En la entrega final continuaremos analizando el capítulo 8 del libro de Nehemías. El pueblo judio tuvo que ser humillado antes de reconocer el señorío de Dios. Pero el arrepentimiento de ese pueblo lo llevó a recibir un avivamiento en su relación con el Dios creador. 

 

Encuentro del pueblo con su Palabra (Sexta Parte

(Nehemías 8

Los judíos no aprendieron lo que era bagazo, y lo que era su Palabra, hasta que fueron humillados. 

Y te humilló, y te hizo pasar hambre para que aprendiera, para que entendieras, que el hombre no vive solamente de pan. 

A veces ayunamos, entramos en un ayuno espiritual, y nuestra mente se mantiene en las mismas cosas que no son espirituales. Pensamientos, tendencias, costumbres, hábitos, y el ayuno de estómago no sirvió para nada, porque el espíritu continuó consumiendo bagazo, en vez de consumir una Palabra que él define como perfecta, eterna, poderosa, impresionante, justa, verdadera, llena de maravillas.

Esdras comienza a leer la Palabra, y nota como el trabajo en equipo se sigue produciendo, 7También Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán, Pelaías, y los levitas, explicaban la ley al pueblo mientras el pueblo permanecía en su lugar.  8Y leyeron en el libro de la ley de Dios, traduciéndolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura.

El pueblo no entendía hebreo, razón por la que los levitas se repartieron entre las multitudes y  traducían al pueblo lo que Esdras leía. Cuando el pueblo oyó la palabra, el pueblo se arrepiente, y Dios trae un avivamiento. La renovación de su pacto. 

Siempre siguiendo este orden, para poder experimentar avivamiento, necesitamos arrepentirnos, para arrepentirnos necesitamos exponernos a la verdad de Dios. Aquellos que  han de explicar, de enseñar la Palabra la explicamos, la enseñamos, con precisión, con claridad, con autoridad, y los que escuchan la Palabra deben escucharla con sumisión y reverencia para que luego podamos hacer el tercer paso que es aplicarla

Exposición, audición,  aplicación, y cuando la  llegamos a aplicar, nuestras vidas son cambiadas. Eso es como tiene que darse el proceso, cuando Esdras comienza a leer el texto, el pueblo comienza a llorar. La intención incluso no era hacerlos llorar, en esta ocasión, de hecho los levitas le dicen: paren de llorar, no os entristezcáis, porque esto es un día santo, el primer día del año eclesiástico, era día del jubileo, que se gocen, esa era la intención. Les dicen: callen porque el día del santo, no os entristezcáis. El gozo del señor es tu fortaleza, no lloren, pero no podían dejar de llorar. Porque este pueblo que ha regresado, que está siendo expuesto a  la Palabra, sabe ahora al escuchar la Palabra que tiene pecados que confesar, de los cuales arrepentirse, y en la medida en que esa palabra comenzó a cortar su corazón, no podían contener sus lágrimas.  

¿Qué es lo que produce dolor cuando la palabra es expuesta en ocasiones?, Cuando la palabra trae luz a los rincones de nuestra vida y comenzamos a ver la ceguera que habíamos sostenido, eso duele. Cuando la palabra de Dios comienza a abrir nuestros ojos y descubrimos lo egocéntrico que  habíamos vivido, y el daño que he producido con mi forma de vivir  y mi pecado, eso produce dolor. 

Cuando la Palabra al ser escuchada, comienza a ablandar, el corazón vuelve y se abre y se ha hace sensible y blando hacia lo que es el  pecado y la santidad de Dios;  y ese corazón ahora sensible, llora. Cuando la palabra de Dios te hace ver el daño que trajiste a tu vida, o la vida de otros, cuando te deja ver como mancillaste Su nombre, Su causa, Su Cruz, Su santidad, eso le duele al pecador. 

Esdras estaba leyendo la Palabra, los levitas la estaban explicando, traduciéndoles en algunos casos, y lo que había sido leído para motivo de gozo de ellos, estaba produciendo mucho llanto. Tenemos que llorar nuestro pecado primero, y para que eso suceda nuestro “yo” tiene que morir.  Luego que el yo ha muerto y que ha sido enterrado,  matado por ti,  enterrado por ti,  y abandonado por ti; finalmente somos libres para disfrutar el gozo del señor que es nuestra fortaleza,  pero no hay otra manera.  

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