Inicio Ocasiones Especiales Qué hacer cuando no sé qué hacer

Qué hacer cuando no sé qué hacer

3130
0
Compartir

Este domingo, el pastor Joan Veloz predicó el sermón “Qué hacer cuando no sé qué hacer” basado en 2 Crónicas 20:1-22.

¿Estás consiente de los tiempos en los cuales estamos viviendo? Nuestra generación esta viviendo uno de las peores guerras de la historia—una por las mentes y las almas de nuestros hijos. Al ver esto y las cosas que se avecinan, muchos sentimos como que no sabemos qué hacer ni como defendernos de este gran enemigo que nos asecha. Sin embargo, en la Escritura podemos ver ejemplos como el nuestro de hombres débiles que no sabían cómo obrar pero que confiaban en un Dios grande y poderoso que estaba con ellos y por ellos.  

Luego de la muerte de Salomon, 2 Crónicas 20:1-4 nos demuestra una nación de Israel cambiada. La vanagloria y el sentido de grandeza del hijo de Salomon llevo a esta gran nación a dividirse en dos: el reino del norte y el reino del sur, Judá. En el transcurrir de los años, el reino del sur tuvo reyes buenos como Josafat (2 Crónicas 17:3) y reyes malos. Josafat buscó honrar a Dios y se esforzó para que su pueblo conociera de Dios. Desde el comienzo de su reinado, el comicio y envío maestros para que fueran por todas las ciudades enseñándole al pueblo la ley de Dios. Este fue un rey que puso a Dios en el centro de su vida y dé su reino y, debido a esto, el terror del Señor vino sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá, y no hicieron guerra contra Josafat. 

Pero, en un momento Josafat se confió y no escucho la voz de Dios. En 2 Crónicas 18 nos encontramos que el Rey Acab, Rey del norte, pidiéndole a Josafat que se una a el en batalla, diciendo que Dios había hablado por medio de todos los profetas, menos de uno, y le habían dicho que la victoria era segura. Hacen llamar al profeta Micaias y este les dice que si van a pelear serán derrotados y que todos los profetas que habían profetizado algo diferente lo habían hecho movidos por un espíritu de mentira que los había inducido a hablar estas cosas. Los reyes no le hicieron caso y fueron a la guerra. Allí, el Rey Acab perdió la vida y, al regresar a Judá, Josafat es amonestado grandemente por ayudarlo.

Después de lo acontecido, Dios dejó de proteger a Josafat al dejar de contener a sus enemigos. Era hora de que Josafat y el pueblo de Judá experimentara la protección de Dios de otra manera. Por primera vez desde que Josafat se volvió Rey, grupos se levantaron en su contra: los hijos de Moab y los hijos de Amón, los descendientes de Lot, y los Meunitas, una rama de la raza antigua de los descendientes de Esaú. Tres grandes grupos se levantaron a pelear contra Josafat, rodeando el extremo sur del Mar Muerto, aproximándose a un punto invisibles a la población. Pero algunos de entre el pueblo se percataron de esta gran amenaza y fueron a dar avisó a Josafat.

Y el versículo 3-4 dice, “Y Josafat tuvo miedo y se dispuso a buscar al SEÑOR, y proclamó ayuno en todo Judá. Y se reunió Judá para buscar ayuda del SEÑOR; aun de todas las ciudades de Judá vinieron para buscar al SEÑOR.” En medio de la gran amenaza que se les venia encima, Josafat deja ver su condición humana al mostrar su temor a los hombres que querían destruirlo y a que Dios le haya quitado su protección y cuidado. Pero este miedo no le impidió actuar correctamente; en medio del temor el muestra su dependencia del Señor y dispone su corazón para buscarle. Esta actitud de disponer el corazón a buscar, en el hebreo, hacia referencia a adorar y postrar el corazón ante alguien mayor, pero también significaba descubrir la voluntad de ese ser superior. Es decir que al hacer esto Josafat demuestra que el confía mas en Dios que en sus recursos militares. 

Desde el punto de vista humano esta es la decisión mas absurda que un REY militar pudiera tomar. Lo que uno esperaría que el hubiera hecho es preparar su milicia para la batalla. Pero el no hizo nada de esto; el confió en Dios y dio el ejemplo por su propia devoción personal. El buscó al Señor de todo corazón y proclamó un ayuno en todo Judá para expresar su humildad y total dependencia de Dios. Cuando nuestra vida y fe está amenazada, debemos buscar al Señor recordando que no estamos solos y que el está por nosotros. No importa el nombre del enemigo que se nos venga, el Dios que tenemos es mayor que todos juntos (Salmos 23:4).

En 2 Crónicas 20:5-12 a Josafat defender su caso como un buen abogado en un tribunal, apelando a la misericordia y el favor de Dios.Adam Clarke llamó a esto «Una de las oraciones más elegantes, piadosas, correctas y, en cuanto a su composición, una de las más hermosas jamás ofrecidas bajo la dispensación del Antiguo Testamento.” Josafat se puso en pie en el centro del atrio restaurado para orar por la nación, apelando a las promesas, a la gloria y a la reputación de Dios que estaban en juego, porque era a su pueblo que querían destruir. En esta  oración, Josafat nos da una gran lección de cómo orar. En esta oración el reconoce: la soberanía de Dios (2 Crónicas 20:6), el pacto de Dios (2 Crónicas 20:7), la presencia de Dios (2 Crónicas 20:8-9), la bondad de Dios (2 Crónicas 20:10), la posesión de Dios (2 Crónicas 20:11) y su dependencia en Él (2 Crónicas 20:12).

