En el escrito anterior vimos como Lucas 12:13-23 nos relata que desde la multitud que rodeaba a Jesús una persona se le acercó para pedirle que intercediera en la división de una herencia entre él y su hermano. ¿Teniendo cosas tan importantes qué preguntarle al Maestro, esta persona eligió pedirle interceder por la división de una herencia? ¿Conocía este hombre el verdadero valor de la vida? Veamos en esta segunda y última parte, qué le contestó Jesús y qué enseñanza nos deja.
La Mundanalidad Cristiana (Segunda Parte)
Lucas 12:13-23
¿En qué consiste la vida realmente?
Jesús aprovechó la ocasión para enseñar en qué consiste realmente la vida y en qué no consiste: “Y les dijo: Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes”, (V15).
La palabra para avaricia en el original es un término que se aplica a aquellos que siempre quieren más de lo que tienen; que quieren gastar más en placeres y lujos; que desean posesiones, fama y poder.
Para responder a la interrogante sobre en qué consiste la vida, Cristo les cuenta una parábola; y en la parábola, El les habla de un hombre rico, cuya tierra produjo tanto que tuvo que derribar sus graneros para construir otros más grandes. El hombre de la historia pensó, todo eso para mí, y agrega el texto que luego de construir sus graneros, el hombre diría. V.19, “"Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete."
Para este hombre rico, la vida consistía en comer, beber y divertirse. Pero el veredicto de Cristo fue este: le llamó necio. El necio en el contexto bíblico es alguien sin entendimiento, cerrado y descarriado. De manera que cuando la vida de alguien se circunscribe a comer, beber y divertirse, la Biblia considera a ese hombre como alguien
a quien le falta entendimiento, alguien cerrado de mente, y alguien que está viviendo de manera descarriada. Lamentablemente esa es la filosofía de la vida de esta generación.
La misma filosofía de Salomón cuando se apartó de los caminos del Señor. La cual vemos reflejada en Eclesiastés 8:15 “Por tanto yo alabé el placer, porque no hay nada bueno para el hombre bajo el sol sino comer, beber y divertirse, y esto le acompañará en sus afanes en los días de su vida que Dios le haya dado bajo el sol”.
Lamentablemente, la mundanalidad es la característica #1 de nuestros días. Sin embargo, la mundanalidad no es nueva, desde que el hombre es hombre ha habido personas que profesan un amor por las cosas de este mundo caído y que disfrutan siendo mundanos.
Charles Spurgeon 150 años atrás señaló: “La razón por la que la iglesia tiene tan poca influencia sobre el mundo es porque el mundo tiene demasiada influencia sobre la iglesia”. El problema es que cuando la iglesia resulta infectada del mismo virus del materialismo que el mundo, la iglesia no se puede percatar de que está enferma.
“No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.16 Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no provienen del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:15-16).
¿Qué nos está diciendo Juan?
En primer lugar, Juan nos dice: No améis el mundo, ni las cosas que están en el mundo. Esta expresión se refiere a dos cosas: 1) Que no amemos las formas y corrientes de pensamientos prevalecientes en cada una de las generaciones a través de las cuales el hombre ha vivido. Y que tampoco amemos las cosas de este mundo ¿Cuales cosas? Todas las que califican como cosas que cuando tú mueras no tendrán ningún valor eterno y que al morir se convierten en cosas eternamente inservibles.
En segundo lugar, Juan nos dice que si alguno ama al mundo el amor del Padre no está en él.
Esto que Juan dice es ofensivo porque de ser así, y lo es, porque es la palabra de Dios que lo afirma, entonces, esto implica, que hay una enorme cantidad de personas que no aman a Dios; pero sí que se aman a sí mismo. De hecho, si estamos viviendo en los últimos tiempos y posiblemente lo estamos, esta sería una de las características de esos tiempos. Mira como Pablo comienza a definir los hombres de los últimos días antes de la venida del Señor en 2 Timoteo 3:2-4 “Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios”.
En tercer lugar, Juan dice que todo lo que hay en el mundo no procede del padre, sino del mundo. Las cosas temporales del mundo que continuamente deseamos, y que una vez que las tenemos, las queremos cambiar. Esas cosas y esos deseos no provienen del Padre.
El Señor nos dice en Su Palabra; que no debemos amar las cosas de este mundo. En Hebreos 12:2 se nos exhorta a vivir una vida con nuestra mirada puesta en Jesús.