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Ahogados en el estrés

2011
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Hoy predicó en la IBI Oskar Arocha en base a los versículos del 18 al 20 de Marcos, capítulo 4, bajo el título El Stress Ahoga La Palabra.

Estos versículos  narran  la parábola del sembrador dicha por Jesús, haciendo hincapié sobre la siembra de la Palabra en corazones que están más atentos y concentrados  en los afanes de este mundo, más entretenidos en las riquezas materiales  que no les permite recibir el mensaje que trae las Escrituras.

El stress es una reacción que sufrimos por diversas razones, principalmente cuando estamos enfocados en el futuro de nuestra vida, en lo que creemos que sucederá en torno a nuestra familia, trabajo, negocio, etc.  

En términos espirituales el stress nos habla mintiéndonos, haciéndonos creer que por sufrirlo y buscar soluciones mundanas resolveremos nuestros problemas. Nos empuja a buscar soluciones mundanas. 

Las influencias del mundo llevan a muncha gente a creer que esto es cierto, se refugian en soluciones mundanas, sin embargo inmediatamente aprenden que sólo era mentiras e ilusiones, porque solo la Palabra de Dios es la que trae soluciones a los problemas de la vida.

El stress viene acompañado de ansiedad, la cual  es desencadenada cuando algo que valoramos está en riesgo.  Es decir, que lo que valoramos  podría estar controlando nuestras reacciones, hasta nuestra vida. Esto que valoramos podrán ser cosas materiales, personas, trabajos, etc. y si percibimos que están en riesgo de perderse nos produce stress y ansiedad.

En estos versículos, Jesús nos muestra que las preocupaciones del mundo, que las cosas que valoramos, no permiten que la Palabra de Dios haga raíces en nuestro corazón. El stress demuestra que tenemos ídolos en nuestro corazón, llega hasta a sacar a Cristo del corazón, porque preferimos los métodos mundanos a esperar lo que Dios hará en nuestra vida, porque pensamos que estos métodos son más rápidos y efectivos.

En Marcos 4:20 Jesús nos dice que necesitamos un cambio en el corazón, tener un corazón donde la Palabra profundice sus raíces, florezca. El problema del stress es la incredulidad, no creemos en las promesas de Dios, mientras si creemos en las soluciones del mundo.

La solución es un cambio en nuestro corazón, un cambio en nuestras expectativas y en nuestra fe, para creer completamente en las promesas de Dios.  El que confía en Cristo no temerá recibir malas noticias, porque El es la roca firme, el castillo fuerte, nuestro refugio fuerte, nuestro rio de agua viva.

Padre celestial, ayúdanos a confiar en ti y en tus promesas, que podamos volcar nuestras  preocupaciones y stress en Ti, aumenta nuestra fe para creerlo y fortalece nuestro corazón para vivirlo. Bendiciones.

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