En esta cuarta entrega estaremos entrando en el desgloce de los primeros versos del capítulo ocho de Nehemías. 

 

Encuentro del pueblo con su Palabra (Cuarta Parte)
(
Nehemías 8

1Se reunió todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, y pidieron al escriba Esdras que trajera el libro de la ley de Moisés que el SEÑOR había dado a Israel.  

Cuando se habla de Libro, probablemente se refiere al Pentateuco (a los rollos que tenía el Pentateuco, los primeros cinco libros de Moisés. El libro de la ley),  pero escucha como ha sido definido: “que el señor había dado a Israel”,  ellos reconocían la autoridad que este libro tenía, porque aunque vino por medio de Moisés, sabían que en último caso la autoridad del Pentateuco no radicaba en Moisés,  si no en el Señor que se lo había dado a Moisés. Y eso es importante, porque dependiendo de cómo entendamos que la Palabra es, de esa misma manera pudiéramos ver nuestra disposición o no a someternos a ella. Una de las cosas que el apóstol Pablo le dice los Tesalonicenses,  por la cual les aplaude, es que cuando el fue a ellos y ellos escucharon sus palabras, no la recibieron como si fueran palabras de hombres, si no como la palabra de Dios.   

En Nehemías 3:8 vemos “Y leyó en el libro frente a la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley. 

Este pueblo entendía que la Palabra de Dios tenía una autoridad detrás, que era Dios mismo y por tanto al ser leída es como si Dios le estuviera hablando, por lo que el pueblo permaneció  de pie.  

Dice el versículo cinco, y el seis: "Esdras bendijo al señor el gran Dios", frases como ésta nos habla de cómo esa gente reverenciaba a Dios y como pensaban de El.

El texto dice que el pueblo escuchaba atentamente, tenía los oídos atentos, seis horas. Esta gente tenía hambre por la Palabra en este momento. Esta es la gente que se había ido a Babilonia precisamente por no tener hambre por la Palabra de Dios. Que había sufrido las consecuencias por no haber reverenciado la Palabra de Dios. Y ahora, después de 70 años de disciplina, de cautiverio, de humillación, ahora tienen hambre por la Palabra de Dios.

Pero antes de tener hambre por Su Palabra, muchos hemos tenido que pasar por un proceso en el que Dios ha tenido que al igual como con este pueblo, hacer varias cosas en nuestras vidas. 

Eso será lo que veremos en detalle en la siguiente entrega.  

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