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Enamorados por diseño

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Al servir casi 17 años en el discipulado de jóvenes dentro de mi iglesia local, me he dado cuenta de que el tema de las relaciones, sobretodo las románticas, es uno de los tópicos que nunca “pasará de moda” en la etapa juvenil. El interés y entusiasmo mostrados por jóvenes y adolescentes sobre este tema es coherente con muchos de los cambios que van experimentando durante su crecimiento de ser niño a ser un adulto. En este sentido, es natural que la mayoría de los jóvenes comiencen a sentir atracción por otros del sexo opuesto y, no es de sorprendernos que, desde sus tempranos años de la adolescencia, el tema del amor acapare gran parte de sus pensamientos.

Esta nueva experiencia va completamente alineada con el diseño que Dios ha pensado para el hombre y la mujer. Sin embargo, lo natural de la experiencia no elimina la necesidad de procurar la sabiduría de Dios para dar gloria a Su nombre y evitar heridas que puedan lamentarse. En los próximos párrafos estaremos compartiendo cuatro principios, basados en la Palabra de Dios, que pueden ayudarles a vivir la experiencia del amor a su mayor plenitud.

1.Preparación: La llegada de los sentimientos románticos es una señal de que necesitas prepararte para algo mayor

De la noche a la mañana las chicas que antes te parecían “escobas parlantes” ahora te parecen modelos de anuncios de televisión. Si eres chica, esos muchachos que correteaban en el recreo de la escuela antes te eran molestos y ruidosos, pero ahora quieres saber qué piensan y poder capturar sus ojos mientras caminas frente a ellos. Los sentidos de la atracción física se están despertando y necesitas hacer algo.

¡La alarma ha sonado! Es hora de despertarte y ponerte a trabajar. Dios te creó con deseos y entre ellos está el formar una relación amorosa con alguien del sexo opuesto. Pero, así como cualquier otro deseo humano, este ha sido afectado por el pecado que mora en nosotros (Gálatas 5:17), por el sistema del mundo que nos rodea (1 Juan 2:16) y por un adversario que todo lo corrompe, llamado Satanás (Juan 8:44). Por tanto, aunque el amor romántico es un regalo dado por Dios, debemos prepararnos para no ser engañados por nuestra carne, el mundo y el diablo.

Dentro de los riesgos que estos tres factores nos presentan cuando llegan los sentimientos románticos está el dejarnos arrastrar por ese sentimiento sin contemplar: si es el tiempo apropiado para mí (Eclesiastés 3:1), si estoy listo para lo que esa relación requiere o si tengo la madurez espiritual para vivir esa relación según los parámetros de Dios. Las preguntas serían entonces: ¿cuándo sé que es el tiempo apropiado? ¿qué se requiere para estar listo? Y ¿cómo sé si tengo la madurez espiritual necesaria? Las respuestas a cada una de estas preguntas están enlazadas a nuestro siguiente principio, el propósito.

2.Propósito: Todo lo que Dios ha creado tiene un propósito, por tanto, la relación romántica tiene un propósito dado por Él

Está claro que el tema del noviazgo, citas amorosas, amigos especiales o cualquier otro título que le queramos dar a la relación romántica entre un chico y una chica antes del matrimonio, no se encuentra de forma específica en la Biblia. Sin embargo, como cualquier otro tópico de nuestras vidas, esto no quiere decir que no existan principios bíblicos claros para guiarnos en una relación como esta.

En este sentido, el principio fundamental que la Biblia nos muestra es que la definición divina del matrimonio es la meta de toda relación amorosa entre un hombre y una mujer. Es decir que, si existe una relación romántica, lo bíblico es que esa relación se convierta en un matrimonio en el menor tiempo posible. Por tanto, el propósito principal de toda relación de noviazgo es llegar al matrimonio. Si desligamos el noviazgo del matrimonio, este se vuelve en una relación sin propósito divino.

De esta forma, vamos definiendo la relación de noviazgo como una relación transitoria entre un hombre y una mujer con el objetivo de llegar a casarse. Con esta definición ya podemos ir respondiendo las preguntas de nuestro principio anterior:

  • ¿Cuándo sé que es el tiempo apropiado? Cuando estés listo para casarte.
  • ¿Qué se requiere para estar listo? Lo mismo que se requiere para casarse.
  • ¿Cómo sé si tengo la madurez espiritual necesaria? Cuando, además de ser un cristiano o cristiana serio, muestres las cualidades que Dios pide de un hombre y una mujer en el matrimonio.

