Las ovejas y sus responsabilidades
De la manera como los padres entrenan a sus hijos para que estos maduren emocional y espiritualmente, de esa misma manera nosotros los pastores tenemos que entrenar nuestras ovejas, para ayudarlas a crecer y a madurar en la fe. Sin embargo, así como nosotros los pastores tenemos ciertas responsabilidades frente a las ovejas, de esa misma manera las ovejas tienen responsabilidades frente a Dios y frente a sus líderes y pastores.
A pesar de lo anterior, en ocasiones podemos notar que la oveja muchas veces no se ha percatado de sus responsabilidades; uno, quizá porque no se le ha enseñado; dos, a veces la misma oveja aun habiendo recibido la enseñanza ha decidido hacer caso omiso a esta; y tres, porque a veces llegamos a la familia de Dios de la misma manera que llegamos a la familia terrenal, nacemos en medio de una familia donde nuestros padres en los años iniciales, nos dan todo y crecemos pensando que esos padres deben continuar haciéndolo todo y nosotros teniendo pocas o ningunas responsabilidades; y entonces, llegamos a veces así a la iglesia esperando que otros sean responsables de mi salud espiritual y yo teniendo poca responsabilidad sobre mi mismo. Independientemente de una u otra razón, la realidad es que las ovejas tienen responsabilidades, las cuales hemos dividido en 4 grupos:
Las ovejas tienen responsabilidades:
I. Hacia sí mismas
II. Hacia las demás ovejas
III. Hacia la iglesia local
IV. Hacia sus líderes
Estas responsabilidades están distribuidas a lo largo del Nuevo Testamento, por lo que analizaremos cada responsabilidad de forma individual.
I. Las responsabilidades de las ovejas hacia sí mismas.
La primera responsabilidad de la oveja hacia sí misma, es la de crecer espiritualmente y emocionalmente estando involucradas en el cuerpo de Cristo.
Hebreos 10:23-25 “23 Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió; 24 y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.”
Así como es responsabilidad de los padres alimentar a los niños cuando aún no pueden valerse por sí mismos y es responsabilidad de los adolescentes y los adultos el comer para poder crecer porque ya ellos tienen una edad que les permite tomar responsabilidades. Con las ovejas ocurre igual. Cuando la persona está en una etapa temprana de su vida cristiana, los demás necesitamos hacer un esfuerzo extra para buscarlas y alimentarlas. Pero tan pronto inician su vida cristiana tenemos que comenzar a enseñarles que pronto ellas tendrán que ser las que busquen el alimento porque ya ellas tienen una edad que les permite tomar responsabilidades por sí mismas. Eso es parte de su proceso de maduración. Y no hay forma de que eso ocurra si no estoy involucrado en el cuerpo de Cristo.
En los últimos años ha habido una disminución significativa del aprecio por la iglesia local de parte de las ovejas, hasta el punto que muchas ovejas piensan que podrían vivir una vida cristiana digna de su llamado sin asistir a ninguna iglesia o asistiendo a una, pero con un grado mínimo de responsabilidad de manera que no tenga que involucrarse.
Sin embargo, el autor del libro de Hebreos les dice a aquellos que piensan que pueden tener una vida cristiana sin una iglesia que hay cosas que ellos no podrán tener sin estar plantados en una iglesia local. La recomendación de no dejar de congregarnos que aparece en el versículo 25 del texto citado es precedida por razones de por qué es importante congregarse. El versículo 23 comienza diciendo: “Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza...”. Una razón para permanecer involucrado en una iglesia local es nuestra necesidad de mantenernos firmes; sin congregarnos se hace imposible mantenernos firmes en la fe y en la práctica lo podemos ver. Cada vez que alguien comienza a dejar de congregarse de manera regular, esa persona comienza a experimentar un enfriamiento de su fe y comienza a incurrir en prácticas pecaminosas; lo cual es natural; que si mi fe se enfría, se levanten mis pasiones de la carne. El versículo continúa diciendo: “sin vacilar”. El vacilar es una consecuencia de mi alejamiento del cuerpo de Cristo. Ahora recordemos algo, yo puedo alejarme del cuerpo de Cristo ausentándome físicamente o ausentándome emocionalmente. Usualmente nos ausentamos primero, emocionalmente; comenzamos a perder nuestro interés por la iglesia y ese alejamiento emocional, nos lleva a criticar lo que se hace en la iglesia; la manera como se hacen las cosas y criticamos a quienes dirigen porque esa es nuestra manera de sentirnos bien con nosotros mismos en vez de admitir nuestros errores y nuestro pecado de juicio.
