Transformado por su santidad
“Porque yo, el SEÑOR que os santifico, soy santo” (Levítico
21:8b)
En el hebreo hay dos palabras usadas
que son traducidas como santo; una es godesh
que significa separado y la otra es gadosh
que significa sagrado o santo. Godesh nos recuerda que en su santidad
Dios está separado del resto de su creación; Él no tiene paralelo ni
comparación alguna... Él es un ser único en su clase, tan diferente que el
trato con Él tiene que ser por igual único en toda la creación. El hecho de que
Dios sea totalmente diferente al resto de lo que le rodea implica que todo
cuanto se relaciona con Él tiene que ser por igual totalmente diferente, si le
va a representar correctamente. La palabra dice que:
- Su
nombre es santo (Levítico 22:2)
- Su
Espíritu es santo (Hechos 2;33; 1 Corintios 6:19)
- Sus
caminos son santos (Salmos 77:13)
- Su
trono es santo (Salmos 47:8)
- Sus
ángeles son santos (Deuteronomio 33:2)
- Sus
profetas son llamados santos (Hechos 3:21)
- En
el tabernáculo había un lugar santísimo (1 Crónicas 6:49)
- Su
pueblo es llamado mi pueblo santo (Deuteronomio 7:6)
- La
tierra donde Dios llevó al pueblo judío fue llamada tierra santa (Zacarías
2:12)
- Dios
espera que vivamos una vida santa (Romanos 12:1
El común denominador a cada una de esas cosas es la
relación que guardan con Dios.
Godesh en hebreo, implica ser separado del resto; por tanto aquellas cosas
que han de representar a Dios deben estar separadas también de lo ordinario.
Cuando Dios llama a Abraham para formar un pueblo santo, el primer
requerimiento fue que se separara de su tierra y de su parentela. En ese
momento Dios incluso le cambia el nombre de Abram a Abraham para que quedara
claro que él había sido una cosa antes de entrar en relación con Jehová y otra
cosa después de comenzar dicha relación. Recuerde, lo que quiera y el que
quiera relacionarse con Dios tiene que separarse para Él. El incienso que era
usado para su adoración en el Antiguo Testamento, era un incienso diferente al
que se usaba para el resto de las funciones. Éxodo 30:37-38 dice lo
siguiente: “Y el incienso que harás, no lo haréis en las mismas proporciones
para vuestro propio uso; te será santo para el SEÑOR. Cualquiera que haga
incienso como éste, para usarlo como perfume será cortado de entre su pueblo”. Según
lo que yo acabo de leer la razón por la que el incienso debía ser diferente era
porque “te será santo para el Señor”. Levítico 10:1-3 relata una de las
escenas más escalofriantes del A.T. en relación a la santidad de Dios y al
llamado de Dios a no ofrecerle nada ordinario a un ser que es único en su
clase.
Levítico 10:1-3 “1Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus respectivos
incensarios, y después de poner en ellos fuego y echar incienso sobre él,
ofrecieron delante del SEÑOR fuego extraño, que El no les había ordenado. 2
Y de la presencia del SEÑOR salió fuego que los consumió, y murieron delante
del SEÑOR. 3Entonces Moisés dijo a Aarón: Esto es lo que el SEÑOR
habló, diciendo: ‘Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y
en presencia de todo el pueblo seré honrado’. Y Aarón guardó silencio”.
En este texto hay dos lecciones:
Primero, que no nos podemos acercar a Dios de una forma irreverente: “como
santo seré tratado por los que se acercan a mi”. Y segundo, que Dios quiere
que aquellos que observan puedan ver que cuando nos acercamos a Él lo hacemos
reverentemente: “Y en presencia de todo el pueblo seré honrado”. El
Señor le quitó la vida a estos dos sacerdotes jóvenes porque le ofrecieron un
sacrificio que Él no había autorizado; posiblemente un sacrificio que no le
honraba como santo y Dios le quitó la vida no sólo por la irreverencia, sino
para sentar un precedente entre el pueblo acerca de su santidad. Pero, ¿por qué
tan severa la pena? Porque Dios entiende que cuando le perdemos el miedo a la
santidad de Dios, le perdemos el miedo al pecado y si le perdemos el miedo al
pecado, nosotros terminaremos sufriendo las consecuencias de nuestro
extravío.