Al leer estas cosas podrías estar pensando, “Pero, si para una relación de noviazgo se requieren las mismas cosas que para el matrimonio, entonces no tiene sentido iniciar una relación amorosa antes de casarme. Mejor sería pasar de ser amigos a ser esposos”. Estaríamos completamente de acuerdo con esa forma de pensar si, durante la amistad, has logrado conocer a esa otra persona de forma tan clara que estés convencido que ambos cumplen con los requisitos bíblicos para casarse. Por eso muchos han tomado esa posición, la cual respetamos y aplaudimos, si logran conocerse adecuadamente. Sin embargo, con frecuencia, en la amistad no se tratan temas tan profundos, personales o relacionados al matrimonio. Lo común es que durante la amistad las conversaciones no tiendan a girar en torno al matrimonio hasta que no exista un compromiso mayor y explícito de que la relación va en esa dirección. Por eso, también entendemos que puede ser sabio que exista una relación más cercana, como el noviazgo, cuyo propósito principal sea conocerse para ver si llegan a casarse.

Entonces, si pudiéramos hacer una lista breve de los requisitos que deberían cumplirse para estar listo para una relación amorosa que apunta al matrimonio, pudiéramos decir que: el hombre debe haber desarrollado y mostrado un carácter de líder espiritual, emocional y familiar para guiar, proteger y proveer para su novia y futura esposa; además de mostrar con su trato que es comprensivo, digno de respeto y entregado como Cristo con su Iglesia (Efesios 5:23, 25; 1 Pedro 3:3-4). Y la mujer debe haber desarrollado y mostrado un carácter respetuoso y sumiso para con su novio y en sus relaciones con los demás. Que sea caracterizada por una conducta casta, modesta, virtuosa para su hogar y con un “espíritu tierno y sereno, lo cual es hermoso delante de Dios.” (Efesios 5:24, 33; 1 Pedro 3:1-2 y Proverbios 31)

Esto nos lleva a afirmar que, si eres un joven que aun no ha desarrollado un carácter como el descrito anteriormente, es el momento de despertarte y enfocarte en crecer y madurar en todas las áreas de tu vida; tanto espiritual y profesional, como emocionalmente. Como diría Paul Washer en su forma clara y directa de hablar: “Hasta entonces, no tienes ningún derecho”.

3.Pureza: Toda relación romántica antes del matrimonio debe ser caracterizada por la pureza sexual

Nueva vez, debemos volver al matrimonio bíblico como el ancla de referencia para toda relación romántica. Sólo en el matrimonio Dios le permite al hombre y a la mujer ser “una sola carne” con su pareja (Génesis 2:24; Mateo 19:5,6; Efesios 5:31). No hay ninguna otra relación humana legítima en la que Dios haya descrito a los integrantes como una sola carne. Por tanto, si vas a tener una relación romántica con el objetivo de conocer a la otra persona antes de casarte, este conocimiento no incluye la parte sexual de esa persona. Esa parte está reservada única y exclusivamente para el matrimonio. Todo lo demás sería fornicación, de la cual estamos llamados a huir (1 Corintios 6:18).

Debemos aclarar que, así como el deseo de amor romántico fue puesto por Dios y nuestra condición después de la caída tergiversa y corrompe ese deseo, así también el deseo sexual fue creado por Él para nuestro placer, pero ha quedado manchado por nuestra naturaleza de pecado. Por esto, sabemos que Dios no está en contra del deseo sexual; Él está en contra de la lujuria y la fornicación, ya que ellas no proveen el placer máximo ideado por Él para el matrimonio. Como afirma Joshua Harris, en su libro Ni aún se nombre: Si esperas alcanzar la victoria sobre la lujuria debes creer de todo corazón que Dios está en contra de ella, no porque se oponga al placer, sino porque está muy empeñado en él.

Pablo, en la primera carta a los Tesalonicenses capítulo 4 verso 3, resalta la seriedad que Dios le da al tema de nuestra pureza sexual: “Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; es decir, que os abstengáis de inmoralidad sexual”. Y continúa explicando en los versos 7 y 8,Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación. Por consiguiente, el que rechaza esto no rechaza a hombre, sino al Dios que os da su Espíritu Santo”. El rechazo a los principios de pureza dados por Dios se convierte en el rechazo de Su propia persona.

