En la Biblia encontramos ejemplos de hombres que llevaron a cabo un mismo hecho con y sin el consentimiento de Dios y los resultados de ello. Nehemías y el censo que Dios pone en su corazón es uno de ellos. 1 Crónicas 21 narra el otro hecho similar pero sin la aprobación de parte de Dios. Los resultados: ¡Contundentes! 70,000 muertes en el caso de David -como consecuencia de su soberbia- y la organización de la genealogía con el objetivo de determinar quienes podían servir en el templo. Un deseo puesto en el corazón de un hijo de Dios para que Su santidad no fuese transgredida. 

 

Encuentro del pueblo con su Palabra (Tercera Parte)
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Nehemías 8

En el capítulo 11 de Nehemías encontramos una renovación del pacto de Dios para con su pueblo. Dicha renovación del pacto se debe al hecho de que Dios no hace pactos nuevos con nosotros. Dios hizo un pacto y él es fiel a ese pacto, sin embargo cuando ese pueblo se desenfrena y se desvía, Dios toma su pacto, lo pone en espera, detiene sus bendiciones sobre nosotros y entonces cuando hay un arrepentimiento de parte nuestra, él vuelve a reanudar sus bendiciones hacia nosotros. 

Y en este caso, Dios había suspendido sus bendiciones por 70 años, durante el tiempo de la cautividad en Babilonia. Muchos de ellos ni siquiera habían leído la Palabra de Dios porque estaba en  hebreo y ellos hablaban arameo, por lo que no habían sido expuestos, y ahora ellos vienen y son confrontados con la palabra de Dios. El pueblo se arrepiente y hay una renovación del pacto de Dios y las bendiciones vuelven a llover sobre ellos.

En esta ocasión,  había una renovación, un avivamiento de parte de Dios que estaba siendo traído al pueblo, pero estaba siendo traído a través del trabajo mancomunado, en equipo, de Esdras,  Nehemías, los levitas, y todos ellos juntos trabajando en equipo.   Pero ese trabajo en equipo, que Nehemías está realizando de la mano de aquellos en quien el ha confiando requiere de lo siguiente:

  1. Que sea hecho bajo la dirección de Dios. Cuando Dios no está dirigiendo el trabajo,  el trabajo no puede salir bien. El trabajo no va a ir en la dirección en que Dios quiere,  el trabajo no le va dar la gloria a Dios y al contrario, muchas veces,  lo que va a traer es muchas consecuencias sobre el pueblo. 
  2. Un entendimiento de lo que es el llamado. Nehemías es el gobernador, él no es el sacerdote. Esdras es el sacerdote y es el encargado de leer la ley al pueblo. 
  3. Un entendimiento de los dones y talentos de cada persona, de tal manera que cada uno de nosotros pueda funcionar en el área de mayor efectividad conforme a su llamado, dones, y talentos. 
  4. Humildad, de tal forma que no haya sentido de competencia.
  5. Una actitud de servicio. De manera tal, que ninguno tenga que sentir que es amo del otro, sino que todos somos siervos de todos. 
  6. El trabajo en equipo requiere que cada uno de nosotros  entienda que no importa quién se lleva el crédito, porque al final solamente debiera haber uno que se lleve el crédito y ese es Dios. Nunca debemos estar pensando si alguien hace más o menos,  porque alguien va  a ser más aplaudido o menos aplaudido, tú no encuentras eso en el espíritu de Nehemías, tampoco. 
  7. Una unción común, el pueblo ha entendido, Nehemías ha entendido, tenemos que asegurar a Jerusalén, construyamos la muralla, el templo había sido ya previamente reedificado, el lugar de adoración había sido previamente reedificado. Fue lo primero que se hizo, asegurada la ciudad, ahora nos toca organizar el pueblo. Hagamos el censo pero junto con eso, confrontemos ahora el pueblo con la lectura de la palabra de Dios. Y eso es lo que Nehemías se propone hacer. 

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