Nuestra mayor riqueza: Una
vida de piedad
“
6Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va
acompañada de contentamiento. 7Porque nada hemos traído al mundo,
así que nada podemos sacar de él. 8Y si tenemos qué comer y con qué
cubrirnos, con eso estaremos contentos. 9Pero los que quieren
enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que
hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. 10Porque la raíz
de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se
extraviaron de la fe y se torturaron con muchos Dolores ”.
1
Timoteo 6:6-10
Hoy en día la Iglesia de
Cristo se ha materializado y el evangelio de Cristo se ha distorsionado.
Mientras el énfasis de la iglesia primitiva estuvo en sacrificarse por la causa
de Cristo; en el dar, en el compartir y en el estar satisfecho con lo que se
tenía, fuera mucho o poco; el énfasis de la iglesia de hoy parece estar en las riquezas y en la acumulación de cosas materiales. El cristiano de hoy es estimulado
a no conformarse con lo que tiene, sino a acumular más y más porque muchos
entienden que Dios sólo se glorifica en
la riqueza y en el bienestar, a pesar de la evidencia de lo contrario en
dos mil años de historia de la Iglesia.
Dios puede glorificarse en
la abundancia y en la escasez y la historia está ahí para probarlo; al igual
que su Palabra:
Proverbios 22:1 dice que: “más vale el buen nombre que las muchas
riquezas”.
Proverbios 28:6 dice: “mejor es el pobre que anda en su
integridad, que el que es torcido aunque sea rico”.
Proverbios 15:16 dice: “mejor es lo poco con el temor del Señor,
que gran tesoro y turbación con él”.
Salmo 37:16 dice: “mejor es lo poco del justo que la
abundancia de muchos impíos”.
Y
encontramos una idea similar en Proverbios 16:8; 19:1; 19:22; 21:9 y 21:19.
Cuando leemos las palabras
del apóstol Pablo en su primera carta a Timoteo 6:6-10, encontramos varias
lecciones:
1)
La piedad (o la santidad) es de gran ganancia (o de gran valor)
si va acompañada de contentamiento (v.6). El apóstol Pablo está
enfatizándole a su discípulo Timoteo que de nada le vale querer una vida santa,
si por otro lado no va estar contento con lo que Dios provee. La ausencia de contentamiento es
ingratitud; es una forma de decirle a Dios que estamos airados porque Él no
ha provisto tanto como nos merecemos recibir. Cuando en realidad
independientemente de la situación en que estemos; estamos mejor de lo que
merecemos. Un hijo de Dios debe ser una persona agradecida y si es agradecida
va a estar contento en la situación donde Dios lo tenga. El estar satisfecho, contento o agradecido, es sinónimo con ser
cristiano.
La próxima pregunta sería,
cuánto debemos tener para estar contentos y satisfechos delante de Dios. El versículo 8 del texto que citamos al
inicio nos da la respuesta: “Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con
eso estaremos contentos”. Hoy día decir eso en muchas iglesias sería una
herejía porque el cristiano está siendo enseñado a pensar y a manejar su dinero
como lo maneja el mundo secular. El cristiano a veces piensa, gana, ahorra y
gasta su dinero como lo gana, lo invierte y lo gasta el resto del mundo.
Tenemos que enseñarles a nuestras ovejas que la fe cristiana es contracultural
y que cada vez que el mundo y la Iglesia están hablando un mismo lenguaje, eso
es señal de que la Iglesia se ha corrompido.
Tenemos que enseñarle a
nuestras ovejas que el favor de Dios no puede ser comprado con dinero. Que no
podemos perseguir las bendiciones de Dios en base a dar mucho dinero porque eso
sería poder comprar el favor de Dios. Dios
bendice en respuesta a nuestra obediencia y no en base a nuestro dinero.
2)
En segundo lugar, Pablo nos dice que aquellos que quieren enriquecerse caen en
tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos (v.9). A veces hemos
tomado ese versículo y se lo aplicamos a las personas que tienen mucho dinero;
pero en realidad, el texto no dice que esto le va a pasar a los ricos, sino que
le va a pasar a todo el que quiera poner su énfasis en el dinero. Hoy se predica
que la iglesia bendecida es la iglesia adinerada. Y sin embargo, cuando
llegamos al libro de Apocalipsis, y vemos a Cristo pasándole revista a sus
iglesias, nos encontramos con que esto es lo que Él le dice a la iglesia de
Esmirna: “Yo conozco tu tribulación y tu
pobreza (pero tú eres rico)....” (Apoc. 2:9a). Obviamente cuando Cristo le
dice a una iglesia pobre que es rica está haciendo referencia a que esa iglesia
cuenta con las riquezas en gloria del Señor; que de una u otra forma cuenta con
su favor y su aprobación. Esto que acabamos de citar con relación a la iglesia
de Esmirna contradice mucho de lo que oímos hoy a través de la televisión. Por
otro lado, Cristo le dice a la iglesia de Laodicea: “Porque dices: Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad”;
y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego, y desnudo”
(Apoc. 3:17). De nuevo, es obvio que aún en ese tiempo había una iglesia
que pensaba que las riquezas son sinónimo del favor de Dios y Cristo viene y le
pasa revista a esa iglesia y le dice que sus riquezas no valen dos centavos
para Él porque no están acompañadas obviamente de una vida de santidad.
Es interesante que la
iglesia que Cristo considera bendecida es la pobre y la iglesia que Cristo
considera bajo juicio es la rica. Eso nos da una idea de que la bendición de
una iglesia o de una persona no puede ser medida por el grado de riquezas de
sus miembros o de la iglesia. Hermanos, la iglesia que Dios ha puesto en
nuestras manos es una iglesia de un nivel económico considerable y sin embargo,
continuamente le recordamos a nuestras ovejas que la bendición de Dios no
radica en la acumulación de bienes, sino en andar en integridad de corazón
delante de Dios.
Pablo le recuerda a Timoteo
que muchos cristianos que han “querido
enriquecerse han caído en tentación y lazo, y se han extraviado de la fe y
terminaron torturándose con muchos dolores…”(v.10); porque la raíz de todos
los males es el amor al dinero. Cada vez que encendemos la televisión nos
encontramos con otro sermón acerca de cómo acumular riquezas. Mientras a la
iglesia primitiva se les enseñó a amar la cruz, a la iglesia de hoy se les
enseña cómo amar los bienes materiales; y justificamos nuestras compras y
nuestros gastos de mil formas diferentes, creyendo a veces que una vez que
damos el diezmo ya estamos libres de hacer lo que queramos con nuestro dinero,
olvidando que nuestro dinero no es nuestro... Nuestro dinero es SU DINERO (de Dios). Nosotros
simplemente somos sus administradores.
La promesa de Cristo antes
de partir fue esta: “recibiréis poder
cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros...” (Hch. 1:8) La promesa no
fue: “recibiréis dinero cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros”.
La promesa fue que Dios
levantaría su Iglesia por medio de su Espíritu. La iglesia primitiva fue una
iglesia pobre, sin ninguna de las cosas que nosotros tenemos hoy y sin embargo
fue esa iglesia que logró derrumbar el imperio Romano. “Buscad el reino de Dios primero y el resto se os dará por añadidura”
(Mt. 6:33).