamos un hombre en la Biblia a quien muchos admiramos por su valentía, y del cual, su historia es conmovedora, pues es un hombre que verdaderamente amaba al Señor, pero que al igual que tú y que yo, tenía debilidades. De hecho, la Palabra del Señor en Santiago 5:17, dice que era un hombre sujeto a pasiones (otras traducciones dicen debilidades), semejantes a las nuestras. ¿Y quién no conoce de Elías? La mayoría o tal vez, todas ustedes, las que están leyendo esta reflexión, han escuchado o han leído en la Biblia sobre Elías.

En el libro “Elías” del autor Charles Swindoll, él dice que “Elías, fue un profeta valiente, sin lugar a dudas. También fue un hombre de gran humildad, como hemos visto. Pero no olvidemos que era a penas un hombre, un ser humano, sujeto a la condición humana, como todos nosotros. Él supo lo que fue el desánimo, el abatimiento y la depresión. Y en una ocasión no pudo librarse de ellos”.

Por la Palabra sabemos que Elías vivió en el tiempo del rey Acab, un rey que hizo lo malo delante de los ojos del Señor, más que todos los reyes que fueron antes que él y que dentro de su maldad, se casó con Jezabel, una mujer extranjera, cuando a los israelitas el Señor les había mandado no casarse con las extranjeras, y no sólo eso, sino que era una idólatra, profetisa de Baal, además, mujer perversa y arbitraria. Su marido, el rey Acab, era dominado por ella; este hombre no lideró ni a su esposa ni al pueblo, como Dios manda, él adoró a un Dios falso, a Baal, e hizo que el pueblo pecara, adorando a Baal también. De esto que les estoy hablando lo pueden leer en los capítulos 1Reyes 16:30-31, y 21:22. Esta fue una pareja indeseable, y a ellos, era que nada más y nada menos, se estaba enfrentado Elías. 

Muchos dirán: ¿pero y cómo Elías enfrenta a 450 profetas de Baal, y luego huye de una mujer? Pero, ¿cómo así?  Sí, Elías tuvo el valor de enfrentar a los profetas de Baal; valientemente enfrentó también al rey Acab, le dijo que no iba a llover a menos que fuera por su palabra, y luego Jezabel lo amenaza y Elías se esconde en una cueva. Pareciera que son dos personas diferentes, ¡pero no!, es la misma persona, con estados de ánimo cambiantes, con un choque de emociones, abatido, desanimado, con cansancio físico, en un tiempo de desenfoque de su norte y propósito, lidiando con su temor y con su percepción de que estaba solo. Elías estaba triste, profundamente triste, y lo que les acabo de mencionar y tal vez otras cosas, pudieron haber sido la causa de su profunda tristeza. Nosotras, como seres humanos, tenemos un tiempo y una energía limitada, Elías no era diferente, él se cansaba también, y cuando estamos cansados física o mentalmente, no pensamos con claridad, se nos nubla la razón, y ante amenazas reales como las que estaba enfrentando Elías, podríamos entrar en una crisis de temor o desesperanza, o de ambas a la vez. 

La Palabra nos dice que Jezabel mandó a matar a Nabot, para que su esposo Acab, que quería su viña, se quedara con ella, ya que Nabot (en su derecho), se había negado a vendérsela, porque no quería vender su herencia. Jezabel, de manera malvada y perversa, levantó un falso testimonio en contra de Nabot, diciendo que él había blasfemado en contra de Dios y el pueblo, para justificar su asesinato. Imagínate, si alguien como ella, te está persiguiendo para matarte, ¿tendrías miedo?   Puede que me digas que sí; en este caso, entenderías un poco a Elías, y comprenderías que aún amando a Dios y creyendo en Él, a veces nos desenfocamos, y quitamos los ojos del Señor y los colocamos en nuestras circunstancias adversas, o puede que me digas que no, que no sentirías miedo, pero debo decirte que aunque no seas una persona temerosa, como seres humanos, con emociones cambiantes, en algún momento experimentarás temor por algo que quizás otros cuestionen. Elías estaba enfrentándose a dos personas con poder humano y sin temor de Dios, y después de varias victorias en el Señor, estaba agotado, estaba experimentando miedo, tristeza y desesperanza, ¿te identificas con este cuadro? Es muy probable que la situación difícil que vivió Elías, no la estás pasando, pero tal vez estás teniendo otro tipo de persecución. Hermana, sea cual sea la razón de nuestro temor o de nuestra tristeza, Dios está con nosotras, Él no nos deja ni nos desampara; aunque todos nos abandonen, Él permanece a nuestro lado, Él ha prometido estar con nosotras todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20).

