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Una comunidad llena del Espíritu

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Pasaje Bíblico: Hechos 2:41-47

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Continuando con la serie Hasta Los Confines De La Tierra que el pastor Miguel Núñez lleva sobre el libro de Los Hechos, hoy nos trae el mensaje titulado: Una Comunidad Llena Del Espíritu,  basado en el capítulo 2, versículos del 41 al 47.

La semana pasada el pastor Núñez concluyó el mensaje sobre Hechos 2:36-41 titulado Predicación Bajo La Unción Del Espíritu Santo, parte II, en el cual vimos que la primera predicación del apóstol Pedro el día de Pentecostés estaba bajo la unción del Espíritu porque también estaba llano de la Palabra y lleno de Cristo, por lo que la cosecha de almas arrepentidas y que aceptaron a Jesús como su Señor y Salvador, fueron 3,000. Fue un texto corto pero lleno de significado que revela varios temas, como fueron: 1.- Los presentes, que en su mayoría eran Judíos, les llamaron hermanos, lo que significa que en sus mentes y corazones  el Espíritu Santo ya había trabajado.  2.- La convicción de pecados cuando Pedro les exhorta al arrepentimiento de sus pecados, principalmente el haber sido cómplices de la crucifixión de Cristo. 3.- Solo hay una autoridad para el perdón de los pecados, que es Jesucristo, y sólo se reconoce si el Espíritu Santo hace su trabajo en el corazón del nuevo creyente.  4.- El cumplimiento de la promesa, que aquellos que se hallan arrepentidos reciben el don del Espíritu Santo.  5.- Pedro exhorta a los que seguían en incredulidad para que se arrepintieran de sus pecados y perversidad en que vivían. Y, 6.- Finalmente vimos que fruto de este sermón y del trabajo del Espíritu Santo hubo una gran cosecha. Más de 3,000 personas se arrepintieron y aceptaron a Cristo como su Señor y Salvador. 

Las personas y comunidades que han recibido el Espíritu Santo sufren cambios en su forma de pensar y de ser, asumen nuevas características que son evidencias de la llenura del Espíritu Santo, en cuyos cuerpos mora el Espíritu Santo.

Este sermón de Pedro en Pentecostés fue el primer mensaje apostólico y evangelístico, y donde se derramó el Espíritu Santo, y fruto del mismo hubo una gran cosecha. Este sermón se considera el mensaje inaugural de la iglesia. 

En los versículos de hoy veremos cómo el Espíritu Santo transformó estas personas y la comunidad, tenemos la historia de la iglesia  primitiva, de la formación de la iglesia, de sus primeros tiempos. Se mantuvieron cerca de las ordenanzas santas y abundaron en piedad y devoción; porque el cristianismo, una vez que se admite, dispone el alma a la comunión con Dios para que nos encontremos con Él,  porque Él ha prometido reunirse con nosotros. La grandeza de lo que estaba sucediendo los elevó por encima del mundo, y el Espíritu Santo los llenó con tal amor que hizo que cada uno fuera para otro como para sí mismo, y, de este modo, hizo que todas las cosas fueran en común, sin destruir la propiedad, sino suprimiendo el egoísmo y provocando el amor. El Señor, de día en día, inclinaba más los corazones a abrazar el evangelio; no  eran simples profesantes, sino  que eran realmente llevados a un estado de aceptación ante Dios, siendo partícipes de la gracia regeneradora. Los que Dios ha designado para la salvación eterna, serán eficazmente llevados a Cristo hasta que la tierra sea llena del conocimiento de su gloria.

La llenura  del Espíritu Santo que recibieron fue producto de la entrega de sus corazones, la entrega de sus vidas a Jesús. Se dieron a Dios, y Dios se dio a ellos. A partir de este sermón se dedicaron continuamente a la oración, apegados a las ordenanzas santas, ya no realizaban las labores a que estaban acostumbrados, cambiaron sus estilos de vida. Se dedicaron a las enseñanzas de las Escrituras.

Estas enseñanzas, y la llenura del Espíritu, produjo en ellos el deseo de comunión, de koinonia, con los demás hermanos que también habían recibido el Espíritu Santo. Porque el cristianismo, una vez que se admite,  dispone el alma a la comunión con Dios, elimina nuestro egoísmo. Ellos estaban juntos, unánimes, compartían el pan y vendían sus bienes para compartir el fruto con los necesitados. Vendían sus propiedades para hacer tesoro en los cielos. Debemos estar cerca de los hermanos para conocer sus necesidades y saber cómo ayudarlos.  Igualmente se dedicaban a la oración, a fin de escudriñar el corazón de Dios, conocer Su carácter para entrar en Sus propósitos y participar de Su gloria. En la oración lo importante es lo que está en el corazón de Dios, no lo que está en nuestros corazones. 

Estos hermanos tenían un espíritu de gozo, alegría y sencillez que se los produjo  la llenura del Espíritu Santo.  Podemos ver que gente sencilla es gente llena de gozo.

Igualmente pasaban el día en adoración al Señor. La adoración es el ofrecimiento de mi vida a Dios. Esta iglesia no solo ofreció sus bienes materiales, ofrecieron sus vidas a Dios. Eran el reflejo de lo que adoraban, por eso sus vidas reflejaban a Cristo.

El Señor dio gracia a esa iglesia para con el pueblo, encontraron gracia con el pueblo, y así inclinaba el corazón de muchos día a día, y  llevaba los que iban siendo salvos. Era una comunidad que el Señor llenó de su Santo Espíritu. Se involucraron en el evangelismo, en las misiones, alcanzando a todo el mundo. Fue una comunidad llena del Espíritu y a la vez testigos de Cristo.

Padre celestial, aumenta y  fortalece nuestra fe. Pon en nuestro corazón el deseo de ser testigo Tuyo y de dar a conocer Tu evangelio.  Que podamos alcanzar al mundo dando a Tu Palabra y Tu carácter. Bendiciones.

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