Pulidos por Dios 
Efesios 2:19-22 

Hoy comenzamos una nueva serie. Es titulada: "Pulidos Por Dios". En ella se desglosa el fundamento sobre el cual está nuestra fe: Jesús, la piedra angular. A lo largo de esta serie veremos el obrar de Dios en nuestras vidas y el deber que cada uno de nosotros como hijos de Dios tenemos con Él y nuestros semejantes. 

¿Alguna vez se ha preguntado cuál papel desempeña usted en la realización de la obra de Dios? Pablo al terminar este capítulo dos del libro de Efesios, usa una metáfora o comparación donde Cristo es la piedra principal o piedra angular de este edificio,  donde  los apóstoles y profetas constituyen la fundación o la zapata sobre la cual nosotros estamos siendo edificados, y donde nosotros seríamos entonces el resto de la edificación. 

En la antigüedad, la piedra angular era la primera piedra en colocarse y todas las demás piedras tenían que alinearse con esta primera piedra para saber dónde irían colocadas. Una vez colocada la piedra angular, se pasaba entonces a construir toda la fundación, lo que comúnmente conocemos como la zapata y luego se colocarían las demás piedras y esas otras piedras seríamos nosotros. 

Pablo nos explica en el versículo 20 que nosotros estamos siendo edificados sobre el fundamento que los apóstoles y profetas dejaron. Los profetas anteriores a la venida de Cristo participaron en el desarrollo del Viejo Testamento y nos dejaron un testamento inspirado de forma infalible. Los apóstoles del Nuevo Testamento participaron en el desarrollo de este y nos dejaron también una revelación infalible del plan de Dios. 

En la actualidad, tenemos la revelación completa de Dios a través de Su palabra; lo que quiere decir que la labor de inspiración infalible de los profetas y apóstoles ya pasó; ya esa base fue echada, es por eso que hoy no tenemos profetas ni apóstoles quienes reciben revelación infalible de parte de Dios, porque la misma Palabra nos dice que ahora nosotros estamos siendo edificados por Dios sobre la base que los profetas y apóstoles ya dejaron. Esa zapata existe, lo único que queda por terminar es el resto del edificio. Nosotros somos las piedras que faltan por colocar y cada nuevo creyente es una nueva piedra que tiene que ser colocada en el edificio. En los tiempos antiguos cuando se fabricaba un edificio de piedra, las piedras no eran colocadas al azar sino que cada piedra era colocada con suma precisión para que el edificio quedara construido de forma apropiada.  Cada pieza era cortada meticulosamente teniendo en cuenta las demás piedras, nada estaba fuera de orden, ni colocado para que funcionara mal. Nosotros somos las piedras que Dios está cortando, puliendo y colocando donde nos toca ir. Pablo no nos llama piedras en este texto en particular, pero si está implicando en el texto, que Cristo fue la primera piedra; los profetas y apóstoles las piedras siguientes en prioridad y nosotros el resto de esas piedras que forman el edificio.

Cuando el apóstol Pedro escribió su primera carta, él sí nos llama piedras. En 1 Pedro 2: 5, la palabra dice: también vosotros como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual… Y ¿qué es una casa espiritual?  Un templo. Pedro usa un vocabulario muy similar al de Pablo al referirse a nosotros, y así vemos la consistencia de las escrituras. El próximo versículo 22 del texto de hoy agrega lo siguiente: “22en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”. Eso implica que nosotros como iglesia estamos llamados a ser el templo donde Dios quiere morar y donde está morando por su Espíritu. Usted y yo formamos parte de la iglesia donde el espíritu de Dios quiere morar y eso es una enorme responsabilidad.

Para ayudar a definir mejor nuestro rol y responsabilidad en la obra de Dios, debemos pensar en nosotros como piedras espirituales que forman el templo Santo de Dios.  Como la implicación de Pablo es que nosotros somos las piedras que conforman el resto del edificio, a continuación vamos a tratar de señalar algunas semejanzas entre las piedras de construcción y nosotros.

Este es sólo el inicio de lo que será una serie en la que Dios hará de nosotros, una piedra preciosa en sus manos de amor. En el segundo escrito veremos dos analogías: "Somos piedras escogidas y debemos ser pulidos".

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