Hermana, aunque nuestro temor sea cuestionable para muchos, para Dios no es sorpresa, Él no se asombra de nuestro temor, Él conoce nuestros corazones mejor que nadie; si no lo crees, mira el ejemplo de Elías. Después del Señor darle todas esas victorias que hemos mencionado, y luego que él experimentara miedo, Dios no lo reprochó, ni lo desechó por su temor, ¡no!  Dios fue paciente y tierno con Elías, nuestro Señor sabía que Elías necesitaba ánimo y consuelo. En el capítulo 19 de 1 de Reyes, vemos cuando Elías anduvo por el desierto, y se sentó bajo un enebro y pidió morirse, el Señor mandó un ángel a animarlo, y el ángel le dijo: “Levántate y come”, y había una torta cocida y agua, y luego de comer, Elías volvió a acostarse, y el ángel vino por segunda vez, lo tocó y le dijo: “Levántate y come, porque largo camino te resta”, y funcionó porque Elías se levantó, y con la fuerza de esa comida camino 40 días y 40 noches hasta el monte Horeb. Después el mismo Dios, en el susurro de una brisa apacible, le habló y le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?, y luego de Elías responderle, el Señor con amor le da instrucciones de lo siguiente que él debe hacer. Ciertamente nuestro Dios es tal como nos enseña Su Palabra, manso y humilde y un Padre amoroso y tierno; y si Él tuvo ese trato misericordioso con Elías, también lo tendrá contigo y conmigo en nuestras circunstancias, ¡No temamos! ¡Confiemos!  

Amada hermana, es probable que te identifiques con Elías, en el sentido de que ves grandes obras del Señor en tu vida o en tu alrededor, y luego te atemorizas con una situación amenazante que probablemente escapa de tus manos, pero que no escapa de las manos de Dios.  Te soy sincera, yo me identifico con Elías; mi temor, a veces hace que yo vea al hombre o las circunstancias, grandes y vea a Dios, pequeño. Es como una  especie de amnesia temporal que me da, me olvido de lo grande que es nuestro Dios, y de lo pequeñas que son las circunstancias y el hombre(incluyéndome a mí); con razón el salmista dice: “Bendice, alma mía, al SEÑOR, y no olvides ninguno de Sus beneficios. Él es que perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus enfermedades; El que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión” (Salmo 103:2-4). Constantemente tenemos que recordarle a nuestra alma Quién es Dios y lo que ha hecho en nosotras, recordarle que Él nos ha salvado de nuestros pecados y nos ha dado una nueva vida en Cristo, que cualquier temor que estemos enfrentando, aunque parezca gigante, es enano delante del Señor; tal vez el estar enfrentando ese temor y creer al igual que Elías, que estamos solas, ha magnificado el asunto, llegando a entristecernos profundamente, pero no olvidemos que el Señor está a nuestro lado, y que el hecho de que Él nos ame, es el mayor consuelo que tenemos. Independientemente de las circunstancias que estemos atravesando, tenemos que creer y vivir esta verdad, pues somos muy dadas a olvidar cuando llega la aflicción y la tristeza.

Hoy quiero recordarte lo que nos dice nuestro Señor Jesucristo:

“Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33).