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El Dios que está presente

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“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”
(Gálatas 5:25)

Todos hemos oído de Ester, ¿cierto? Creo que hasta los que no leen la Biblia han escuchado de ella, y es que el libro de Ester encierra una historia, y los seres humanos somos de alguna manera cautivados por las historias; no sé a ustedes, pero a mí me gustan las historias de amor, leer cómo el Señor cruza los caminos de dos personas, cómo se enamoraron. Todos esos detalles a mí me parecen muy interesantes, y algo más interesante aún, es ver la providencia del Señor en la vida y circunstancia de una persona. La historia de Ester no es como esa típica historia romántica donde un rey bondadoso y honorable se casa con una muchacha de pueblo, ¡no!  Es la historia providencial del amor del Señor por Su pueblo, que usa a una joven huérfana como instrumento para salvarlo de la destrucción. En el libro de Ester podemos ver a una mujer valiente, pero ¿de dónde provenía esta valentía?  Sabemos que no era porque provenía de una familia influyente o poderosa, era huérfana; su piadoso primo Mardoqueo fue quien la crio.  Indudablemente su valentía provenía del Señor, Él era quien la llenaba de ese valor, y fue quien orquestó que ella llegará al palacio y se convirtiera en reina.

Ester fue una mujer que se dejó usar por el Señor, ella fue instrumento en las manos del Señor, para Él salvar Su pueblo de sus enemigos, en este caso, Amán (uno de los servidores del rey, a quien este lo había elevado por encima de todos los demás servidores), quien por soberbia quería destruir todo el pueblo judío.  El Señor no solo la usa a ella, sino que usa de manera maravillosa a Mardoqueo, y me encanta la manera contundente del mensaje que mandó a Ester. Leamos: “Entonces Mardoqueo les dijo que respondieran a Ester: No pienses que estando en el palacio del rey solo tú escaparás entre todos los judíos. Porque si permaneces callada en este tiempo, alivio y liberación vendrán de otro lugar para los judíos, pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para una ocasión como ésta tú habrás llegado a ser reina?” (Ester 4:13-14). Ante esto,ella responde: “Ve, reúne a todos los judíos que se encuentran en Susa y ayunad por mí; no comáis ni bebáis por tres días, ni de noche ni de día. También yo y mis doncellas ayunaremos. Y así iré al rey, lo cual no es conforme a la ley; y si perezco, perezco” (v.16). ¡Wao! ¡Qué palabras tan precisas, las que El Señor puso en Mardoqueo, y qué determinación puso Dios en Ester! “Si perezco que perezca”, éstas fueron unas palabras heroicas. En la providencia de Dios, para un tiempo así, ella llegó a ser reina, Dios no juega al azar; todo lo que pasa en nuestras vidas, el Señor lo usa para Sus propósitos. Leemos que Ester tomó esta noticia con una actitud valiente, tomando en cuenta que al presentarse ante el rey sin anunciarse podría correr el riesgo de morir. Ella no pensó: Bueno yo he tenido una vida difícil, huérfana, vengo de un pueblo exiliado, y ahora que estoy “segura en el palacio,” no voy a arriesgarme. ¡No!, ella pensó en el bien del pueblo más que en su propio bien. ¡Qué fortaleza y valentía depositó el Señor en Ester! No sé si lo han notado, pero, el nombre del Señor no aparece en el libro de Ester, pero sabemos que Él está presente en todo lo acontecido.

Charles Swindoll, en su libro sobre la biografía de Ester, dice lo siguiente:

Aunque Dios puede a veces parecer distante, y aunque es invisible para nosotros, Él es siempre invencible. Esta es la principal lección del libro de Ester. Aunque Su nombre está ausente de las páginas de este libro singular de la historia judía, Dios está presente en cada escena y en la evolución de todos los acontecimientos, hasta que finalmente lleva todo a un clímax maravilloso al demostrar que es el Señor de Su pueblo Israel”

