Hoy en día existimos debido a la gracia que Dios ha derramado sobre nosotros y sobre otras personas que generosamente han contribuido para sostener este ministerio. Dios ha unido a hombres y mujeres de diferentes edades, nacionalidades y trasfondos, comprometidos con Su obra para hacer posible lo que hasta aquí hemos podido lograr. Dependemos totalmente de Su fidelidad y Su provisión.