Si algo tan sencillo como el incienso
que se usaba para crear un aroma agradable en el templo del Señor tenía que ser
diferente, ¿no debemos nosotros vivir vidas que perfumen nuestro caminar ya que
somos el templo del Espíritu de Dios? ¿De qué manera huele diferente el aroma
que nuestras vidas despiden del aroma que despiden las vidas de aquellos que no
son hijos de Dios?
Todo lo que entra en relación con
Dios tiene que por definición y obligación santificarse. Ahora entendemos
mejor el mandato de “sed santos porque yo soy santo”. La mayoría de
nosotros quiere ser santo para no sufrir las consecuencias del pecado. Pero
desde el punto de vista de Dios, la santidad de su carácter es la
motivación principal para ser santos. El no sufrir las consecuencias
del pecado es mas bien la bendición de ser santos; es la consecuencia natural
de vivir en santidad.
En el Levítico 11 versículo 45 Dios
dice lo siguiente: "Porque yo soy el SEÑOR, que os he hecho subir de la
tierra de Egipto para ser vuestro Dios; seréis, pues, santos porque yo soy
santo". Notemos la relación ahora entre el haberlo sacado de Egipto y
el ser santo. Dios los saca de Egipto para que puedan ser santos: “os he
hecho subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios; seréis, pues, santos
porque yo soy santo”. Dios los hace salir de la tierra de Egipto porque si
El iba relacionarse con su pueblo no lo iba a hacer en medio del pecado del
Egipto pagano. Dios los saca de aquella tierra; los separa y les da una ley
cuyas prohibiciones le recordarían al pueblo que Dios no quería que ellos se
parecieran en lo más mínimo al mundo pagano. Cuando Dios saca al pueblo de
Israel al desierto, lo hace para comenzar a relacionarse con ellos; pero no
había forma de que esa relación se pudiera dar a menos que el pueblo fuera
santo porque Dios tiene un rechazo enorme al pecado. Dios nunca está más cerca
de usted que cuando usted vive en santidad y nunca está más lejos de usted que
cuando usted vive en pecado.
Godesh significa separado, pero gadosh significa santo y
esa palabra nos recuerda su pureza y ausencia absoluta de corrupción en su ser.
Esa ausencia absoluta de corrupción en su ser o de pecado representa su
rectitud moral; es esa característica que permite que Dios sea absolutamente
justo. De manera que hay una relación directa entre su santidad y su justicia
perfecta. La cruz es la mayor demostración de esta cualidad de Dios: la
cualidad de ser santo y de ser justo. La razón por la que Dios envía a su Hijo
a la cruz fue porque en su santidad Dios no podía pasar por alto el pecado del
hombre. Dios conocía que el hombre no podía pagar la deuda; pero como Dios es
justo, porque el ser justo es parte de su carácter Él decidió enviar a su Hijo
a pagar lo que ninguno de nosotros podíamos pagar. En su santidad Él decide
castigar el pecado, en su justicia o carácter justo, Dios decide pagar Él mismo
el pecado del hombre reconociendo que el hombre en su bancarrota espiritual
nunca podría pagar lo que debía.
Esto debería llevarnos a nuestras
rodillas en señal de rendición y ese conocimiento debería llevarnos a evitar
pecar. Tenemos mucho tiempo enseñándole al hombre a no pecar y no hemos
invertido suficiente tiempo en enseñarle a ese hombre la hermosura de la
santidad de Dios y la libertad que trae al hombre vivir en santidad.