Charbela El Hage de Salcedo y Héctor Salcedo • 8 junio, 2021
La deuda es uno de los temas más polarizantes en el ámbito de las finanzas personales: hay quienes la consideran pecaminosa en cualquier circunstancia, y quienes la celebran como una herramienta de progreso sin mayores reservas. La Biblia, sin embargo, no ofrece una prohibición absoluta ni un estímulo irrestricto. Pasajes como Deuteronomio 28 y Proverbios 22.7 no prohíben endeudarse, sino que describen realidades: uno, el estado de prosperidad al que Dios llamaba a Israel era tal que no requeriría pedir prestado; el otro, que quien debe queda en una relación de obligación con su acreedor. La conclusión es clara: la deuda se permite, pero exige sabiduría, cuidado y debe reservarse para cuando sea estrictamente necesaria.
Los peligros de endeudarse son tanto espirituales como financieros. Espiritualmente, la deuda puede convertirse en una licencia para financiar impulsos y excesos, erosionando el dominio propio. También alimenta la autosuficiencia, porque cuando el préstamo resuelve el problema de inmediato, resulta fácil no acudir a Dios en oración ni buscar su provisión. Además, ata la libertad de la persona a una obligación que no puede ignorar. Financieramente, las tasas de interés variables y la dependencia de uno o dos ingresos estables representan riesgos reales que pueden desestabilizar una familia entera.
No todas las deudas nacen del mismo lugar. Algunas surgen de gastos sistemáticamente excesivos —la categoría más preocupante—, otras de necesidades reales como vivienda o transporte, y otras de emergencias imprevistas como una enfermedad o un desempleo. La clave para discernir si una deuda es legítima es sencilla pero poderosa: ¿puede esperar? Lo que no puede esperar y no tiene otra solución, justifica acudir al préstamo. Lo que sí puede esperar, interpela al corazón a ejercer paciencia y confianza en Dios.
Chárbela Salcedo es miembro de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, donde forma parte del ministerio de mujeres Ezer. Está casada con el pastor Héctor Salcedo y juntos tienen dos hijos, Elías y Daniel. Sirve junto a su esposo conduciendo el podcast Tu corazón y el dinero. Posee una maestría en Formación Espiritual y Discipulado del Moody Theological Seminary de Chicago.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.