El perdón, la cura de la amargura (Tercera Parte)
Efesios 4: 31-32
“31Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. 32Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.”
Un corazón que se duela con el dolor del otro, una actitud perdonadora como Cristo y la empatía hacia los demás; fueron las recomendaciones para hacer del perdón, la cura de la amargura. Hoy veremos un ejemplo bíblico de alguien que decidió dejar entrar la amargura en su vida y las consecuencias que arrastró tal decisión.
El mejor ejemplo bíblico de lo que es la amargura es la vida de Saúl. ¿Saben cuando comenzó la amargura de Saúl? Cuando David mató a Goliá. 1 Samuel 18 habla de que cuando David mató a Goliá que las mujeres danzaban y cantaban: Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles ( V6-7). 1 Samuel 18: 8 dice: Saúl; se enojó engran manera, y le desagradó este dicho porque le habían dado más crédito a David que a Saúl. Y el versículo 9 dice: y desde aquel día no miró con buenos ojos a David. Cuando mi corazón cambia, así también cambian mis ojos.
¿Cómo salimos de la amargura? Para salir de nuestra amargura, debemos comenzar por perdonarnos a nosotros mismos. Cuando no nos perdonamos, persistimos en patrones de conducta auto-destructiva subconscientemente pensando que nos merecemos ese dolor que estamos sufriendo. Mientras más perfeccionistas somos, más dificultad tenemos en perdonar nuestros errores. Recordemos que Dios permite que cometamos esos errores para que entendamos que nadie es perfecto y que El nos quiere viviendo por gracia y no por nuestras “obras de perfección”. Al no perdonarnos a nosotros mismos, tampoco podemos sentir el perdón de Dios. Si eso continúa, terminamos sintiéndonos indignos porque cuando no podemos vernos a través de la gracia de Dios, no importa lo que hagamos nunca sentiremos la aprobación de Dios y mientras no sintamos Su aprobación, nos sentiremos indignos. Muchas veces eso nos empuja a esforzarnos más y más cada vez, y a desarrollar un comportamiento compulsivo.
El asunto del perdón es algo muy serio para Dios. En Mateo 6:14-15, Cristo nos deja ver que si no perdonamos a los hombres sus ofensas contra nosotros, El tampoco nos perdonará. Cuando Dios dice que si no perdonamos, El tampoco nos perdonará. El no perdonar le quita valor a la cruz de Cristo. Muchos dirán: “Yo trato, pero es que no lo siento…” ¿Desde cuándo es el perdón un sentimiento? El perdón es una decisión de nuestra voluntad; es una decisión consciente que hacemos de dejar libre a esa otra persona por lo que nos ha hecho. El perdón es una orden que la mente convertida le da al corazón para que ejercite la voluntad para complacer a Dios. Cuando nos resistimos a perdonar es el orgullo en nosotros que no nos deja, porque entiendo que el otro debe pagar por lo que me hizo. Pero recuerde ya Jesús pagó por eso y las cosas no se pagan dos veces.
Finalmente, debemos recordar que no perdonamos para que el otro cambie; sino que perdonamos para nosotros poder cambiar. Cuando perdone no espere grandes cambios en la otra persona necesariamente; pero espere cambios en usted. Cuando termine de perdonar déle gracias a Dios por lo que usted aprendió y maduró durante el proceso. Sea agradecido de Dios y diga: Señor yo tenía muchas cosas escondidas en mi corazón que yo no sabía de mi mismo; pero hoy lo se porque tú las has revelado. Gracias, porque me enseñas a diario y gracias porque en mi amargura no meabandonaste.
Otras sugerencias para perdonar.-
- Escriba una lista de las formas como usted cree que esa persona le haya ofendido.
- Haga una lista de todas las cosas que Dios le ha perdonado a usted.
- Compare esas dos listas recordando que toda ofensa hecha contra usted si fue real, fue también una ofensa hecha contra el carácter Santo de Dios. Se dará cuenta que Dios le ha perdonado cosas aún mas grande a usted y que usted es capaz de hacer lo mismo que otros hacen.
- Vea a la persona que le ha ofendido como un instrumento en las manos de Dios.
- Pídale a Dios que le enseñe su corazón por completo para usted ver todo cuanto hay en el.
- Pídale perdón a Dios por la amargura hacia esa persona.
- Asuma la responsabilidad completa por su actitud. Usted y solo usted es responsable de cómo responder ante las situaciones de la vida.
Dios ha manifestado su amor para con nosotros al enviar a su Hijo a morir por nosotros y nuestros pecados aún cuando éramos sus enemigos y habíamos transgredido Su ley (Romanos 5:8). El Señor, Dios mismo hecho hombre (en la persona de Jesucristo), vino a la tierra por amor. Para perdonarnos y regalarnos una vida eterna que no merecíamos. ¡Cuán grande sacrificio! Y todo por amor. Recuerde que perdonar NO ES UN SENTIMIENTO, ES UNA DECISIÓN de nuestra voluntad.