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25). Podemos decir sin temor a equivocarnos que Ester fue una mujer que vivió y caminó por el Espíritu, ella no se manejó impulsivamente ni le dio lugar al obrar de la carne; si se fijan en el versículo citado arriba (Ester 4:16), ella le dijo a Mardoqueo que ayunarán por ella, y que ella también ayunaría. Es muy probable que ese ayuno estuviera acompañado de oración, ella dependía de lo que Dios pudiera hacer, no de sus fuerzas o posición como reina, esposa del rey. ¡Qué buena lección nos da esta mujer!  Muchas de nosotras enfrentamos situaciones que las vemos más grande que nosotras, y muchas veces, en vez de recurrir primero a Dios, recurrimos al hombre, ¿no te ha pasado? Con esto no quiero decir que no es licito buscar el consejo de personas maduras y con más experiencia que nosotras; lo que sí quiero es que entendamos, que antes de recurrir a cualquier persona, vayamos primero a Dios, que busquemos Su rostro en oración y que Él nos oriente al dar el próximo paso, ya sea callar y esperar, o pedirle ayuda a alguien, como Ester lo hizo. Ella no usó su posición como reina para ir de inmediatamente al rey, ella confió en que el Señor era “Su Socorro, Su Pronto Auxilio, Su Refugio, Su Ayuda y Libertador.” El que ella fuera a Dios primero, antes de ir a su esposo, demostró que era una mujer que andaba en el Espíritu, que entendía que el Señor es quien pone gracia y que todo lo que está en Sus propósitos Él lo lleva a cabo, y nadie puede obstaculizar Sus planes. Proverbios 21:1, dice: “Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; Él lo dirige donde le place”. Vemos cómo se cumplió este versículo con el rey Asuero, al ser movido por Dios conforme a su plan establecido para el bien de su pueblo.

Amada hermana, es cierto que pocas de nosotras llegaremos a estar en una posición semejante a la de Ester, pero sí tienes un llamado de parte de Dios. Todas tenemos un papel esencial que representar en el plan de nuestro Señor. Hay llamados generales, para todas; glorificar al Señor, por ejemplo, la gran comisión (Mateo 28:19-20), pero también hay un llamado particular para cada hija de Dios.  Al igual que Ester, camina por el Espíritu al ejercer tu llamado, y no te dejes llevar por los impulsos de la carne; antes de ir a cualquier otro lugar, ve primero a Dios, ve a Su Palabra, ahí encontrarás Su guía. El Señor no nos necesita para llevar a cabo Sus propósitos, pero Él por Su amor y gracia nos quiere usar como Sus instrumentos, y si en desobediencia nosotras nos rehusamos en hacer los que nos manda, lo que Él quiere hacer no se va a parar por nosotras. Él, de manera soberana, llevará a cabo Sus planes, tal como le quiso decir Mardoqueo a Ester, parafraseando lo que él dijo, “si tú rehúsas actuar en ese momento, alguien más vendrá a librar a tu pueblo, pero tú y los tuyos serán destruidos, y quizás la oportunidad de salvar a tu pueblo era la razón por la que has llegado a ser reina.” Ahora te digo a ti y me digo a mí misma: Si rehusamos en ser usadas para los propósitos del Señor, Él tiene de más quien lo pueda hacer, pero nosotras nos perderemos el gran privilegio de que a Él le plazca hacernos parte de Su gran obra, o nos pasará como a Jonás, que se rehusó a hacer lo que Dios le mandó, y al final tuvo que hacerlo, pero lo hizo enojado y de mala gana. Hermana, que esa no sea nuestra actitud, porque no sería provechoso, ¿cierto?

Recuerda hermana, no tienes que temer a hacer la voluntad de Dios; si Él te manda, Él mismo te respalda, Él no te dejará sola a tu suerte, ¡no! Nuestro Dios está presente, aunque en ocasiones nos sintamos físicamente solas, desorientadas o sin saber qué hacer, Él está con nosotras.  Así como Él estuvo presente en cada detalle que encontramos en el libro de Ester, Él está presente en cada cosa que pasa en nuestras vidas. Mi oración es que tú y yo seamos más conscientes de Su presencia.  Cuando estemos alegres, saber que Él está presente dándonos esa alegría; cuando nos encontremos en peligro, saber que Él está con nosotros; cuando nos vemos tentadas a pecar, saber que Él está cercano viéndonos; cuando estamos débiles o enfermas, saber que no es ajeno a nuestro dolor, sino que Él está ahí.  También cuando no sabemos cómo salir de un conflicto o de una situación difícil, tenemos que confiar que Él está presto para ayudarnos y defendernos a nosotras o a todo un pueblo a través de nosotras, así como libró a Israel de Amán y de sus horrendos planes. Lo que el Señor te ha mandado hacer, ¡hazlo! Y ten en cuenta que Él es el Dios que está presente, ¡Créelo!