La
Iglesia de los unos y los otros
(Juan
13:34-35)
“34Un
mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo
os he amado, que también os améis unos a otros; 35 En
esto conocerán todos que sois mis discípulos, si
tuviereis amor los unos con los otros”.
Tomando
en consideración que Jesús llamó el texto
anterior un mandamiento nuevo, cuando en realidad Levítico
19:18 del A.T. nos manda a amar al prójimo como a nosotros
mismos, debemos entonces preguntarnos: ¿Qué quiso decir
Jesús al pronunciar estas palabras? Y pensando en esa
pregunta, notemos lo siguiente:
Primero:
La novedad del amor del que habló Jesús. Lo nuevo
realmente estaba en el hecho de que Jesús les estaba pidiendo
que se amaran de la manera como El los había amado. Y, ¿cómo
los amó El? Juan 13:1 nos da la respuesta: “…los amó
hasta el fin”, con lo cual nos dejaba ver que su amor no cambió
a lo largo del camino. Su amor fue incondicional. Sus tropiezos y sus
fallas no hicieron que el amor de Jesús por sus discípulos
variara. El no los amó mas un día y menos el otro día.
El no los amó mas cuando fueron obedientes y menos cuando
fueron desobedientes. El no dejó de amar a Tomás cuando
él dudó; El no dejó de amar a Pedro cuando lo
negó tres veces. El los amó intensamente desde el
principio, y ese mandamiento visto de esa manera era nuevo.
Segundo:
La habilidad de amar de esa manera depende de mi nuevo nacimiento.
Todo el que ama es nacido de Dios y el que no ha nacido de nuevo, no
puede amar de la manera que Cristo nos ordenó. De hecho 1 Juan
4:19 dice: “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos
amó primero”. Y, aún después de haber nacido
tiene que producirse en nosotros un trabajo del Espíritu de
Dios, porque el amor es el primero de las nueve características
del fruto del Espíritu. El amarnos de manera ágape o
incondicional es algo que la carne no sabe hacer, ni puede hacer. La
única manera como podemos hablar de manera incondicional es si
disfrutamos de la llenura de su Espíritu.
Tercero:
Lo extremo del sacrificio de amar. Juan 15: 13-14, “13Nadie tiene
mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. 14Vosotros
sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.” Jesús
primero les dice en esta parte de su conversación en el
aposento alto, que la mayor expresión de amor es el que una
persona pueda dar su vida por sus amigos, como en efecto El iba a
hacer unas horas más tarde. Luego les dice, que la manera de
probar que verdaderamente eran sus amigos sería obedeciendo lo
que El les estaba mandando. Y,¿qué era lo que El les
estaba ordenando para probar la calidad de su amistad?. La respuesta
aparece dos versículos mas abajo en el versículo 17,
Jesús les dice lo siguiente: “Esto os mando: que os améis
los unos a los otros”. Cuando Jesús les dijo: un mandamiento
nuevo os doy que os améis los unos a los otros; con esto Jesús
les estaba dando a entender que debían amarse hasta el punto
de ellos ser capaces de dar su vida por los demás.
Ahora
sí entendemos cual es el Mandamiento Nuevo: que se amaran unos
a otros de manera incondicional, capacitados por su Espíritu;
independientemente de las circunstancias y que fuera un amor tal que
los fallos de uno no hicieran variar el amor del otro, y que ese amor
fuera tan sacrificial, que ellos estuvieran dispuestos a dar su vida
por las ovejas del Señor.
Cuarto:
El amar no debe ser una carga y una dificultad, sino el resultado
natural de haber nacido de nuevo: 1Juan 5:1 dice: “Todo aquel que
cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel
que ama al Padre, ama al que ha nacido de El”.
Quinto:
La reciprocidad del amor. Romanos 15:7 “Por tanto, aceptaos los
unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para
gloria de Dios”. Para ser la iglesia que Dios quiere tú y yo
seamos tenemos que aceptarnos los unos a los otros, bajo las mismas
premisas que Cristo nos aceptó. Dios nos amó cuando aún
éramos sus enemigos. Nos recibió cuando aún
teníamos muchas áreas de disfuncionalidad; cuando aún
no teníamos frutos; cuando aún nos faltaba compromiso;
cuando aún había en nosotros, temores, celos, envidias,
orgullo, legalismo, actitudes de juicio; de falta de perdón
etc, y de esa manera tú y yo tenemos que recibir y aceptar al
hermano hasta que Dios haga un trabajo en su vida como el que aún
está haciendo en la tuya. Es fácil amar a los que nos
aman, pero ese no es el llamado. (Lucas 6:32-36, Mateo 5:44).
