Concentración Pastoral (Reservada para hombres)

 A pesar del enorme crecimiento evangélico en nuestro país y en toda la región, todavía es incuestionable la gran carencia de ministros que, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, estén escudriñando, interpretando y exponiendo con precisión las Escrituras y que, al mismo tiempo, posean la sabiduría, la sensibilidad y la cercanía para ministrar a hombres y mujeres con múltiples necesidades que son producto de la naturaleza caída del ser humano. Nuestro Señor Jesucristo, el pastor por excelencia, afirmó que "... el buen pastor da su vida por sus ovejas" (Jn. 10:11) y esta actitud de entrega se vio reflejada en la forma como él interactuó con la gente, no sólo para proveerles lo que verdaderamente necesitaban sino también para establecer una relación de intimidad y confianza con ellos, hasta el punto de poder sentir en carne propia el dolor y la necesidad en la que la humanidad se encontraba. Hoy más que nunca se necesitan pastores que sigan el ejemplo de Jesucristo (Fil. 2), siendo siervos más que señores y que se constituyan como guías que encarnen personalmente las verdades que predican y enseñan (Lc. 22:25-27; Jn. 13:14).

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Concentración en Consejería Bíblica

Es evidente que vivimos en una sociedad muy herida y quebrantada compuesta por personas que muchas veces viven arrastrando heridas del pasado emocionales y espirituales que no han podido o no han sabido resolver; o por personas que están viviendo en soledad y amargura producto de relaciones deshechas o a punto de resquebrajarse. Todo esto es producto de la caída del ser humano y su separación de Dios que ha traído consigo que hombres y mujeres, enceguecidos por la desviación que el pecado produce, tiendan a herirse mutuamente. Y como consecuencia de esas heridas tiendan a reaccionar, interpretar y buscar soluciones a través de patrones que no corresponden al diseño de Dios.

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Concentración en Liderazgo Transformador

Una de las grandes carencias entre los cristianos de nuestra generación es la falta de obediencia para con la responsabilidad individual y grupal de ser "sal y luz" en el mundo (Mt. 5:13-16). La ausencia de cristianos sabios e íntegros que declaren el señorío de Jesucristo en medio de sus actividades, responsabilidades y aportes seculares es notable en América Latina. Es lamentable que una gran mayoría no pueda ver claramente sus actividades laborales y profesionales como un servicio al Señor debido, básicamente, a que una fuerte dicotomía entre lo que es considerado sagrado y secular está firmemente arraigada en la tradición evangélica de nuestra región. Es así que todo lo religioso es considerado sagrado y con valor eterno, mientras que las ocupaciones seculares son despreciadas y vistas simplemente como un mal necesario. Finalmente se tiende a considerar como "llamados por Dios" únicamente a los pastores, obreros eclesiásticos o misioneros que estén realizando labores dentro del organigrama de la iglesia. Toda otra labor (sin que importe su valor o contribución) queda relegada a un segundo plano y, por lo tanto, se le percibe como ajena o distante de los intereses reales de Dios.

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