Martin J. Selman en su comentario sobre los libros de Crónicas dijo, “Esta frase final, es una de las expresiones más conmovedoras de confianza en Dios que se encuentran en cualquier parte de la Biblia”.Hermano, cuando no sepas que hacer, vuelve tus ojos al Señor y pon tu confianza en Él. Reconócele en todos tus caminos y espera en Él, que Él actuará (Salmos 62:1-2). Hoy es un buen día para preguntarnos en quién esta puesta nuestra confianza.

“Los que confían en el SEÑOR son como el monte Sion,

que es inconmovible, que permanece para siempre.

(Salmos 125:1-2)

No importa tu condición ni el tamaño de tu amenaza, aquellos que confían en el Señor permanecerán para siempre porque no depende de ellos sino de Aquel quién les sostiene. 

Josafat termina su oración y en 2 Crónicas 20:13. Todo el pueblo estaba ahí, hasta los niños, estaban ahí haciendo un llamamiento silencioso a Dios; todos estaban juntos buscando el rostro del Señor. Al parecer después de la gran oración de Josafat, el pueblo se paró en silencio ante el Señor, esperando escucharle.El pueblo clamo con fe y Dios se hizo presente (2 Crónicas 20:14). El Espíritu del Señor vino sobre Jahaziel y comenzó a hablar diciendo, “Prestad atención, todo Judá, habitantes de Jerusalén y tú, rey Josafat: así os dice el SEÑOR: «No temáis, ni os acobardéis delante de esta gran multitud, porque la batalla no es vuestra, sino de Dios.” (2 Crónicas 20:15) Dios no simplemente estaba respondiendo su oración, Él le estaba recordando que de quien era la batalla: Suya. La multitud de Amonitas y Moabitas no venían solo a destruir a Josafat, ellos venían a destruir al pueblo de Dios y eso es una GRAN COSA, porque con el pueblo de Dios nadie se mete (Isaias 49:25-26).

La batalla era del Señor, pero a ellos les tocó hacer algo: el próximo día debían ir contra ellos (2 Crónicas 20:16-17). Este fue un comando importante, porque uno podría pensar que debido a la promesa del versículo 15, ellos ni siquiera tendrían que presentarse en la batalla. Sin embargo, Dios quería que salieran e hicieran su parte. Judá no iba a tener que luchar en esta batalla, pero eso no significaba que no tenían nada que hacer. Fue un paso significativo de fe pararse y creer que verían la salvación del Señor frente a un gran ejército que le atacaba. Ellos no iban a ganar esta batalla debido a la fuerza de sus hombre, sino debido al poder del Dios al que ellos iban a adorar. 

Al escuchar esto, “Josafat se inclinó rostro en tierra, y todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron delante del SEÑOR, adorando al SEÑOR.” (2 Crónicas 20:18) Tanto el rey como el pueblo sabían que las palabras profética a través de Jahaziel eran verdaderas. Al recibirlo como palabra de Dios, ellos adoraron, agradeciéndole a Dios. Ellos no esperaron ver a los moabitas derrotados para adorar, ellos escucharon lo que Dios haría y adoraron. Mientras todos estaban inclinados sobre sus rostros adorando al Señor, un grupo se pus de pie y comenzó a entonar cantados de alabanza al Señor (2 Crónicas 20:19). Fue esta una erupción espontánea de cantos. Al escuchar lo que Dios había prometido, no se contuvieron y saltaron de alegría y comenzaron alabar a Dios. Esta gente había creído en una salvación futura y esto postro a algunos y levanto a otros, pero todos hicieron lo mismo adoraron

¿Has creído tu en una salvación futura? ¿Cual es tu respuesta al escuchar las promesas de Dios para contigo? Las promesas de Dios son verdaderas y el ha prometido darnos la victoria por medio de Jesucristo. Esta verdad debe llevarnos a vivir una vida de adoración sin importar nuestra situación y condición porque la salvación que se nos ha prometido es mayor que el peor de nuestros males.

Compartir
Artículo anteriorDe perseguidor a perseguido
Artículo siguiente¿Cómo llegamos hasta aquí?
Joan Veloz
Conoció la gracia de Dios y fue llamado a salvación en la IBI en el año 2005. Desde su conversión sintió un profundo deseo de servir al Señor impactando e instruyendo a los jóvenes y las familias de la Iglesia. Actualmente se desempeña como coordinador del Ministerio de aplicación bíblica - MAB e inicitiva de discipulado. Su pasión es dar a conocer al Señor Jesucristo y ver crecer la iglesia para la Gloria de Dios. Él es graduado en Derecho y tiene una Maestría en Gerencia y Productividad con Especialidad en Alta Gestión Empresarial. En la actualidad tiene un cargo directivo en una empresa farmacéutica. Joan es graduado de la primera promoción del Instituto Integridad & Sabiduría. Recientemente tuvo el privilegio de graduarse y completar una Maestría en Estudios Teológicos (MATS) en el Seminario Teológico Bautista del Sur y una Maestría en Divinidad (MDiv) en la misma institución. Está casado desde el 2009 con Michelle Suzaña y tienen tres hijos, Daniella, Camila y Miguel Andrés.