Sexto:
La ausencia de juicio en el amor ágape. “No juzguéis,
y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis
condenados; perdonad, y seréis perdonados. 38 Dad, y os será
dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán
en vuestro regazo. Porque con la medida con que midáis, se os
volverá a medir” Lucas 6:37-38
Lo
anterior, no implica que al no poder juzgar al hermano, entonces no
podemos corregirlo; reprenderlo; disciplinarlo. Eso sería
tratar las escrituras de forma parcial y torcerlas. La Palabra, nos
deja ver claramente que parte de la manera como voy a amar al hermano
es precisamente corrigiéndolo y debo hacerlo como Dios también
nos ha corregido. “En cuanto a vosotros, hermanos míos, yo
mismo estoy también convencido de que vosotros estáis
llenos de bondad, llenos de todo conocimiento y capaces también
de amonestaros los unos a los otros”. Romanos 5:14
Ese
mismo amor por el hermano en otras ocasiones nos va a llevar no solo
amonestarnos unos a otros, sino también a motivarnos unos a
otros. 1Tes. 5:11 “Por tanto, alentaos los unos a los otros, y
edificaos el uno al otro, tal como lo estáis haciendo”.
Séptimo:
La ausencia de malicia en este nuevo amor de que habló Jesús.
En
ese mismo espíritu, el próximo versículo, el V15
de 1 Tesalonicenses 5 dice: “Mirad que ninguno devuelva a otro mal
por mal, sino procurad siempre lo bueno los unos para con los otros,
y para con todos”. “Procurad siempre lo bueno los unos para con
los otros”. Comentando sobre este verso, el gran académico,
Leon Morris, que apenas murió hace dos años, en el año
2006, que la recomendación de hacer obras de amor de este
texto es en el contexto de estando de frente a la hostilidad contra
nosotros, que respondamos de esa manera. Que cuando seamos
provocados, nosotros sepamos responder con mansedumbre y con amor.
Morris agrega que el verbo está en el presente continuo, lo
cual implica que el procurar lo bueno debe ser una costumbre; algo
habitual; rutinario; parte de nuestro estilo de vida. La palabra
traducida como procurad es dioco en el original que significa
perseguir algo con determinación y entusiasmo. Habiendo
entendido todo esto, lo que Pablo nos está diciendo es lo
siguiente; “Mirad que ninguno pague mal por mal, sino perseguir con
determinación y entusiasmo el hacer lo bueno, todo el tiempo
en medio de la dificultad y en medio de la hostilidad contra vosotros
y que eso se constituya en vuestro estilo de vida. Esto nos da una
idea de que tan “contracultural” Dios nos ha llamado a vivir. En
toda la historia del hombre no hay nada semejante.
Octavo:
El llamado es el de servirnos unos a otros independientemente de…
En
el aposento alto, que fue donde Jesús pronunció las
palabras con las que iniciamos este mensaje, Jesús les lavó
los pies a los discípulos y después que hizo eso les
dijo: “…vosotros también os debéis lavaros los pies
los unos a los otros”. La actitud de servicio debe ser parte de lo
que caracteriza a un verdadero discípulo. Y ese mandato es
dado de manera repetitiva. (Ver Gálatas 5:13; 1era de Pedro
4:10; 1era Co 12:25)
Cristo
dijo que el Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y
como un siervo no es mayor que su Señor, tú y yo
tenemos la obligación de servirnos mutuamente. El servicio es
la manera como tú y yo mostramos que hemos dejado de amarnos
egoístamente y hemos comenzado a entender de qué se
trata. Hablando de la relación de Cristo con los suyos podemos
decir que esa relación fue tal que El todo el tiempo supo lo
que significa oler a ovejas porque vivió entre ellas. Pero si
bien es cierto que el Buen Pastor supo oler a ovejas, no es menos
cierto que el Pastor esperaba que a su tiempo, las ovejas lucieran
como el pastor. Y la actitud de servicio desinteresado, es la
vestimenta que mejor identifica a las ovejas del pastor.
El
servicio a los demás es una de las metas de la iglesia que
Dios quiere; pero tiene que ser servicio a la manera de Dios.