Primera analogía: Somos piedras escogidas
De la misma forma que las piedras que son utilizadas para la construcción son escogidas por el arquitecto o ingeniero quien sabe donde cada piedra debe ir colocada, de igual manera, Dios como diseñador nos ha escogido como piedras para ser colocados donde El entiende que nosotros debemos estar colocados. El diseñador sabe cuánto peso puede soportar cada piedra y conforme a la estructura de cada piedra, Dios determinará donde a cada quien le toca ir. Por eso es que en la iglesia cada uno de nosotros debe servir no donde quiere, sino donde Dios le coloque. Usted tiene que orar para que Dios le revele donde El quiere colocarlo porque si hay algo que sabemos es que cada vez que se coloca una piedra en un lugar donde no debiera ir o si la colocamos antes de tiempo, esa piedra altera la posición de las demás piedras.
Existe una gran diferencia entre las piedras que son usadas para la construcción de un edificio y nosotros que también estamos siendo usados para la construcción de otro edificio. Muchas de las piedras de un edificio real son encontradas en los ríos y en las laderas de las montañas, y por tanto son piedras muertas, sin vida y cuando las colocan en el edificio donde van, siguen estando muertas. Sin embargo, con nosotros no ocurre así; sino que Dios nos encuentra muertos y antes de colocarnos en el edificio nos da vida y pasamos a ser piedras vivientes que es el término que Pedro usa cuando dice en 1 Pedro 2:5… “5también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” . La primera diferencia es que somos piedras vivientes; pero la segunda diferencia es que como piedras estamos supuestos a formar un edificio santo para Dios.
Segunda analogía.- Debemos ser pulidos
La segunda analogía que pudiéramos establecer entre las piedras de un edificio y nosotros, tiene que ver con la manera como a esas piedras se le da forma. Del mismo modo que las piedras para la construcción deben ser cortadas y pulidas antes de ser colocadas, de igual manera Dios, antes de colocarnos en nuestra posición final, tiene que cortarnos y pulirnos. Ese es el proceso de santificación de cada uno de nosotros. Nosotros al igual que las piedras, tenemos filos que tienen que ser pulidos, tales como rasgos de nuestra personalidad, ira, orgullo, temperamento etc.- Cada una de esas cosas son filos que tienen que ser pulidos antes de colocar la piedra en su lugar. Nuestro proceso de corte y de pulición se hace mas largo o mas corto dependiendo de hasta donde estemos dispuestos a aceptar nuestros filos y poner nuestros filos en las manos del pulidor para que sean suavizados. Cada uno de nosotros quiere ser parte del edificio, pero muchas veces ninguno quiere ser pulido; sin embargo Dios siempre se toma su tiempo en el proceso de pulirnos.
La semana próxima veremos la tercera, cuarta y quinta analogía (No somos independientes de la Piedra Angular, Debemos vivir conectados con los demás y Debemos llevar gloria al Diseñador de la obra). Esta analogías continuarán dándonos un mejor entendimiento y perspectiva de lo que debemos ser y hacer para poder ser pulidos por Dios.