Por tanto, estamos llamados a esperar al matrimonio para disfrutar del placer sexual con la persona que Dios ha elegido para nosotros. El que ama espera, pero el que se ama a sí mismo, no espera. Una pregunta que podría ayudarnos sobre este punto es: “¿Quién ama más? ¿La pareja que accede a hacer cosas sexualmente impuras o aquella que, por amor mutuo y a Dios, decide esperar el tiempo que sea necesario para su matrimonio?”

4.Permanencia: El noviazgo no es el matrimonio, por tanto, los compromisos de permanencia en la relación del noviazgo nunca serán similares a los del matrimonio.

Tomando en cuenta los principios anteriores, resumiríamos nuestra definición de noviazgo como una relación transitoria entre un hombre y una mujer que desean conocerse mejor, guardando los límites de pureza, para ver “si” llegan a casarse. Esta última frase nos habla de que existe tanto la posibilidad de que lleguen al matrimonio, como de no llegar al mismo. Tomar en cuenta ambas posibilidades es de gran importancia para la salud de una relación romántica antes del matrimonio. Ya que, aunque el propósito del noviazgo cristiano siempre debe apuntar hacia la unión matrimonial, los jóvenes deben recordar que el matrimonio contiene un compromiso muy diferente al del noviazgo.

La definición dada por Génesis 2:24 nos deja claras algunas diferencias, “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. En el noviazgo los jóvenes no están llamados a dejar a sus padres para formar otra familia y unirse en una sola carne con su pareja; en el matrimonio sí. También, la duración del matrimonio es hasta que la muerte los separe (Romanos 7:1-3) y ningún hombre los debería separar (Mateo 19:6), en el caso de un noviazgo no es así. Por tanto, la permanencia en una relación amorosa antes del matrimonio no conlleva un compromiso del mismo grado que el que Dios exige para el matrimonio.

En este mismo punto, otra gran diferencia entre un matrimonio y un noviazgo es la lista de razones por las que cada una de estas relaciones pueden terminar bíblicamente. En el caso del matrimonio, las razones más claras que la Biblia especifica para terminar son, en primer lugar, la muerte de uno de los cónyuges (Romanos 7:1-3) y, en segundo lugar, la fornicación o adulterio (Mateo 19:9)[1]. Esto no es así en el caso del noviazgo, ya que además de la muerte y el adulterio, entendemos que un noviazgo debería considerar terminar si: conocen que están en un yugo desigual (2 Corintios 6:14-15), por inmoralidad sexual (1 Tesalonicenses 4:3-8), que los roles de masculinidad y feminidad bíblica no son practicados (Efesios 5:23-25, 33; 1 Pedro 3:1-4 y Proverbios 31), que existe un caminar de pecado con raíces serias en el carácter (1 Juan 3:9), problemas con la familia (Efesios 6:1-3) o, en resumen, conocer que juntos no glorifican al Señor (Filipenses 1:9-11).

Conclusión

Nuestro asombroso Dios nos ha dado el privilegio de vivir y sentir emociones que, en cierta forma, lo reflejan. El amor romántico es una bendición de nuestro Creador que debemos disfrutar y gozarnos en él, siempre recordando que Él es quien lo define y quien traza las pautas para que podamos tener el placer que Él diseñó para nosotros. Prepárate para esa hermosa etapa, vívela de acuerdo a Su propósito, mantente puro y permanece en ella si Su nombre es exaltado hasta llegar al matrimonio, donde representarás con tu cónyuge la relación más gloriosa del Universo, la unión de Cristo con su Iglesia.



[1] Entendemos que el adulterio es una razón bíblica para el término del matrimonio, pero siempre contemplándose antes la posibilidad de perdonar y restaurar la relación. La Biblia también presenta otras razones para la separación de la unión matrimonial como el abandono de uno de los cónyuges (1 Cor. 7) o, por razones preservación de la vida y integridad física, emocional y psicológica, como resultado de la violencia o abuso de parte de uno de los cónyuges. Sin embargo, en estas razones adicionales las Escrituras dejan la puerta abierta para una reconciliación del matrimonio una vez superada la situación.

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Joel Peña
Ingeniero Industrial de profesión. Realizó estudios de Postgrado en Productividad y Calidad en Santo Domingo donde ejerció su profesión por 13 años. Se desempeña como pastor de los ministerios para jóvenes, que incluye edades desde la pre-adolescencia hasta la etapa universitaria. Realizó una Maestría en Divinidad (MDiv) en Seminario Teológico Bautista del Sur en Louisville, Kentucky. Está casado con Angélica Rivera y tiene dos hijos, Samuel y Abigail.