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Gracias Ravi

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Aún recuerdo cuando en abril del año 2006 leía el libro “Cries of The Heart” (Lamentos del corazón) de Ravi Zacharias. No sé quién me introdujo a este libro. Quizás fue otro autor al que había leído recientemente, o quizás la misma tienda de libros me lo había recomendado. Pero cuán sorprendido estaba de este autor a quien recién conocía y de su capacidad de presentar una defensa del evangelio de Cristo en una manera razonada y muy bien articulada, para un público que demandaba respuestas de alto nivel intelectual sobre la fe cristiana.

Al pasar de los años continué leyendo los libros de Ravi y aprendiendo de él, pero no fue sino hasta junio del año 2014 cuando su ministerio comenzó a tener un impacto significativo en mi vida. En ese mes ingresé a su instituto de apologética cristiana “RZIM Academy” y comencé a tomar todos los cursos que tenían disponibles, con el fin de capacitarme mejor en cómo defender mi fe ante mis amigos y conocidos no cristianos.

Es por esta razón y en memoria de Ravi, que deseo compartir con ustedes algunas de las cosas que aprendí de él y que me han marcado para siempre.

Más que nada, la tarea del apologeta cristiano es el apologeta mismo.

Para Ravi, la apologética comienza con el apologeta mismo. Pero no en el sentido de su preparación intelectual como uno tendería a pensar, sino en su separación y consagración para Dios, tal y como el apóstol Pedro nos exhorta en su primera carta donde dice “santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones” (1 Pedro 3:15). Antes de pensar en prepararnos para presentar una defensa razonada de nuestra fe (que es la definición de Apologética Cristiana), Cristo debe ser el Señor de nuestras vidas. Es imposible que podamos ser testigos eficaces de Dios, si la vida de Dios no existe dentro de nosotros. La gente se da cuenta cuando nuestras palabras son mera teoría y no el producto de una vida que vive lo que cree.

Para Ravi su prioridad era su relación con Dios, de la cuál manaba todo lo que hizo para Cristo. Como alguien dijo una vez “Más que defensores de la fe cristiana, lo que necesitamos son testigos de Jesucristo”, personas que viven lo que predican.

“La tarea de la Apologética Cristiana no es meramente proveer una respuesta, sino el entender el corazón de la persona que pregunta en el proceso.”

Es aquí donde Ravi marcaba una diferencia fundamental en su enfoque de la apologética cristiana. Él insistía en que, como apologetas cristianos, nuestro enfoque nunca podía estar en contestar las preguntas que recibíamos, sino en contestar a las personas detrás de las preguntas. Estas son dos cuestiones totalmente diferentes. De hecho, es justamente el llamado que Pedro nos hace en su primera carta cuando dice que debemos estar siempre preparados para presentar defensa “ante todo el que” nos demande razón de la esperanza que hay en nosotros (1 Pedro 3:15).

El llamado del cristiano no es el de contestar preguntas, sino el de contestar a las personas detrás de las preguntas. Y si podemos llegar a la verdadera pregunta detrás de la pregunta, porque hemos entendido la cuestión real en la interrogante que se nos ha presentado, entonces habremos iniciado el proceso de poder llevar el evangelio al corazón de la persona necesitada.

“La apologética no salva a las personas, pero elimina obstáculos para que ellos puedan mirar directamente la cruz de Cristo.”

Antes de ser apologeta, Ravi era un evangelista. Por lo que para él la apologética no era más que una herramienta para eliminar todo obstáculo que impidiera que el evangelio de Jesucristo pudiera ser escuchado. En momentos estos obstáculos podían ser intelectuales, a veces estos podían ser errores cometidos por los cristianos a través de la historia los cuales tenía que reconocer, pero para él, la apologética nunca fue un fin en sí mismo, sino una herramienta para evangelizar.

