¿Alguna vez te has sentido insuficiente? ¿Como si tu valor dependiera de lo que logras, de tu apariencia o de la opinión de los demás? En un mundo que constantemente nos empuja a definirnos por estándares humanos, es fácil perder de vista la verdad fundamental: nuestra identidad no está determinada por lo que hacemos o por lo que otros dicen de nosotras, sino por lo que Dios ha declarado en Su Palabra.
Desde la creación, Dios diseñó al hombre y a la mujer con un propósito especial. En Génesis y a lo largo de toda la Escritura, vemos que nuestra identidad no está sujeta a los cambios culturales o a nuestras circunstancias. Solo la verdad establecida por Dios define quiénes somos y cuál es el propósito de nuestra existencia.
En Cristo, y solo en Él, encontramos nuestra verdadera identidad. El Salmo 139:13-14 nos recuerda:
«Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.»
¡Somos un reflejo del diseño perfecto de nuestro Creador!
Desde el vientre de nuestra madre, Dios nos formó con detalle y propósito. No somos un accidente ni el resultado del azar, sino el producto del amor y la soberanía de Dios. Sin embargo, a pesar de esta realidad gloriosa, muchas veces vivimos creyendo mentiras sobre nuestro valor. ¿Cómo es posible que nos alejemos de esta verdad?
El origen de la distorsión
Para comprenderlo, debemos ir al principio. En Génesis 3:1-6, el enemigo tienta a Eva sembrando la primera mentira sobre la identidad humana:
«¿Con que Dios les ha dicho…?» (Génesis 3:1b)
Desde entonces, Satanás ha usado la misma estrategia para distorsionar nuestra percepción. Nos dice que nuestro valor está en nuestra apariencia, en nuestros logros o en la aprobación de otros. El pecado ha corrompido nuestra mente y nuestra cultura, haciéndonos olvidar que somos valiosas por el simple hecho de haber sido creadas por Dios.
Nuestra identidad restaurada en Cristo
A pesar de nuestra caída, Dios no nos dejó sin esperanza. En Su plan perfecto, Él nos rescató, nos redimió y nos adoptó como hijas suyas. Efesios 1:4-5 declara:
«Nos escogió en él antes de la fundación del mundo… en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo.»
Y 2 Corintios 5:17 nos recuerda que, en Cristo:
«De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.»
Esto significa que nuestra identidad ya no está basada en nuestro pasado ni en nuestras fallas. Somos nuevas criaturas, redimidas, amadas y hechas coherederas con Cristo.
Efesios 1:13-14 confirma que nuestra salvación es segura:
«En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia.»
Renovando nuestra mente
Ahora que sabemos quiénes somos en Cristo, estamos llamadas a vivir conforme a esta verdad. El mundo sigue promoviendo una identidad basada en lo temporal, pero Dios nos invita a renovar nuestra mente:
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» (Romanos 12:2)
Nuestra identidad en Cristo nos da seguridad, amor y paz. Nos llama a vivir sin miedo, sin la carga de la aprobación humana y con la certeza de que somos completamente amadas en Él.
Llamadas a reflejar Su gloria
Este maravilloso regalo de Dios nos impulsa a responder en alabanza y gratitud, reflejando Su imagen en nuestro entorno. No necesitamos la validación del mundo; nuestra vida debe ser un reflejo de Cristo.
«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» (Mateo 5:16)
Demos gracias porque nuestra identidad no está en lo que hacemos, en lo que los demás piensan o en lo que el mundo dice de nosotras. Fuimos creadas con un propósito eterno, redimidas por Cristo y llamadas a reflejar Su gloria.
En un mundo que nos empuja a buscar identidad en lo efímero, recordemos cada día: en Cristo estamos completas.
Reflexionemos juntas:
- ¿Cómo cambia nuestra perspectiva cuando entendemos que nuestra identidad está en Cristo y no en nosotras mismas?
- ¿Cómo podemos combatir las mentiras del mundo con la verdad de la Palabra?
- ¿De qué manera cambiaría nuestra autoestima si creyéramos plenamente lo que Dios dice de nosotras?
- ¿Qué pasos podemos dar hoy para reflejar nuestra identidad en Cristo en la vida diaria?
Te animo a que tomes un momento para escribir una oración de gratitud por la identidad que Dios te ha dado. Medita en los versículos clave, escoge uno y memorízalo.