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Cultivando un carácter cristiano a través de la aflicción

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Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable”
(1 Pedro 2:9)

Relaciones difíciles, un diagnóstico inesperado que mina nuestra salud, emociones y finanzas; cambio o pérdida de un trabajo; un negocio que no resultó como se previó; un hijo que no está andando en los caminos del Señor; padres mayores que demandan más tiempo y cuidado. ¿Te identificas con alguna de estas situaciones? ¿O tal vez es otra circunstancia o relación que te ha robado el gozo y la alegría? ¿Estará Dios pensando en ti en medio de este tiempo de aflicción?

Amada hermana, te tengo una buena noticia. Es cierto que en nuestro diario vivir nos enfrentamos a eventos que son incómodos, irritantes y muchas veces dolorosos de los cuales no tenemos el control. En ocasiones lo que esperábamos no sucede y eso nos trae aflicción. A veces son momentos pasajeros, pero algunos duran días, meses o tal vez años. ¿Habrá algún aprendizaje para nosotras en medio de tantas lágrimas y dolor? Dios tiene un propósito para todo en nuestras vidas y nos permite estos tiempos difíciles para darnos la oportunidad de caminar con Él muriendo a nosotras mismas (Romanos 8:13; Gálatas 2:20) y que Cristo sea formado en nosotras (Gálatas 4:19).

En 1 Pedro 1:9, tu y yo, hemos sido llamadas a anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable, ¡las virtudes de nuestro Señor Jesucristo! Si, somos linaje escogido, real sacerdocio, parte de una nación santa y parte de un pueblo adquirido por Dios a un precio muy alto, ¡con un propósito! ¿Quiere decir esto que tenemos que tomar una bocina y gritar por los balcones y en las calles que Jesús es amoroso, paciente, compasivo, misericordioso, reconciliador? ¡No!, las anunciamos a través de nuestro carácter que es manifestado por nuestra conducta en relación con otros y en nuestras respuestas ante cada evento en nuestra vida. Y Su carácter no puede ser formado en nosotras si no morimos a nosotras mismas para que yo mengüe y el crezca (Juan 3:30).

La forma en que respondes ante un vecino o jefe irritante; la impuntualidad de algún compañero de trabajo; la crítica de un familiar cercano; el aumento de salario que no recibiste o la pérdida de empleo de tu esposo, muestra tu carácter.  ¿Qué decisión vas a tomar ante esas circunstancias que te afligen?, ¿Te quejarás y llenarás de amargura o permitirás que Dios obre en tu interior a través del Espíritu Santo cultivando virtudes piadosas en ti como el amor, la paciencia, la mansedumbre, la amabilidad, la bondad, la prudencia y la fe entre otras?

Podemos definir carácter como: “las cualidades peculiares, impresas por naturaleza o hábito en una persona, las cuales las distinguen los demás” (Diccionario Webster 1828); “La suma total de los hábitos de uno” (J. P. Moreland); “Como se entiende tradicionalmente, del hebreo y más adelante del griego, el carácter es la forma interior que hace a una persona o cosa lo que es, sea una persona, un vino o un período de la historia. Es el “material” esencial del cual está hecho una persona, la realidad interna y las cualidades en las que sus pensamientos, habla, decisiones, conducta y relaciones están arraigadas.  Por lo tanto, el carácter determina la conducta, así como la conducta demuestra el carácter” (Character Counts, Os Guinness 1999).

Ciertamente, hay rasgos de nuestra personalidad que hemos heredado a través de los genes recibidos de nuestros padres y determinan nuestro temperamento, sin embargo, el carácter no se hereda, sino que se forma a través de todas las pequeñas y grandes decisiones que vamos tomando diariamente y que luego se convierten en hábitos; todos estos hábitos son nuestro carácter.

Entonces, ¿Qué rol juega el sufrimiento en la formación de nuestro carácter? La forma en que respondemos ante él irá formando hábitos en nuestro interior que luego formarán parte del carácter.  

El apóstol Pablo en Romanos 5:3-11 nos anima a “gloriarnos en las tribulaciones” porque ellas cultivan virtudes en nosotras; Santiago 1:2-4 nos enseña que “tengamos por sumo gozo cuando nos hallemos en diversas pruebas” y luego nos hable de la fe y la paciencia; el apóstol Pedro en 1 Pedro 4:12-13 nos exhorta a no sorprendernos “del fuego de prueba que nos ha sobrevenido”.  Son valiosas oportunidades para que las virtudes de Cristo sean formadas en nosotras.

Amada hermana, que, en medio de este tiempo pasajero de aflicción, como parte del linaje escogido, la nación santa, el real sacerdocio y el pueblo adquirido por Dios, puedas tomar decisiones que cultiven en ti las virtudes de nuestro amado Señor Jesucristo. Recuerda que no estás sola, El prometió estar contigo todos los días hasta el fin (Mateo 28:20b) y nunca te dejará ni te desamparará (Josué 1:5; Hebreos 13:5).

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Esposa de José Alfonso Poy y madre de dos hijos. Sicóloga escolar de profesión con diplomado en Educación cristiana del Seminario Teológico Presbiteriano, Mérida, México. Miembro de la IBI desde el 2010 y parte del ministerio de misiones Antioquía. Directora del Programa AMO para América Latina y el Caribe. Apasionada por la enseñanza bíblica y convencida del poder de la educación para bien o para mal, según donde estén sus raíces.