“A la hora de evangelizar debemos recordar que hacemos esto bajo el poder de Dios, con las fuerzas de Dios, y defendiendo las Escrituras.”

Ravi era un apologeta brillante. Quizás el más grande apologista de los últimos cien años. Pero su confianza no radicaba en su conocimiento, intelecto, o su gran capacidad de argumentación, sino en el poder de Dios y la eficacia de las Escrituras. Podemos presentar los mejores argumentos, hablar un lenguaje claro para el receptor, utilizar los mejores efectos multimedia y tomarnos horas para explicar de manera detallada nuestros argumentos, pero si el Espíritu Santo de Dios no está con nosotros y no abre el entendimiento de quienes nos escuchan, nada sucederá. Porque nuestra batalla no es contra carne y sangre (Efesios 6:12), sino contra el dios de este siglo y sus secuaces, quien ha cegado el entendimiento de los incrédulos (2 Corintios 4:3-5).

Ciertamente estamos llamados a prepararnos intelectualmente, porque el mismo Dios que nos llama a amarle con todo nuestro corazón es quien también nos llama a amarle con toda nuestra mente. Pero jamás debemos olvidar, que si el poder de Dios no está con nosotros, en vano serán todos nuestros esfuerzos en el mundo de la apologética cristiana.

Ravi también insistía en que la Biblia es la autoridad máxima en la fe del cristiano, y que “todas las experiencias del mundo, por muy buenas que fuesen, se volvían insignificantes a la luz de la autoridad de las Escrituras.” Esto lo llevaba a realizar una apologética centrada en la Biblia y en Jesucristo, y no en sus experiencias personales. Este es el mismo ejemplo que vemos en Pedro en su segunda carta, cuando habiendo sido testigo ocular de la majestad de Cristo en el monte de la transfiguración, no utilizó tal experiencia para basar su ministerio apostólico, sino que llevaba a las personas a la “palabra profética mas segura, la Biblia (2 Pedro 1:16-19).

“Una apologética no sostenida en amor, no es más que una espada con la intención de decapitar a la persona frente a nosotros.”

Al final de todo, esto fue lo que más me tocó de conocer a Ravi. Recuerdo hace unos años, cuando tomando la electiva del Islam en el RZIM Academy, tenía que entrevistar a una persona musulmana para poder aprobar el curso. Pero no solo eso, la asignación demandaba que al momento de entrevistarle no podía predicarle el evangelio de Jesucristo, ni tampoco podía defender mi fe en caso de que la persona la atacara (lo cual era muy seguro que sucedería). Todo esto con el objetivo de que yo viera que esa persona que yo estaba entrevistando, quien tenía una cosmovisión totalmente diferente a la mía, era también una persona creada a la imagen y semejanza de Dios. Esa tarea cambió mi vida.

No solo pude compartir por unas dos horas con un Imam musulmán de mi país y uno de sus seguidores, sino que pude ver detrás de esa creencia religiosa a la persona, pude relacionarme con ella, puede hacerle preguntas genuinas sobre su vida, su fe, y su familia, y amarle en el proceso.

Si el amor no es el ámbito sobre el cual estoy presentando la verdad del evangelio, entonces bien pudiera encontrarme en un combate, y como Ravi decía en un combate, uno busca derrotar a su enemigo. Mientras que en el evangelismo, uno busca persuadirlo”.

Faltarían muchas páginas para relatar todo lo que he aprendido con Ravi y el ministerio RZIM (Ravi Zacharias International Ministries), pero no he querido dejar pasar en estos días, a pocas horas de su partida con el Señor, lo agradecido que estoy por su influencia en mi vida y en la vida de muchas personas alrededor del mundo.

Ravi, gracias por enseñarme que las personas son más importantes que los argumentos y a amarlas sin importar sus trasfondos y creencias. Gracias por tu ejemplo de integridad, humildad y de una vida consagrada a la causa de Cristo. Una parte de ti, queda en mí.

¡Gracias Ravi!

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