Pulidos por Dios (Conclusión)
Efesios 2:19-22 

"Debemos llevar gloria al diseñador de la obra y Dios se toma su tiempo", marcaron el final de las seis analogías que hemos venido observando en nuestra jornada hacia ser pulidos por Dios. En esta entrega traeremos la conclusión de esta serie. 

Conclusión


Cada uno de nosotros como piedra del edificio tenemos una gran motivación de servir de apoyo a otras piedras, y nuestra motivación debe ser el amor de Dios. Ese amor que nos constriñe, nos empuja y nos pone contra la espada y la pared. Fue ese amor que movió al diseñador a buscarnos cuando nosotros apenas éramos piedras muertas sumergidas en el fango cenagoso. Dios por amor nos limpió y nos ha pulido a cada uno de nosotros de forma especial. Por Su amor nos ha permitido formar parte del edificio que El construye y  nos ha pulido conforme a como cada uno de nosotros podía resistir.

Como integrantes de este gran edificio tenemos una misión especial y esa misión es levantar la Verdad de Dios en el mundo. En 1 Tim 3: 15,  Pablo llama a la iglesia columna y sostén de la verdad.  Nosotros tenemos la responsabilidad de proclamar la verdad, aunque nadie nos quiera escuchar. Si la iglesia deja de creer la verdad, quien la proclamará. Si la iglesia diluye la verdad, quien conocerá la verdad no adulterada de Dios. Para proclamar la verdad, tenemos que conocer y vivir la verdad. La verdad que se proclama, pero no se vive carece de poder de transformación en la otra persona. La verdad que se proclama, pero no se vive no luce como la verdad, sino que luce como hipocresía. Cuando la verdad es disfrazada, distorsionada o acomodada para que la gente la tolere o la acoja, deja de ser la verdad. Hay una sola forma de sostener la verdad y es proclamarla con denuedo y vivirla con pasión. Dios entiende que la forma de que la gente se sienta atraída  hacia su Verdad es teniendo discípulos de Cristo que vivan su Verdad de una forma que cuando los demás vean nuestras vidas se sientan atraídos hacia su  revelación porque nuestras vidas son el adorno de su verdad.

La gran responsabilidad de la iglesia hoy en día es vivir una vida que refleje la santidad del Dios que la ha construido. El edificio que Dios ha construido le ha costado al Hijo su sangre para que el cristiano quiera vivir una vida de santidad mediocre. No hay nada mediocre en el plan de Dios. Recuerda que Dios ha construido su edificio para morar en medio de este a través de Su Espíritu. Hermanos no toleren el pecado en sus propias vidas, ni el pecado en las vidas de sus hijos porque Dios le pedirá cuenta de lo que usted permitió en su propia vida y en la vida de aquellos que El le confió para que los criara.

La característica número uno que separa a Dios de toda su creación es Su santidad, por tanto la cualidad número uno que debe caracterizar al cristiano es su santidad porque estamos llamados a reflejar el carácter de Dios.

Muchas veces la falta de santidad en nosotros, se debe  al poco tiempo que pasamos expuestos a Su Palabra, porque cuando pasamos tiempo bajo la luz de la Palabra, nuestra mente cambia y cuando nuestra mente cambia, nuestro corazón cambia, y cuando cambia nuestro corazón, nuestros sentimientos cambian y cuando nuestros sentimientos cambian, ya no amamos lo que amábamos antes. Porque cuando nuestra mente, corazón y sentimientos cambian, nuestra voluntad cambia y terminamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos.

El poder de una iglesia radica en la presencia o no de Dios, y la presencia de Dios depende de la santidad de sus miembros.

La santidad de Dios no cohabita con el pecado. Vidas carente de compromiso con el Dios santo, eterno, sublime e inmortal, son vidas sin santidad. La exposición a La Palabra de Dios, la comunión con Él es lo que lleva nuestras mentes, corazones y sentimientos a cambiar en pos de una vida rendida a sus pies.

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