En la cuarta entrega vimos la introducción al capítulo 8 del libro de Nehemías. Un pueblo reunido para escuchar atentamente el Libro de la Ley. El mismo pueblo que se había a Babilonia sin hambre por la Palabra de Dios, fue el mismo que permaneció durante aproximadamente seis horas escuchando atentamente lo que Dios tenía que decir. Pero antes de tener sed por Su Palabra, este pueblo tuvo que pasar por varias situaciones que veremos en detalle. 

 

Encuentro del pueblo con su Palabra (Quinta Parte
(
Nehemías 8

Humillarnos. Vivimos tan saciados y distraídos con nuestras relaciones, negocios, entretenimientos, casas, carros, cirugías, salones de belleza, y como estamos tan distraídos,  no podemos poner atención cuando la Palabra de Dios está siendo leída o expuesta, porque nuestra mente está en todos los lugares menos centrada en la voluntad de Dios,  expresada en su Palabra. 


¿Es posible que ahí es donde estemos, que no tengamos hambre por su Palabra y que Dios tendrá que humillarnos antes de yo poder tener apetito por su Palabra? 

Llega un momento en que Dios trabaja con nosotros de tal forma que ya nada nos va a  satisfacer,  porque si no podemos disfrutar con contentamiento lo que Dios sirve en nuestro plato, entonces no podremos disfrutar con contentamiento lo que el mundo nos sirve.  Y eso es lo que Dios le ha dicho este pueblo, Moisés se lo dijo.  Para que ellos pudieran aquilatar, apreciar, valorar lo que era la Palabra de Dios, Dios iba a tener que humillarlos. 

Dejarnos pasar hambre. Dios puede dejarnos pasar hambre de dos maneras, físicamente o espiritualmente. Físicamente,  simplemente es el hambre que el estómago siente cuando tenemos necesidad de comer, pero no podemos comprarla, esa es hambre. Porque el hambre que se va a saciar  más adelante, no es hambre estamos hablando de lo que el estómago experimenta, pero no tiene cómo comprar para saciarse, esa es una manera  que  Dios debió dejarnos pasar hambre y humillarnos de tal forma que podamos finalmente aprender a consumir su dieta. 

Pero hay otra manera de pasar hambre espiritual, en la que Dios no produce como parte de mi disciplina, el querer, el deseo por leer Su palabra,  de tal forma que yo ni la quiero, ni la busco. Porque como parte de mi disciplina, Dios ha creado un alejamiento, un distanciamiento, un desierto espiritual en mí, que yo ahora tengo desnutrición espiritual. Yo dejo de crecer espiritualmente y mis relaciones se afectan, con mi esposa,  con mi esposo, con mis hijos. Todo esto,  muchas veces con mis empleadores, con mis empleados, con mis clientes, con mis pacientes, no importa quién sea, ¿por qué será?, porque en estado de malnutrición espiritual que ha causado mal funcionamiento, mal funcionamiento en mi vida emocional, social,  relacional,  que está causando graves problemas. 

Dejarnos pasar por cada una de esas experiencias y desiertos para que el hambre por su Palabra que no estoy consumiendo de manera continua y diaria, pueda ocurrir nueva vez.  No es lo mismo pasar por dificultades que ser quebrantado, hermanos. Nosotros equiparamos las dificultades con quebrantamientos y no es lo mismo en lo más mínimo. Podemos pasar por las peores dificultades y salir ileso entre comillas, quejándonos doliéndonos, llorando, pero con el ego y el orgullo sin quebrantar.  Cuando salgo esa manera todavía no tengo hambre por Su Palabra, pero cuando yo soy finalmente quebrantado, verdaderamente quebrantado, entonces al final de la experiencia hay un hambre en mí, que resulta, que busca, que desea consumir su dieta continuamente. 

Muchas veces decimos: “No tengo tiempo, ese es el problema”, pero el problema es que no tenemos tiempo para darle al Dios del universo, pero lo tengo para mis amigos, para mi papá, para mis hijos, para mis clientes, para mis pacientes, para todo el mundo menos para Dios. Y le decimos a Dios: “y tú tienes que entenderlo, bendecirme y si tengo problemas debes resolvérmelos”;  y Dios nos dice está bien, en primer lugar,  “nos encontramos en el desierto” y en segundo lugar, ¿sabes qué?,  todas esas personas para las cuales has hecho tiempo, no podrás estar satisfecha con ninguna de ellas,  en relación con ellas hasta que no me hagas el tiempo, te puedes olvidar de lo que es gozo, propósito, en cada una de tus relaciones. 

De eso vivimos llenos, y ese bagazo para muchos es una cosa y para otros es otra, desde diversiones, ocupaciones,  hasta trabajo, usted lo nombra. Aquello que nos llena, nos deleita y nos quita el apetito para consumir la dieta de Dios, que es Su palabra. 

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