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Cristo, ¡anunciado, llegado y esperado!

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Pasaje Bíblico: Malaquías 4 & Mateo 17:1-13

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Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Cristo, ¡anunciado, llegado y esperado!” como continuación de la serie “Volveos a Mí”. Este sermón fue basado en dos pasajes: Malaquías 4 & Mateo 17:1-13.

El tema central de todo el libro de Malaquías es una apelación poderosa y apasionada para que el pueblo se arrepienta de su pecado y regrese a Dios. Es una súplica acompañada de una rica promesa si respondían y de una severa advertencia si se negaban.

El profeta Malaquías cierra el Antiguo Testamento anticipando la primera venida de Cristo y apuntando a la segunda venida de Nuestro Señor. De ahí el título del mensaje: Cristo, ¡anunciado, llegado y esperado!

El pueblo acusa o refuta a Dios unas seis veces a lo largo de este libro como vimos. La última acusación del pueblo contra su Dios en Malaquías 3:14-15: “Ustedes han dicho: “En vano es servir a Dios. ¿Qué provecho hay en que guardemos Sus ordenanzas y en que andemos de duelo delante del Señor de los ejércitos?”

Parte de nuestro problema como seres humanos caídos con una mente limitada es que tendemos a concluir a mitad de la historia. En el tiempo de Malaquías, el liderazgo del pueblo y el pueblo mismo concluyó que servir a Dios no valía la pena; que no había ningún provecho en guardan Sus mandamientos. Si hubiésemos juzgado la vida de Cristo por lo que pasó el viernes en la tarde, en la noche de ese día hubiésemos estado concluyendo de la misma manera: que Jesús sirvió a Su Padre en vano. Así concluimos nosotros muchas veces en medio de nuestras propias historias porque no podemos ver los propósitos de Dios en medio del dolor que experimentamos.

Luego, en Malaquías 3:15b de el pueblo agregó, “No solo prosperan los que hacen el mal, sino que también ponen a prueba a Dios y escapan sin ser castigados.” Estos versículos son notables porque en Malaquías 4, Dios se propone refutar tales acusaciones y mostrar lo que el futuro traerá: un juicio severo para los incrédulos que se han rebelado contra Dios y enormes bendiciones para aquellos que le han creído a Dios. Esa es la ira que Dios descargó sobre los hombros de Su Hijo para que no caiga sobre los tuyos; la ira que angustió a la Segunda Persona de la Trinidad en la cruz hasta clamar “Dios mío, Dios mío porqué me has desamparado.”

El que Dios haya sido paciente y retenido Su juicio no implica que Dios haya sido insensible a la maldad de los hombres. Más bien, Dios ha sido misericordioso, no deseando que nadie se pierda y postergando Su juicio mientras se sigue predicando un mensaje de arrepentimiento para que muchos que hoy están bajo condenación pudieran estar bajo salvación mañana.