El V24 de este texto de Hebreos 10 habla de considerar “cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras”. Cuando me ausento del cuerpo ese estímulo mutuo no está ahí; el amor de los hermanos tampoco está ahí y las buenas obras comienzan a brillar por su ausencia. Notemos como el texto no dice a los pastores que se apuren por estimular a las ovejas, sino: “consideremos como estimularos unos a otros...” esa responsabilidad es de todos y no solo de los líderes. Uno de los beneficios de permanecer congregado es el poder estimularnos unos a otros porque si hay algo que sabemos es que en este mundo caído hay suficientes cosas para desanimarnos. Uno de los dardos de Satanás es el desánimo y por eso unas de las cosas que Satanás quisiera lograr en nosotros es precisamente el alejarnos del cuerpo de Cristo porque su lejanía casi seguro conseguirá mi desánimo y en mi desánimo yo soy presa fácil del enemigo.
Ahora hermanos notemos algo y es que el Nuevo Testamento le carga la responsabilidad de congregarse a las ovejas y no a los ancianos o pastores. Las cartas del Nuevo Testamento contienen enormes responsabilidades para los líderes de la iglesia; pero nosotros no encontramos un mandato que diga ancianos asegurad que sus ovejas se congreguen. Es responsabilidad de los ancianos cuidar de las ovejas que se congregan, pero no de las ausentes.
No podemos pastorear ovejas que están físicamente o emocionalmente alejadas o que no se dejan ayudar. Para pastorear se requieren dos cosas: una oveja presente y un pastor dispuesto, o una oveja que pida ayuda y un pastor que quiera darla.
Es muy típico de las ovejas el quejarse cuando se alejan, de que nadie salió a buscarlas, pero la responsabilidad de venir en primer lugar es de las ovejas y la responsabilidad número uno de los ancianos es ministrar a las que vengan. En la parábola del hijo pródigo, el Padre tipifica a Dios y el hijo pródigo tipifica a uno de nosotros. El hijo decidió irse de su casa y el Padre ni trató de convencerlo de lo contrario y ni salió a buscarlo. El hijo se alejó; malgastó su dinero en placeres y en prostitutas, y cuando volvió en sí, regresó a la casa de su padre. Mientras el hijo estaba fuera de sí, no pensando bíblicamente, no aceptando que el problema estaba en él, no habría razón para salir a buscarle porque él no tendría una conducta de arrepentimiento. La evidencia de su arrepentimiento se ve cuando él quiere volver, pero al volver, él no regresa a discutir con el padre, el vuelve dispuesto a pedir perdón y apropiarse de su pecado. La responsabilidad del hijo era volver; la responsabilidad del padre era recibirlo y ministrarle.
La segunda responsabilidad de las ovejas es la de vivir una vida digna de su llamado como nos llama a hacer. Efesios 4:1.
Los líderes nos preocupamos por la vida de santidad de los miembros; pero el llamado primero es para la oveja porque ninguno de nosotros puede garantizar que esa oveja permanecerá en santidad una vez ella sale de nuestra presencia. Lo que la oveja no debe hacer como muchas veces hemos visto es que entra en una vida de pecado y luego acusa a sus líderes de que ellos no hicieron lo suficiente para prevenir que eso ocurriera. Nadie va a crecer acusando a otros; la palabra no se lo permite, ni el Espíritu Santo tampoco. El grado de crecimiento de una persona es directamente proporcional a cuanto él o ella se haya apropiado de sus problemas.